Es noche cerrada. Dos sombras se escurren entre las paredes. La luna hoy es nueva y ha hecho pellas. A las tres de la mañana, las farolas se acaban de apagar. Las dos figuras se acercan a la fuente. Justo cuando han empezado la operación y Baldomero está subido en la pila, divisa unas luces a lo lejos. Un coche entra por la carretera. Como les vean, todo se irá al traste. Baja de la pila y él y su compinche se agazapan entre el pilón y la fuente esperando que el coche pase de largo y que no les vean. El vehículo reduce la marcha al llegar a la altura de la fuente. Les van a pillar. Pero pasa de largo. Una vez desaparece por la esquina, emprenden de nuevo el trabajo que les ha sacado de la cama. Vuelve a subir a la pilastra de la fuente. Su compañero le pasa un martillo de perforación y un medio saco lleno de lana de oveja vieja. Coloca el medio saco rodeando la bola y con el martillo va dando fuertes golpes en diferentes lugares de la esfera de mármol que corona la fuente. El compañero de Baldomero le advierte que está haciendo mucho ruido. Y aunque las casas de los alrededores no están habitadas, alguien podría escucharlo. Son golpes secos que, amortiguados por la lana, apenas se oirían a treinta metros de distancia. Pero en el silencio de la noche, roto sólo por los ladridos de los perros que el Furtivo tiene en la huerta, cualquier chasquido parece un esplendoroso fragor. Y más si lo que estás haciendo es algo poco lícito. Parece que la bola ya se menea. Le devuelve el saco y el martillo al cómplice y con las dos manos gira la esfera hasta que sale del tornillo en el que está roscada. Vuelven a escabullirse en la oscuridad y desaparecen.

El primero en darse cuenta a la mañana siguiente es Florencio que ha bajado con la burra a que beba agua al pilón. Automáticamente da la voz de alarma. Son las fiestas del pueblo aledaño y por tanto son los primeros sospechosos. La tía Argimira, con su delantal cogido por su mano, siempre al tanto de todos los chismes y sucesos del pueblo, dice haber oído un coche sobre las cuatro de la mañana. Y unos golpes secos. Y cuando se asomó a la ventana, no había nadie pero le pareció ver correr hacia la carretera general a unos cuantos mozos. Así que está claro. Los lechuguinos de Cogondo son los ladrones. Siempre nos han tenido envidia a los de La Rival. Y siempre han querido llevarse la bola de la fuente como trofeo, aseguró el tío Nochebuena.

El cabreo en el pueblo fue aumentando conforme los corrillos de los vecinos comenzaron a exagerar las cosas y añadir historia al relato. La supuesta carrera que dijo haber visto Argimira, se convirtió en un paseo triunfal de cincho chavales que jugaban con el balón de alabastro por la carretera mientras huían. Todos ellos con nombre y apellido, vecinos del pueblo aledaño. El tío Coso añadió el robo de tres gallinas y la tía Huevo, la rotura de los cristales de su gallinero.

La situación se fue agravando conforme unos vecinos le contaban lo sucedido a los otros. Una concentración espontánea fue aglomerando gente en la plaza frente a la puerta del Ayuntamiento. Baldomero, el alcalde, llamó a la Guardia Civil, creyendo que querían lincharlo por haber arrendado el coto, a espaldas de los vecinos, a una sociedad de cazadores que le habían regalado, bajo cuerda, cincuenta mil pesetas. Desde hacía dos meses no se hablaba en la villa de otra cosa. Y en unos pocos días, serían las elecciones. Nadie sabía a ciencia cierta el importe del soborno, pero era seguro que cuando entrara el nuevo alcalde, porque Baldomero iba a perder las elecciones fijo, se encargaría de revocar el contrato y llevar toda la documentación al juzgado.

Baldomero, el alcalde, se presentó en la plaza custodiado por cuatro guardias civiles que, mosquetón en mano, y cara de pocos amigos, preguntaron a que se debía el guirigay. Los vecinos, que no se habían dado cuenta de la llegada del alcalde, comenzaron a aplaudir en cuanto le vieron. Lo siguiente fue clamar a coro un castigo severo para los desalmados de Cogondo que se habían llevado la bola de la fuente.

La Guardia Civil ordenó que se calmaran. Una vez hecho el silencio, pidieron testigos del robo. Todo el mundo miraba a su vecino y poco a poco todas las miradas recayeron en la Tía Argimira. Ella repitió la historia de la mañana pero omitiendo la parte en la que dijo que le parecía haber visto a unos muchachos huir hacia la carretera general.

– Ea, – dijo el cabo de la guardia civil. Todos a casa. Sin pruebas no hay nada que hacer.

Baldomero prometió recuperar el símbolo de la fuente. El día antes de las votaciones, la esfera de alabastro, relucía de nuevo coronando los caños. Baldomero arrasó en las elecciones.


 

Matraca miserere

Dice un refrán castellano que no hay más ciego que el que no quiere ver. En esta España en la que nunca el pueblo ha puesto en su sitio a los malhechores que les llevan robando desde que Carlos V cogía el oro y la plata que llegaban de América con una mano y se la entregaba con la otra a los prestamistas holandeses que pagaban sus megalómanas disputas religiosas, la única vez que, víctimas del hambre y la desesperación, nos amotinamos no fue para pedir pan, trabajo y libertad sino para impedir que, a los pocos que podían usarlas, se les acortaran las capas. Y en lugar de, como en la Francia de la época, colocar la guillotina en las esquinas, y hacer limpieza de ladrones, sátrapas y sádicos, aquí nos bastó con que el rey nos dijera cuatro palabritas diciendo que nos perdonaba y que no tomaría represalias, para volver a nuestras casas con el hambre y la miseria puestos. Nos pareció suficiente con que enviara a Esquilache, destinatario de todas las críticas que deberían haber hecho al rey, al destierro y se acabara expulsando a los jesuitas, que a falta de moros, judíos, moriscos o gitanos a los que echar la culpa, fueron agraciados con el blasón de culpables de todos los males.

Es lamentable como la estupidez supina del personal acaba haciendo un mundo por una chorrada (una bola que desaparece de una fuente, una bandera quemada, un recorte de una capa y un sombrero) y como lo verdaderamente importante porque nos limita el bienestar o directamente nos hace la vida imposible, pasa desapercibido.

Cuando escribo esto, aún no se ha celebrado la matraca miserere en la Plaza de Colón que los sinvergüenzas de España han convocado para distraer a la idiocia de las cosas importantes. Para que todo sea lo más absurdo e indigno posible, estaba previsto que en una manifestación de españoles que pretenden salvar a España, un peruano que debe más de dos millones a hacienda, nos diera lecciones sobre el púlpito de lo que tenemos que hacer para no caer en manos de los supuestos enemigos de la patria. Al final, el cachondeo general de las redes, ha obligado a los trilerdos a sustituir a este infame personaje por tres profesionales de las fake news. No dirán ustedes que no tiene bemoles. En una manifestación de patriotas pensar que el portavoz idóneo es un migrante. En una manifestación de salvapatrias un moroso con el estado es el que nos debería haber contado los supuestos peligros a los que está sometido el país. Claro que si centramos la cuestión en los convocantes y en los participantes famosos que han opinado estar de acuerdo con lo de salvar a España y en acudir a la manifestación, que Vargas Llosa fuera el portavoz parecía lógico. Es como pensar en Alí Babá para que hiciera de portavoz de una convención de ladrones.

Esta macro misa matraca miserere de sinvergüenzas la convoca el partido sentenciado por corrupción (Casi mil casos en toda España). Una corrupción que ha dopado las elecciones y que le cuesta al año al estado 90.000 millones. Le acompaña en la convocatoria el partido de los Cuñaos, que apenas gobierna en ningún sitio, pero que dónde lo hace, su gestión se resume en ruina del ayuntamiento y corrupción, según explica aquí el diario Público. Y no olvidemos su apoyo en Andalucía a la califa fontanera que dejó la sanidad echa unos zorros y 714 millones de euros en el coste del caso de los ERES falsos. Para aderezar la ensalada ultra, el partido de ese tipo que dice odiar lo publico, pero que no ha cotizado ni un solo día en sus cuarenta y cuatro años de vida y que lleva viviendo del presupuesto público desde los dieciocho años. Paradójico también que una manifestación de patriotas sea convocada por quién se financia por un grupo terrorista iraní. Y como no podían ser las cosas más rocambolescas, indignas y fulleras, son apoyados por el electricista que llegó a Ministro con el PSOE y que reclamaba que lo mejor para buscar delincuentes era tirar la puerta a patadas, el insufrible Corcuera. También simpatizan con el acto pensado para distraer de lo importante, el Señor de la Cal y dos cantamañanas presidentes de CCAA que, para acabar con las discusiones catalanas, proponen ilegalizar a todos los que no piensen como ellos. ¡Vamos lo mejor de cada casa!

Parece que el personal es masoca y le gusta que le roben, que le maltraten y que le puteen hasta hacer de su vida un infierno. Y entran al capote tendido por los que han destrozado la sanidad allí donde desgobiernan (como en Galicia, Castilla y León o Madrid). Como viene siendo tradicional, seguimos aplaudiendo el robo, el latrocinio y acompañando a nuestros torturadores en sus acciones pensadas para distraernos. A nadie parece importarle que en este país tengamos 9,1 millones de pobres. Que 3.600.000 de ellos sean niños cuya pobreza se hereda y se ha cronificado por la dejadez gubernativa. Tampoco parece importarnos que la electricidad se haya convertido en un artículo de lujo para millones de españoles que malviven entre el frío y la humedad de sus casas porque no pueden poner la calefacción. Todo ello, según comentan en esta página, con la connivencia de las autoridades. Y, lo que más rabia me da es que el puñetero nacionalismo español, patriotismo de hojalata, sea más importante que reivindicar salarios con los que poder comer. Condiciones laborales dignas e impuestos acordes con la renta. Que seamos incapaces de no ver que quién tiene la bandera más larga, quién reclama el patriotismo más alto, es tan, tan patriota que tiene su patrimonio oculto en paraísos fiscales, en sociedades off-shore y en otras cantinelas para evitar ayudar económicamente a ese país que tanto dice amar. Por no hablar de las deudas con la seguridad social y hacienda que a nosotros, los curritos de turno, no nos perdonan y son capaces de arruinarnos para reclamarnos un pago que no puedes discutir porque no tienes dinero para acudir a los tribunales, y que a estos sinvergüenzas les perdonan con el perjuicio para todos.

No se porqué estamos siempre mirando con lupa cualquier cosa que hagan algunos políticos accidentales y sin embargo aplaudimos los desmanes de los profesionales. Esos que, como a los toros en la plaza, nos ponen el capote y entramos distrayéndonos mientras nos roban la cartera.

Este es el país de la incultura. Quizá por eso hay tanto absurdo suelto.

Con su pan se lo coman y con sus lágrimas lo lloren.

Salud, feminismo, república y más escuelas publicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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