Supongo que la mayoría de los socialistas entendemos las elecciones primarias como la forma más democrática de elegir a nuestro/a Secretario/a General y/o candidatos/as en diferentes ámbitos.

Unos las prefieren abiertas, otros cerradas, otros abiertas previo compromiso con nuestro ideario; también existen los/las – y prefiero creer son minoría – que las eliminarían de cuajo ya que las entienden como una pérdida de poder en el manejo, manipulación y trapicheo constante al que llevan sometiendo al partido socialista desde hace décadas a través de “primarias de mesa camilla” .

De lo que no cabe ninguna duda es que las elecciones primarias en Europa son una característica de los partidos de izquierda; la mayoría de los partidos políticos europeos progresistas y con una carga democrática mínima en su funcionamiento, eligen a su candidato por primarias, tanto en Italia como en Francia, Portugal, Alemania o Reino Unido.

Lo que tampoco deja espacio para la duda, siendo un dato objetivo, es que el sistema de elección de primarias en la última década ha ido evolucionado e instaurándose en cada vez más formaciones políticas. Es lógico, la política evoluciona y los partidos políticos tienen que evolucionar con ella o están condenados a morir.

Como defensora a ultranza que soy de cualquier proceso democrático, sostengo y amparo que unas primarias, son la mejor forma de dar a conocer proyecto, equipo y candidato/a, además de publicitar unas siglas no sólo en el ámbito del partido político, sino también entre los ciudadanos.

Si son abiertas, ofrecen mayor transparencia e igualdad de oportunidades, estimulan a la militancia y al simpatizante dándole voz a las bases frente a los líderes o barones y, fomenta por supuesto la democracia participativa, cosa que como demócrata convencida, siempre defenderé.

Supuestamente, y tengo que utilizar este término ya que en el PSOE hemos visto que no es así, refuerza al candidato ganador dotándolo de una mayor legitimidad de cara a sus oponentes políticos; para que esto suceda es indiscutible que una vez estén las primarias incluidas en los Estatutos del PSOE y, la elección de los/las Secretarios/as Generales y candidatos/as se produzca con elección directa de un militante, un voto, es imprescindible blindar la posibilidad de que no sean otros que los militantes los que puedan cesar al ganador o ganadora llegado el caso.

Algunas voces de las que hoy discrepan con las primarias como mejor sistema de elección de dirigentes y representantes del PSOE, se fundamentan en que producen división interna o alegan con total irresponsabilidad que las bases no tienen el criterio suficiente para poder elegir al líder adecuado para ponerle cara y voz al proyecto socialista. Lo primero es fruto de la poca capacidad que han demostrado para asumir derrotas una vez pierden procesos; y respecto a lo segundo, creo que queda de manifiesto después del movimiento espectacular de rechazo a la defenestración del compañero Pedro Sánchez, que los militantes tienen criterio y no están dispuestos a ser amordazados por más tiempo.

A veces me planteo si es legítimo presentar un candidato a unas elecciones generales, municipales o autonómicas cuya elección venga viciada de origen y su presentación ante la sociedad carezca de la denominación de origen democrática y su elección venga sustentada en motivos espurios o derrocamientos confabulados.

Alguien debería plantear a quien corresponda y donde corresponda, la modificación de la legislación en materia electoral, de manera que los candidatos de todos los partidos que se presenten a unas elecciones generales, municipales o autonómicas representando un proyecto o unas siglas, gocen de la legitimación democrática de quienes les presentan como candidatos y hayan sido elegidos a través de un proceso de elecciones primarias.

Mucho me temo que no será así. A la vista está que a quien corresponde y quienes ocupan la gran mayoría de los escaños de donde corresponde, no están por la labor de que así sea.

 

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