Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha estado en constante movimiento en busca de alimento, tierras fértiles para cultivar, asentamientos adecuados donde habitar, o nuevos lugares en los que construir una vida lo más digna posible. En estas idas y venidas, los motivos de migración han ido variando con el inicio de los conflictos, guerras y persecuciones de los últimos siglos. De este modo, el desplazamiento obligado se ha visto acusado de manera extrema, así como por los efectos adversos del cambio climático, los desastres naturales u otros factores ambientales.

Una perspectiva global facilitada por la ONU revela que, a mediados de 2019, el número total de migrantes internacionales era de 271,6 millones, lo que supone 51 millones más que en 2010. De ese total, el 47,9% son mujeres y dentro de la población mundial, los migrantes internacionales comprenden un 3,5%, una cifra que desde la organización aseguran que va en tendencia ascendente si se compara con el 2,8% y el 2,3% de 1980.

Mientras tanto, en el universo trumpiano, el presidente de los Estados Unidos sigue empecinado en desviar fondos del presupuesto del Pentágono valorados en 3.800 millones de dólares para la construcción del muro de la frontera sur con México. De este manera, podría hacer frente a la construcción de 265 kilómetros, ya que el Departamento de Seguridad Nacional “ha identificado áreas a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos, que están siendo utilizadas por individuos, grupos y organizaciones criminales, como traficantes de drogas”, según informa Europa Press sobre declaraciones vertidas por el Pentágono.

En la extensa frontera entre México y Estados Unidos, donde se aloja el desierto de Sonora, yacen miles de personas anónimas de las que nunca se sabrá con certeza el número exacto. Democracy Now! informa que se han hallado restos de más de 3.000 personas, pero los expertos estiman que más de 10.000 han muerto al intentar cruzar la ruta conocida como ‘El camino del diablo’. Además, el aumento de la militarización en ciudades fronterizas obliga, según explica el mismo medio, “a los migrantes a internarse en el desierto y a incursionar en esta áreas remotas y difíciles desde hace décadas, como resultado de la política de prevención mediante disuasión”.

Sin dejar atrás los muros fronterizos, tenemos la decisión de la Gran Sala del Tribunal de Derechos Humanos (TEDH) que avala las devoluciones en caliente a migrantes en la frontera de Melilla con Marruecos, considerándolas legales y que no vulneran los derechos humanos. Sobre este tema se ha pronunciado la responsable de la Secretaría Internacional  de Podemos, Idoia Villanueva, que ha tachado de “inadmisible el pronunciamiento del TEDH sobre las devoluciones en caliente, una conducta a todos ojos inhumana e ilegal”. Hay que recordar que este tipo de práctica se regularizó en la legislación española en 2015 con Mariano Rajoy en el Gobierno.

En otro orden de cosas, el avance del discurso de odio propugnado por la derecha y la ultraderecha política ha generado un clima de rechazo hacia la población migrante internacional. Tampoco ayudan las fake news y la terminología alarmista que usan ciertos medios para informar sobre la situación de las personas refugiadas y migrantes, que salen de sus países huyendo del miedo y la miseria. Por otro lado, la crisis económica provocó paro, destrucción del Estado de bienestar, precarización del empleo, salarios bajos y, por ende, menos puestos de trabajo. Una situación que los reaccionarios han utilizado como arma arrojadiza para incentivar el odio hacia el migrante y motivar el miedo a perder “lo poco que le queda” a la clase trabajadora.

Tampoco habría que olvidar la criminalización gratuita del migrante con los casos de violencia machista y los datos errados aportados por VOX, o la persecución a los “Menas” que acabó con un barrio sevillano negando públicamente a los dirigentes ultraderechistas que estos menores no acompañados no hacían mal al vecindario y que los dejaran en paz. Una vez más, la sabiduría popular dejó con la boca tapada a quien no la escucha desde su posición privilegiada.

Y es que, en definitiva, los muros provocan muertes y generan diferencias. Todos los muros. Los muros de Trump, los del Meditarráneo, los muros de Salvini o los del TEDH. Muros y muertes. Unos muros fronterizos que se construyen por el miedo de los países que ostentan el 90% de la riqueza mundial a que los parias de la tierra se queden con un poquito del pastel.

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