Quizá el cambio social más terrorífico vivido respecto de nuestra reciente Historia política es el haber transformado la Constitución Española de un escenario para actuar en un mero telón de fondo fijo de cartón. Es un cambio acorde a nuestros tiempos, las sustitución de las ideas por imágenes simbólicas (y pobres), la subrogación del texto escrito a la red mundial cibernética.

En los centros de enseñanzas (en todos los niveles) los resúmenes han suplido a las obras librescas; el trabajo en los partidos consiste en organizar actos guionizados para entresacar tomas que puedan ser ofrecidas intencionadamente a una prensa feneciente, o mejor a las redes sociales; los candidatos lo son ya por mor de su influencia mediática, la valía intelectual no cuenta, personajillos de tres al cuarto de dudosa integridad competencial (incluso mental) lanzan sus gilipolleces más o menos afines a lo que se espera de su espectro político y se debate sobre sus personas y no sobre ideas, cada clic les parece un voto.

No esperamos nada de esta gente, son meros gestores de su presencia diaria. Pero en política todo está siempre por hacer, estamos desperdiciando nuestra democracia y nuestros derechos para que esta casta (empleo el término en la siguiente acepción de la RAE: “En una sociedad animal, conjunto de individuos caracterizados por una misma estructura o función, como las abejas obreras en una colmena”, por tanto los considero profesionales de una determinada interpretación de nuestra sociedad democrática), digo que esta casta profesionalizada ha copado los lugares de decisión para ni quitar ni poner rey pero ayudar a sus señores y, de paso, triunfar en lo personal sin tener que probar mérito constatable alguno.

Todo está por hacer, un partido progresista (los otros no hacen política sino ideología al servicio de la Economía) debería empezar a plantearse (y dar ejemplo planetario) que el futuro de la península sólo pasa por recuperar la vida en los pueblos con una red de transportes públicos que permita moverse por todo el país de verdad, aldea a aldea, pueblo a pueblo, lejos de las veleidades aeropuertescas, autoviarias o altavelocidófilas. A esta inversión, lógicamente sacada de la retirada de las otras grandes inversiones por las que lampan grandes empresas dueñas de clubes de fútbol, de exministros de la dictadura o que están siendo investigadas por sobornos para conseguir las enormes tajadas del dinero gastado inútilmente, debería poder optar la economía local de esas poblaciones abandonadas, porque revitalizaría el mercado laboral y generaría una dinámica de pequeños negocios accesibles que devolverían la capacidad de gestión a la gente, no a los grandes almacenes estratégicos, a las grandes ciudades superpobladas o a las ventas online. Y de paso supondrían un alivio para el medio ambiente que ya es una prioridad.

Lo digo de otra manera, un partido de izquierdas de verdad sólo tiene un camino, debería devolver la inversión pública hacia el beneficio directo de la población mayoritaria asalariada o pequeñoempresarial, jamás debería confiar en este mecanismo calientaeconomías que consiste en dar los medios al capital para que invierta y saque rentabilidades y, de camino, que imponga las normas de contratación de una población condenada a la semiesclavitud de sus puestos de trabajo por abandono (o entrega) de los gestores políticos.

Sí, sé lo que he dicho. El pastel de las inversiones a mayor gloria del capital, ese contrato no escrito debería ser resuelto cuanto antes mejor. Y preparémonos, porque contra esto sólo cabrán esas policías políticas que algunos se han inventado en su fantasía de que sólo es posible una política correcta, la suya, y que por tanto vale cualquier medio para alcanzar la finalidad del crecimiento a cualquier precio, incluido el coste ecológico (gravísimo) o el sacrificio de la libertad de pensamiento empós de la una estabilidad social garantizada por un modelo familiar y folklórico tradicionalista, amparado por la religión.

Un mojón.

El problema es que la izquierda está anestesiada. Ganas me entran de saltar al ruedo, pero no, lo mío son las ideas, la literatura, pero qué mediocridad, por favor, qué mediocridad y qué falta de valor. Me entristecen profundamente.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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