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Men in Black

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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Como cada mañana desde que cumplió los 16, Atilano, el tío Chavos, emprende camino a la cantina. Allí, departe con otros compañeros, ellos lo llaman arreglar España, mientras se mete entre pecho y espalda tres vasos de orujo a palo seco. Luego, cada uno a sus quehaceres. El tío Chavos es pastor de las ovejas de tres amos. Pasa mucho tiempo a solas en el campo, aunque siempre le hace compañía la radio con esos pasodobles españoles que le hacen casi bailar entre los perros que le miran obnubilados y atónitos porque no entienden las órdenes que creen que les está dando.

Atilano es un hombre de apenas un metro sesenta centímetros, rechoncho, moreno, con una incipiente tonsura en la coronilla y algunas canas y mucha caspa que le da aspecto descuidado. Lleva boina calada casi hasta los ojos, traje de pana en invierno y en verano y una manta que le protege del cierzo cuando sopla hasta calar los huesos y del calor sofocante de los últimos días de Julio. Para los días de lluvia, la boina, que ya es impermeable del sobo que acumula, le da una pátina brillante que hace resbalar el agua. Para el cuerpo, un poncho de lona, le hace inmune.

El tío Chavos es creyente, aunque la última vez que pisó una iglesia fue el día que se casó hace ya casi treinta años. No obstante, y aunque los “mecagoendios” salen de su boca con más facilidad que los nombres de sus perros, es un acérrimo defensor de los curas, aunque como don Anselmo, el de su pueblo, sean unos desgraciados demasiado “cariñosos” con los manoguillos o les hayan vendido a escondidas la mayor parte de las estatuillas de madera policromada del altar mayor. Siempre dicen que están en restauración pero de eso ya hace más de tes años. Chavos nunca muerde la mano que le da de comer y aunque ya lleva casi un lustro en el que le pagan mucho menos de lo comprometido y este año, ya ni siquiera le han llevado la galera de leña acordada como parte del pago ni le han dado las pacas necesarias para calentar la gloria, cree fervientemente que las cosas son así porque para eso él es pastor y ellos amos.

Atilano, juega a la quiniela todas las semanas y sueña con el día en que le toque una de catorce que le permita comprar su propio rebaño y un Land-Rover como el de don Luis, uno de sus amos, con el que poder ir a presumir a la capital sin tener que coger el coche de línea. Ni siquiera se da cuenta de que él en la capital, con un Land-Rover agrícola, sigue siendo un pastor. Un paleto en traje de pana sobado del que todos seguirían haciendo escarnio.

Mientras sueña con la quiniela que le llevará al mundo de sus amos, Atilano, descuida su casa que necesita urgentemente un retejado para evitar unas goteras, que de no repararlas, acabarán hundiendo la solera. Y aunque lleva varios años en los que no le pagan lo que pactaron en contrato verbal, no se le pasa por la cabeza reclamar nada de lo que le deben. Le vale con las eternas promesas de cobro, mientras le invitan a otro orujo. Discute con su señora, casi todos los días, porque apenas puede echar un trozo de oveja al cocido. Pero mientras haya presupuesto para los cancarros de orujo o para la copa y el Farias de los domingos, le da largas como sus amos. La tarde del domingo es su única libranza y eso que pactaron que sería todo el domingo y la tarde del sábado. Pero, tampoco se le ha ocurrido reclamar su descanso ganado a pulso.

Porque Atilano, el tío Chavos, como le conoce todo el mundo en el pueblo, es feliz en el campo, a su aire, entre ovejas que pastan donde pueden, sin darle más problemas que evitar que se metan en las tierras con el trigo o la cebada recién nacida y sus perros que alimenta a base de trozos de pan duro y tocino. No necesita más. Bueno si, el bar, dónde puede tomar los orujos sin la mirada hiriente de su señora. Esas son todas sus necesidades. Quizá porque espera pacientemente a que llegue esa quiniela que le convierta en amo y que le permita contratar un pastor para engañarle en el sueldo y en las horas de trabajo, para poder ir a la capital con su coche agrícola a presumir, a comer en casa Gervasia como hace Don José, otro de sus amos o para poder pasarse todas las tardes en el bar jugando al subastao perrero como don Anselmo, el cura, Fructuoso el cabo de la guardia civil y Emeterio el último de sus amos. De la miseria que padecen, ni se acuerda. Y cuando su mujer se lo reprocha él le recuerda que todos los años, gracias a la caridad de sus amos, matan un cerdo con el que hacen chorizos, tienen tocino para alimentar a los perros y morcillas para echar al cocido. Claro que nunca parece recordar que todos los años, en los dos días de matanza, acaban con la mitad del lomo del cerdo y que cuando la mujer y sus cuñados le recuerdan que el cerdo debe durar todo el año, él siempre dice lo mimo: “somos mortales. Igual mañana ya no puedo comerlo”.

*****

Men in Black

Debido al pozo fétido en la que se ha convertido la televisión generalista y al avance de las conexiones a la red, muchos, hemos dejado de ser ovejas a las que se les echa el pienso televisivo a la hora que el amo quiere y ya no aguantamos ni un minuto de esa publicidad que se tragan estoicamente sin moverse apenas del sofá acarreando horas de sueño y de descanso porque la película de turno o la serie de moda acaba a la una de la mañana y al día siguiente toca madrugar (pero madrugar de verdad de los de las seis de la mañana), los que siguen pegados a la televisión tradicional.

Como todo lo que se pone de moda, esto ha traído consigo una serie de “expertos” que te explican, como si fueras gilipollas que es lo que significa para el capitalismo una serie de Netflix hecha en Corea o la indecencia de las condiciones de vida de una sociedad enferma de hijoputismo como es la americana, en otra serie como “la Asistenta”.

Hace tiempo que perdimos el norte. Que perdimos el foco de lo que pasa a nuestro alrededor. Quizá porque psicológicamente es una vía de escape para no auto culparse de ser tan capullo y sea más fácil de sobrellevar cuando se pone el punto de conflicto en la ficción, y se actúa como si en la vida real todo fuera un “happy word”. De ahí deben venir explicaciones tan peregrinas como que, para que seamos conscientes de los males del capitalismo, haya que ver una serie en la que los juegos tradicionales de los niños, se convierten en una ruleta rusa eliminatoria. Al que pierde se le pega un tiro y con su cuerpo, que deberían quemar, sin embargo, se alimenta el mercado del tráfico ilegal de órganos. Cómo si no existiera en la realidad suficiente material para criticar ese capitalismo convertido en hijoputismo. Cómo si no hubiera miles de mujeres y niños desaparecidos a lo largo y ancho del mundo pobre a los que se secuestra para traficar con ellos o con sus órganos. Cómo si no hubiera habido un alto porcentaje de los miles de muertos en España, no por COVID, sino por falta de asistencia y diagnóstico a tiempo por haber cercenado severamente la sanidad pública. Como si las enfermedades sobrevenidas por la falta de alimentación adecuada como consecuencia de un mercado laboral que no cubre con sus salarios las necesidades básicas, no fueran reales aquí, en Vallecas, en La Mina, Las 3000 viviendas, en el Nou Barris, La Latina, San Francisco, Sanlúcar en Cádiz, o en cualquier otro de los barrios obreros de nuestra geografía. Cómo si hiciera falta sustraerse a lo imaginario para ver el sufrimiento cuando hay doce millones de pobres de solemnidad en España y los bancos de alimentos no dan abasto.

A eso añadimos la falta de realidad que tenemos de nuestro entorno. No es que no lo veamos. Es que no queremos saber. Los que trabajamos en grandes edificios con cientos de personas no necesitamos ver la serie de “La Criada” para saber la cantidad de asquerosos (principalmente hombres) y guarros que pululan por nuestros trabajos. Gentuza que no tiene ninguna empatía por la señora de la limpieza a la que dejan la taza del retrete como una puñetera pocilga. Si a ellos les da asco su propia mierda, ¿por qué va a ser distinto con la persona que limpia? Los que tenemos amigos y personas allegadas que se dedican o se han dedicado toda su vida a estos trabajos ingratos, mal pagados y peor considerados, como la limpieza (asistentas, chachas, personal de servicio, etc.) sabemos perfectamente cómo les tratan la mayor parte de sus empleadores que se creen superiores y que califican a sus subalternos sin tener el más mínimo conocimiento sobre su cultura y educación que suponen que no tienen y que ni siquiera les interesa porque nunca hablan con ellas salvo para dar órdenes o reprochar la supuesta mala calidad de su trabajo. No necesitamos ver a una chica joven americana, madre, maltratada, con un marido alcohólico, un padre maltratador y una madre desquiciada por el sufrimiento de toda su vida, porque es el pan nuestro de cada día de algunos de nuestros vecinos y familiares aquí en España. Los servicios sociales americanos no son muy distintos de los de aquí, porque allí, como aquí, faltan medios por todos los sitios que se dediquen a ayudar a los desfavorecidos, porque el presupuesto se gasta en armamento, material antidisturbios y en salvar a bancos, empresarios y personajes llamados de alta alcurnia que en realidad son vagos, maleantes y gentuza sin escrúpulo alguno.

Hace unos días, mientras comía, en un programa de La Sexta, en la pantalla intentaban convencer a los borregos televisivos de que el Menú tipo de un colegio en España estaba compuesto por arroz tres delicias con cinco gambas gigantes, filete de lo que parecía solomillo, macedonia y un pan pequeño integral de varios cereales. Los que hemos tenido niños en los comedores escolares sabemos que habitualmente se abusa de la pasta, de los congelados preconizados (croquetas, salchichas Frankfurt, San Jacobos, y/o palitos de pescado rebozado) y que si además tu hijo es alérgico le despacharán con un arroz blanco y una loncha de jamón york. Y el pan de molde. Lleno de azúcares.

El sábado, también mientras desayunaba, en La 2 de TVE, estaban proclamando las virtudes de la educación madrileña poniendo como ejemplo de educación de un barrio deprimido, un IES en San Blas (que en realidad está en Las Rosas que no es ni barrio deprimido ni el San Blas de los años ochenta y las colas de la droga) cuya financiación no parte de la Comunidad de Madrid, sino de empresas que donan como el Atlético de Madrid, El Banco de España o padres con suficiente poder adquisitivo como para desgravarse aportando una cantidad al centro. Como si todos los IES estuvieran en una zona reconvertida de “pijos”, tuvieran la capacidad de financiarse a la americana, y todos pudieran llevar a sus estudiantes a la Amazonia, o dotar de instrumental quirúrgico para las prácticas de sus alumnos. A no más de 1 km, está el IES Barrio de Simancas, donde el fracaso escolar, la falta de medios, la desidia de la administración y la sobre población estudiantil es un problema estructural que representa a la perfección la cotidianidad de la educación pública madrileña.

Necesitamos evadirnos de una realidad dura porque de lo contrario acabaríamos peleando como las alimañas. Necesitan que nos evadamos con la ficción para que sirva de válvula de escape y evitar que nos volvamos contra los oligarcas. Muchos de los considerados progres, son los más beligerantes con quiénes intentan mostrar la vida real. Porque ellos viven en sus burbujas creyéndose a salvo de todo y la verdad, que ni conocen ni quieren reconocer, pone en peligro sus vidas estancas e impermeables al entorno. Son los que infieren que la falta de abastos en Reino Unido es consecuencia del Brexit, cuando en USA está pasando lo mismo y allí no ha habido separación de la UE. Son los que viven cómodamente comprando por Amazon productos que se fabrican en China mientras ponían el tuit de queja por el cierre de fábricas en España. Los que creen que China también está en crisis porque ya no exporta como antes y obvian que ahora producen más para ellos, ante la falta de materias primas, y que hay un desajuste mundial en el transporte marítimo que va a acabar en un colapso general del hijoputismo. Los que se hacían la foto con los de «cocaolaenlucha», y en la comida tomaban dos latas. Los que se negaban a salir a la calle o a hacer huelga porque no estaban dispuestos a perder unos días de nómina o a ellos la reforma laboral no les importaba una mierda ya que son lo que llaman profesionales liberales. Los que se dicen republicanos pero antes eran «juancarlistas» y ahora «felipistas». Los que dicen estar en contra de que se cambien las condiciones de las pensiones pero no mueven ni un pelo porque ellos ya están jubilados. Como si la suya fuera eterna y no corriera peligro. Los que se asustaron porque los de las rastas y las coletas prometían asaltar los cielos y pensaron que mejor no jugar con fuego no fueran a quedarse sin sus privilegios.

Se avecina el invierno y no sólo estacional. Lo que está Ud. viviendo querido lector, la vuelta al redil de Golfález, de los cainitas del paripé contra Sanchez Castejón en el PSOE, la retirada del acta a Alberto Rodríguez, contra el criterio de los letrados del congreso y de los juristas que no son franquistas, la pelea por quién dirige la derogación de la Reforma Laboral del PP, que no van a derogar, sino, como mucho, retocar de forma ínfima, y el acuerdo para renovar el TC, el Defensor del Pueblo y el Tribunal de Cuentas, es el preludio de las elecciones anticipadas antes de que haya desabastecimiento, cortes de luz por falta de gas para su producción, cierre de empresas por imposibilidad de pagar el recibo eléctrico, la falta de gas para calefacción o la gasolina a dos euros y medio el litro. Necesitan tener el control absoluto del estado, para la represión que se avecina.

Salud, república, feminismo, ecología y más escuelas públicas y laicas.

Aunque ya me conformo simplemente con que haya futuro.

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