Este artículo no me ha pedido nadie que lo escriba. Estas palabras salen después de haber reflexionado, de haber preguntado mucho, de haber, sobre todo, escuchado. 

Hace un par de días firmé un artículo en el que me equivoqué. Y quiero expresar mis disculpas, tras haberle dado muchas vueltas al asunto, tras haber leído muchos comentarios -demasiados en algún que otro desagradable caso-, y tras haber pensado qué debía aprender de todo esto. 

Me disculpo con los lectores del artículo. Lo hago también con cada una de las personas que ha podido sentir o pensar algo que no fuera justo ni para ellos ni para lo que les parezca importante. Dejo claro ya que la pieza, ni durante su elaboración, ni antes, ni después hubo la más mínima cuestión, ni razón, ni argumento por parte de nadie de índole política. Mi error ha sido de precipitación, sobre todo; pero también de cierta ingenuidad, y por qué no decirlo, de falta de profesionalidad. Lo admito: como profesional que aspira a hacer las cosas todo lo mejor posible no lo hice bien. Y me explico: 

Cuando me llega el aviso de un supuesto dato preocupante de niños positivos atendidos en servicios de urgencias, no pongo el filtro necesario para acercarme al tema.

Tratando de analizar por qué no lo hice, llego a la conclusión de que es un asunto que personalmente me afecta, me preocupa y de hecho, genera una influencia marcada en mi día a día. Como madre, reconozco que vivo muy preocupada por el virus.

Analizando la preocupación con la que recogí el aviso me doy cuenta de que no fui objetiva, ni dudé de entrada de cosas que debería haber sido capaz de ponderar en su justa medida. Lo que me trasladaban me parecía importante, pero no imposible atendiendo a lo que estamos viendo estas semanas.

De los datos que se van publicando, veo cada día que se producen aumentos en contagios, de manera concreta entre menores. El pasado día cuatro El País publicaba que los alumnos confinados por covid en Madrid se duplicaron en una semana, de 12.051 y 25.540. No se conocían datos específicos sobre las etapas educativas a las que correspondían las aulas cerradas, porque los datos no son fáciles de conseguir, a pesar de tratarse de un asunto de suma importancia para muchas familias. Según señala el artículo de El País “y como ocurre también desde el inicio del curso, el Gobierno regional trampea los datos, al calcular los porcentajes respecto al total de alumnos no universitarios”. 

En La Tribuna de Salamanca publicaban precisamente esta semana que se han duplicado las ausencias en los colegios por “el miedo a contagiarse en las aulas”. Se explica que los alumnos de Primaria que no acuden a clase de forma regular en Castilla y León ha pasado de 890 a 2.292 al comparar el primer trimestre del pasado curso y el actual. 

En Baleares, hace un par de semanas, se publicaba por Crónica Balear que se habían duplicado los contagios de COVID entre alumnos en los centros de Baleares durante esa última semana. 

Hoy se ha informado de que en Cataluña vuelven a repuntar el COVID en los colegios, reportándose 1.488 grupos en cuarentena y registrando 3.296 positivos en los centros durante los últimos diez días. Hay ahora mismo 34.275 alumnos confinados (279 más que ayer), 1.640 docentes y personal de administración y servicios.

En este contexto es en el que una mujer, que se identifica como enfermera del hospital Clínico dice que están ateniéndose muchos casos de menores por COVID-19 en las urgencias donde ella trabaja. Y hace referencia al pasado fin de semana. 

Una Asociación de padres y madres que están muy implicados en el derecho a la salud de los niños durante la pandemia me pide que me interese por este posible asunto y me facilitan el contacto de la enfermera. Lógicamente están preocupados. Y no solamente por lo que señala esta mujer, sino por todos casos que están conociendo.

Busqué la fuente, y la escuché. Pregunté todo lo que se me ocurrió preguntar. Lo anoté y pregunté en otro lugar, en otro hospital, donde me contaron prácticamente lo mismo. Además, una tercera fuente, a la que conozco desde hace años, también enfermera de este hospital, me advertía de la importancia de hacer cribados masivos en los centros escolares para poder actuar de una manera más eficaz. Tal y como se ha hecho en Irlanda, donde han reportado así un 12,5% de positivos por COVID-19. 

Pregunté entre enfermeras de centros distintos, y la verdad es que una versión respaldaba la otra. De hospitales distintos, de personas que no tenían relación alguna entre ellas. Me explicaron que habían atendido a muchísimos niños más en comparación con fines de semana anteriores, sin casos graves, pero sí positivos por COVID-19. No se pretendía “alarmar” sino “informar” por parte de estas trabajadoras. No me pude imaginar en ningún caso que lo que ellas me contaron pudiera chocar frontalmente con la versión del hospital. Todavía hoy no alcanzo a entender por qué, incluso después de que el hospital me haya dicho de forma oficial (por teléfono) que no es cierto lo que dicen estas enfermeras, ellas lo sigan manteniendo.

Pero yo aquí no voy a entrar a valorar algo que no me compete: el por qué dicen o no dicen. Yo aquí escribo para reconocer lo que yo he hecho mal.

No llamé al área de comunicación del centro para confirmar estos datos. Lo cierto es que no se me ocurrió pensar que estas dos mujeres pudieran estar dándome información tan inexacta como para que sus más de doscientos casos fueran, como me diría después el Clínico, 2 positivos, o 6 en el caso del Puerta de Hierro. Porque no hablamos de una diferencia pequeña, y yo tenía que haber buscado otras fuentes, que pudieran darme por escrito una descripción de los datos. No lo hice entonces, y al haberlo hecho después lo cierto es que tampoco lo he conseguido porque se han negado a darme por escrito cualquier relación numérica de atendidos en urgencias. 

Entendí, quizás implicándome más de lo debido, que estaban dando una voz de aviso porque estaban preocupadas. Sé que conté punto por punto lo que me dijeron. Sé que en ese sentido, la pieza que escribí dejaba perfectamente claro que eran las versiones de dos mujeres que contaban lo que ellas habían vivido. Y con ese ánimo me puse a escribir esos testimonios, encabezándolos con un titular ciertamente desafortunado que era más expresivo de las inquietudes que se me trasladaron, que de lo que la pieza realmente narraba. 

Resumí, en el titular, plasmando la alarma que yo misma sentía, lo que debía haber sido dicho de otro modo. Debí haber sido mucho más prudente y contextualizar. No lo hice y soy ahora consciente de que ese fue mi error más grave. Porque además, el titular afirma lo que en realidad han dicho dos enfermeras, sin entrecomillar. Porque además habla de “los hospitales de Madrid” como si fueran todos, o eso puede entenderse. Y no, eran, supuestamente dos. Así que mal. Lo hice mal.

Y si además, tengo en cuenta que el titular es lo único que leen muchísimos, sobre todo en redes sociales, pues peor aún. Seguro que hay quien piensa que precisamente se buscaba un titular para eso, para que se viera, pero de manera intencionada. No. El titular era alarmante porque yo estaba alarmada, y porque me precipité por quererlo dar lo antes posible, que no le di un par de vueltas. O un par de decenas de vueltas, aunque no hubiera sido necesario si yo me hubiera tomado el asunto con más prudencia y me hubiera comportado con más rigor. Lo lamento. 

Y sirvan estas palabras para reconocer un fallo. Para reconocerlo de forma sincera. Y también para dejar alguna otra cuestión más clara. 

Aquí vengo a reconocer lo que yo no he hecho bien y lo que he hecho mal. No entro a valorar el contenido de las declaraciones de estas enfermeras. Yo no estoy aquí para afirmar ni para negar. Aunque equivocadamente, al titular como lo hice, haya afirmado lo que dicen, di por válida su versión y no debí haberlo hecho.

Me encantaría, de corazón, no equivocarme jamás. Y además, puestos a pedir, me encantaría que cuando meto la pata, como creo que le pasa a algunos más en su día a día y su trabajo, no tuviera tantos ojos mirando. Es de perogrullo. No es agradable ser consciente de que te has equivocado y a tu alrededor todo el mundo sabe “que ha pasado algo”. 

Si he sentido desasosiego estos días ha sido por todo esto que he explicado hasta aquí. Porque le daba vueltas, preguntaba a mi familia, comentaba con amigas, con compañeros del trabajo. Y más o menos todos tenían razón y razones que he valorado. Y por eso, para terminar, quisiera hacer algún comentario, breve, sobre “lo demás” que ha pasado. 

Estos días, además de mi análisis personal de lo sucedido, también he sido insultada, humillada, atacada y se me ha llegado a acusar de cosas que, sinceramente, y siendo justa, me parecen excesivas. 

Que soy “mala persona” porque hay quien piensa que, de manera intencionada he querido generar una alarma social, es una acusación demasiado gruesa y me ha sorprendido sinceramente. No encuentro la manera de llegar a pensar algo semejante y me refiero a la cualidad que algunos me atribuyen: ser capaz de inventarme algo o de mentir deliberadamente, pretendiendo además causar miedo o alerta injustificada en alguien. Encima habiendo niños de por medio. Esto sí que me da especialmente rabia. 

En mi opinión, lo irresponsable por mi parte habría sido no escuchar a esta enfermera. Pero no hice todo lo que debía haber hecho, es cierto y asumo ese error. Sin embargo he seguido en contacto con ella e insiste en que lo que me contó es lo que ella vivió y yo solamente puedo seguir recabando datos, testimonios y siguiendo en la medida de mis posibilidades lo que acontece. 

Lo de equivocarme en lo profesional me no me gusta, evidentemente. Porque no me gusta equivocarme, adoro mi trabajo y procuro ponerle todo el amor, la pasión y la entrega del mundo. Cuando me confundo intento aprender de ello, coger experiencia, aunque a veces escueza. Y no me cuesta reconocerlo. Afortunadamente creo que en mi trabajo, poder aclarar las cosas y reconocer los errores es posible. No es frecuente porque yo no suelo verlo en este sector, pero es posible sentarse y analizar de qué manera se podía haber hecho el trabajo mejor. 

Pero una cosa es esa y otra diferente es ser una mala persona. 

Jamás alertaría yo a nadie si no creyera sinceramente de que hay un peligro. Jamás jugaría yo con la tranquilidad en asuntos de salud de nadie. Nunca, ni por lo más remoto, diría o haría nada que pudiera suponer un riesgo para la salud de un niño. Y poner eso en duda, o incluso acusarme de ello es algo inadmisible. Por mucha comilla que no le haya yo puesto a un titular, y por mucho que me haya tomado al pie de la letra lo que me han afirmado dos enfermeras que no me han aportado más pruebas que sus palabras. Por el momento, las mismas pruebas que las palabras oficiales de los responsables de comunicación de los hospitales. Cuya versión es absolutamente la opuesta a la que me daban las sanitarias. Repito que ni afirmo, ni confirmo ni desmiento. Pero por el titular que puse, debo corregirlo porque dar por veraz una versión que ha sido desmentida por los hospitales. 

Sé que habrá quien lea esto y no le resulte suficiente. Ya lo siento, de verdad, porque es lo que he vivido y lo que pienso. Como también pienso que no nos vendría mal ser más prudentes: yo, la primera, pero creo que en esta historia, no la única. 

Y desde luego, en mi opinión, lo importante es que los asuntos fundamentales, que es el fondo de lo que aquí se aborda, la salud pública y en especial la de los menores, se aborde con mayor transparencia. Algo que, según han denunciado públicamente desde distintas asociaciones y colectivos no está sucediendo con esta pandemia. 

Finalmente, quiero darle las gracias, a todas las personas que, desde el cariño y el respeto me habéis ayudado a reflexionar y a encontrar el camino hasta llegar hasta aquí y sentir que estoy haciendo lo que debo. Como siempre, pero quizás esta vez, más despacio. 

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2 Comentarios

  1. https://www.newtral.es/bulo-urgencias-madrid-ninos-covid-hospitales/20210210/

    https://maldita.es/malditobulo/20210210/no-hospital-clinico-puerta-hierro-fin-semana-urgencias-trescientos-ninos-covid-19-madrid/

    Ya te vale Talegón, encima vas de victima, las dos enfermeras, como tu misma tenéis una militancia político sindical clara, tóxica y dañina, y ese es el verdadero problema de tu falta de profesionalidad, eres una activista política de extrema izquierda separatista.

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