A partir del año 2003, se empezó a contabilizar estadísticamente el número de mujeres asesinadas por su compañero (marido, novio o ex). Desde ese año hasta el actual han existido más de mil mujeres (más de 30 menores) que han sido víctimas de violencia machista (más de la mitad no denunciaron);   y, lo peor radica, que la espeluznante cifra señalada sigue en incremento pareciendo no tener fin. Esto no conlleva sólo el duelo que se origina entre la familia y amigos, sino que también ocasiona la orfandad de los hijos e hijas, pues al arrebatarles sus vidas, truncan el desarrollo emocional y educacional de estos. No nos puede dar i-Walt.

     Con la anterior aportación aparecen dos interrogantes: ¿Por qué no denuncian cuándo existe un maltrato? ¿Por qué el derecho no las ampara con mayor fuerza y contundencia?

     De acuerdo a un estudio realizado por la Fundación Adecco, mediante una encuesta realizada a 500 mujeres que han sufrido violencia doméstica, éstas no denuncian a su agresor por medio a posibles represalias (80%);  el paro y la precariedad (71%); inseguridad jurídica (40%); no querer reconocer la tolerancia de situaciones desagradables (38%);  y no querer perjudicar al agresor (35%). De esta manera, el miedo, la dependencia económica, la incertidumbre legal, la sensibilidad mal entendida y la vergüenza se convierten en los colores de una bandera triste y putrefacta que alza la no intención de querer delatar al bravucón. No nos puede dar i- Walt.

     Desde el ámbito jurídico, existen procedimientos sancionadores y una clasificación clara, concisa y obligatoria en relación a cualquier «infracción» que persona, empresa e institución cometa debido a un acto delictivo; y por supuesto, aparejada con su correspondiente «sanción» dentro del ámbito de cualquier sector socioeconómico (medio ambiente, educación, administración, salud, deporte). A pesar de que exista legislación relacionado con el maltrato en la mujer (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género) no es suficiente. De esta manera, ¿por qué no habita en su cuerpo legislativo una ordenación nítida de infracciones y sanciones? Sin ser un especialista en el mundo del derecho, no es posible una taxonomía medianamente exacta de infracciones y sanciones relacionada con la violencia de género. Por ejemplo, infracciones: leve (piropo del extraño), grave (tocar cuerpo ajeno SIN consentimiento) y muy graves (todo acto de contenido sexual SIN consentimiento -es decir, violación- y por supuesto, homicidio); sanciones: leves (trabajo para la comunidad y/o multa), graves (multa y/o pena -cárcel-) y muy graves (pena –cárcel-).  ¿Es tan complejo programar tal herramienta jurídica? Sinceramente, viendo la cantidad de obstáculos que interponen distintos colectivos, grupos políticos y organismos sociales, entre otros, a la hora de poder manifestarse a favor del feminismo poniendo en justificación la situación pandémica mientras si permiten, y no ven con tan malos ojos, la concentración de personas por distintas causas como mítines políticos, negacioncitas, eventos culturales, raperos presos, y un largo etcétera; convierte en pesimismo la idea jurídica anteriormente expuesta.  No nos puede dar         i- Walt.

     Seamos valientes por una vez, en este asunto, reconociendo la verdad para hacer frente a una causa tanto justa como necesaria en nuestra sociedad: «vivimos bajo un imperio patriarcal y el feminismo es la solución». Doy un paso al frente,  posicionándome que el feminismo es una rebelión honesta preocupada por alcanzar  derechos ecuánimes al hombre aniquilando así los estereotipos impuestos a la mujer, en cuanto obligaciones y responsabilidades, que sirven para salvaguardar una globalización que contamina la dignidad del planeta femenino. La telaraña socioeconómica actual la elaboró el hombre unilateralmente debido a un elemento clave que la naturaleza le proporcionó injustamente: la «fuerza bruta». A partir de ahí, fue consciente que podía gestionar los recursos existentes (naturales, capital, mano de obra, entre otros) de cada época. Una vez que era dueño del «capital», originó las empresas para concentrar bienes y mejorar las relaciones entre organizaciones; pero claro, éstas están caracterizadas justo a su imagen y semejanza, generalmente, tildadas de egoísmo, individualismo y  competitividad feroz hacia la supervivencia del más apto. Obtenido la propiedad del capital y sus instrumentos (firmas) sólo le faltaba un componente para difundir y expandir, entre la ciudadanía, su obra maestra de capitalismo patriarcal e ideó el marketing (publicidad). Eso sí, de índole sexista con un claro perdedor: «la mujer», puesto que padece un trato publicitario totalmente asimétrico y de discriminación insoportable, haciendo hincapié en los roles de ellas, reflejando imágenes deleznables. Por tanto, sistema (capital, empresa y marketing) y hombre son un géminis universal cuyo resultado es la inequidad fragante con respecto a la mujer, y este paradigma no nos puede dar i- Walt.

     Para llegar esta situación de evidente desequilibrio aterrador, se ha labrado determinado colores, juguetes, profesiones, anuncios, actitud, labores del hogar y, pintado, un protagonismo en determinado serie de dibujos animados que precisamente no contribuyen a corregir este bochornoso trato desigual en la mujer que, posteriormente, permea en la gente en forma de machismo lastimoso. Además, ¿por qué el rosa, la cocinita, la ama de casa, el objeto sexual, la dulzura, limpiar los baños, y la salvada del dragón no puede ser atribuciones igual de «condecorables» hacia el hombre? Quizás si se asimilasen al hombre ayudaría en allanar el camino por un sendero libre de tópico en el género. De todas maneras, harían falta otras acciones de gran calado para derrocar al rey patriarca.

     En el caso, de las animaciones de determinadas multinacionales (Disney Films, entre otras) considero que no le han hecho un flaco favor a la figura femenina; ya que desde muy pequeñas observan en las protagonistas de los largometrajes el rescate y la salvación del príncipe azul a la princesa desvalida, donde este rol nos parece ya caduco. Igualmente, los elementos del héroe y de la rescatada son muy diferenciadores debido a que, por un lado -masculino-, refleja fuerza, bravura, valentía, resilencia, inteligencia; y, por el otro lado -femenina-, representa componentes como sumisa, sufridora, subordinadas y, sobre todo y más alarmante, totalmente receptiva. Por ejemplo, un hombre por el simple acto de ponerte un zapato de cristal, ésta se enamore locamente o después de un largo despertar le obsequien, a continuación, con un beso y, por ello, debas de regalarle lo más íntimo y profundo de nosotros: el amor, complica, más si cabe, el bienestar del globo terráqueo femenino. En esta tesitura, es peligroso el mensaje, desde edades tempranas, que la mujer, siempre, caiga rendida a los pies del hombre sin, además, «currárselo» y ni siquiera haciéndole falta ni llamar a cupido para que «le eche un cable», deteriorando así valores hermosos conectados con el propio enamoramiento. Por este motivo, en la reyerta por la libertad de la mujer sin tópicos de posición inferior debe asear la ignominia de una mentalidad de «machitos». De otro modo, es cierto que ya producen películas el cual la mujer tiene cometidos de salvadora añadiéndoles roles más identificado, “supuestamente”, con lo masculino (frialdad, competitividad, musculo, utilización de la fuerza como solución). Sin embargo, no sé hasta qué punto es conveniente, porque no se trata de convertir la mujer en hombre; sino, simplemente, en no marginarla por ser mujer, independientemente del adjetivo que queramos aparejarle a su personalidad, y no catalogarla con un perfil evidentemente subalterno, como se proyectan en determinadas salas de cine. No nos puede dar i- Walt.

     Llegados a este punto no entender que el sistema actual es patriarcal, es no haberse leído un texto de historia; no entender la importancia de la ley violencia de género, es vivir sin sensibilidad; no entender la brecha salarial, es andar bajo la ignorancia; no entender el acoso sexual, es permitir el abuso; no entender el piropo, sin razón, del desconocido, es ser cómplice de la incomodidad; no entender la asimetría en la fuerza bruta, es aceptar el golpe del macho; no entender la desigualdad de género, es no ser un ciudadano; no entender la equidad en el Curriculum Vitae, es mostrarse superior; no entender que nos dan la vida, es faltar el respeto a la propia vida; no entender que no quieren ser princesas, es no ver que le sobran las coronas; no entender su paz, es mostrar guerra; no entender la discriminación de género, es perpetuar la humillación; no entender el número de muertes por género, es no visualizar las estadísticas; no entender que navegan bajo el maltrato físico y psíquico permanente, es vivir en otro planeta; no entender su libertad, es manifestar tiranía; no entender que la lucha sigue, es sinónimo de indolencia; no entender que NO es NO, es menospreciar sus derechos y dignidad; no entender el feminismo, es pánico a perder una discriminación injusta. No nos puede dar i- Walt.

     Hay que cambiar el signo de la inequidad en el género y para lograrlo es imprescindible que todas las personas se alisten en esta lucha. Para ello, hay que recuperar valores de organizaciones de mujeres como lo fue Agrupación de Mujeres Libres (1936) cuyo objetivo era ser un movimiento anarquista con base popular, precursora en el combate de reivindicaciones contra la explotación capitalista patriarcal, libertad económica, romper la brecha salarial y la familia tradicional de mujer acaparadora de los trabajos del hogar; entre otros, es decir, enfrentaban su derecho de emancipación y autonomía plena. Sorprendentemente, después de ochenta años, defendían causas  que siguen estando presentes en el calendario de hoy. Asimismo, un proceso comunitario es fundamental para el logro final de un género unido libre de desigualdades.

    George Orwell, afirmó que la historia es escrita por los vencedores, aunque le falto señalar que en gran medida es a puño y letra de varones. Por esta razón, serán mujeres las que apoderen hasta la victoria la cima de la igualdad plena de género y, por supuesto, manuscribirán su propia leyenda a golpe de latido reivindicativo argumentando mejor que nadie sus reclamaciones contra el aparato patriarcal, eso sí con la premisa en la colectividad de todas las personas.

     Dios y hombre cometieron un grave error: el primero, señalando que la hembra proviene de la costilla del varón; mientras que el segundo creyó que inventando la propiedad privada la mujer se incluiría en tal derecho. Evidentemente, ambos se equivocaron, la subestimaron y nunca comprendieron que ellas no pertenecen a nadie puesto que son de naturaleza anarquistas, no haciéndole falta ningún Dios ni sujeto masculino para conquistar cualquier propósito que se propongan, como ya mostraron aquellas mujeres en 1936 pero que el fascismo las sesgo. No obstante, el cuento interminable de la mujer minimizada tendrá como desenlace el gran sueño y laurel del feminismo.

     Finalmente, contemplando la verticalidad del día a día edificada por el varón no pudiendo sentirme orgulloso de ser un hombre; pese a ello, conservo el optimismo en la persona.   Creo en ti madre revolución: heroica, fiel y verdadera como la tierra sirviendo de escudo eterno ante cualquier injusticia social. Pariste una hija, feminista, con una personalidad más rebelde que tú,  cuyo cometido busca perseguir crepúsculos de sombras machistas y transformarlas en ocasos de amaneceres  igualitarios.  Creo en vosotras, en la alternativa de vuestros actos, en los argumentos de vuestras palabras, en la fortaleza inquebrantable de vuestras almas, en el asociacionismo de vuestras mentes, en la solidaridad de vuestros corazones y en la esperanza de vuestros vientres donde nacerá una ciudadanía que vuele hacía un mundo sin fronteras de género. Por todo lo expuesto: ¡¡¡Si vosotras paráis, se para el mundo!!!, ¡¡¡feminismo!!! y no nos puede dar i- Walt.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre