Pedro Sánchez y Pablo Casado han mantenido uno de sus habituales cara a cara durante la sesión parlamentaria de los miércoles. Al líder del PP no se le ha visto tan cómodo y descarado como otras veces, sobre todo cuando el presidente del Gobierno le ha pedido que se posicione sobre el paquete de ayudas que Bruselas ha destinado para la reconstrucción del país. Los fondos de recuperación son una gran victoria de Sánchez y del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, mientras Casado se ha dedicado a enturbiar el logro, conspirando con los gobiernos xenófobos de la Europa opulenta con el fin de que las partidas (esenciales para la subsistencia de millones de españoles en riesgo de pobreza) sean fiscalizadas, controladas y hasta recortadas.

Sánchez sabía que su adversario tenía una fisura en ese tema y le ha faltado tiempo para llevar el debate a ese terreno, afeando a Casado su falta de patriotismo. De entrada, le ha pedido que si quiere llegar a acuerdos y ayudar a reconstruir el país empiece por apoyar en Bruselas los fondos de recuperación europea, retire el informe “ignominioso” sobre supuestos derechos y libertades atacados en España (un libelo que proyecta una falsa imagen de nuestro país en el extranjero) y que apoye al Ejecutivo en la creación de una tasa digital para las grandes corporaciones. Una vez más, Sánchez reprochaba al líder de la oposición que no haya arrimado el hombro durante la crisis y que incluso haya rechazado unos nuevos Pactos de la Moncloa para la reconstrucción del país. “Me conmueven sus palabras, señor Casado; ahora quiere convertir Barajas en el nuevo 8M”, espetaba en alusión a la causa general urdida por el PP contra el feminismo que finalmente ha sido archivada por la juez.

A Casado se le ha visto esta vez algo más contenido y menos envalentonado que en los peores días de la epidemia, quizá en parte porque en su partido algunas voces empiezan a criticar, en petit comité, la estrategia errónea que el candidato popular ha llevado estos días en la Unión Europea, donde se ha dedicado a conspirar con los partidos xenófobos del viejo continente y con los gobiernos supremacistas que como el holandés exigen recortes y condiciones onerosas a las ayudas para España. Esa conspiración solo tiene una finalidad, dañar a Sánchez a costa de perjudicar los intereses de los españoles, y entre los partidarios de Núñez Feijóo el plan no ha gustado lo más mínimo. Esa es la razón de que Casado haya ido con pies de plomo a la hora de debatir sobre ese espinoso asunto: “Solo porque le pido responsabilidad [en la gestión de las ayudas a la reconstrucción] soy un antipatriota. Deje de buscar un chivo expiatorio y empiece a gobernar de una vez para todos los españoles”. Estaba claro que Sánchez ganaba esta vez a los puntos a su duro opositor.

Minutos más tarde, le llegaba el turno a la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, que ha centrado su discurso en los errores en el recuento de los fallecidos por coronavirus. “Hay 45.000 muertos, más de lo previsto, es un abismo moral. Dejan a 17.000 españoles en el limbo”. Le tocaba responder a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, quien le respondió que “a usted hay una premisa que se le olvida todo el tiempo: los datos que el Gobierno facilita (28.323) los suministran las comunidades autónomas, también las suyas”. La diputada popular insistió en la estrategia al asegurar que “ustedes mienten todo el tiempo, la culpa siempre es de otro”, y recordó que España es el primer país de Europa en exceso de defunciones. “Sánchez ha dicho que ha salvado 450.000 vidas. ¿Por qué no dicen que han salvado a 45 millones e imprimen camisetas? La ironía argentina de Álvarez de Toledo terminó con exasperar a Calvo, que pasó directamente al ataque: “Usted le resta legitimidad al Gobierno porque no acepta la moción de censura. Ustedes han decidido hacer política con los muertos, de lo que saben, porque no sería la primera vez que lo hacen. 28.323 es la cifra oficial, seria, corroborada, por covid. Pero ese no es su problema, su problema es alarmar constantemente a la ciudadanía, no ayudar y no respetar a los muertos”.

Como de costumbre en estas sesiones de control, la pinza de las derechas la cerró Vox. En este caso fue su portavoz, Espinosa de los Monteros, quien enumeró todos los supuestos deterioros que el Gobierno ha ocasionado a los diferentes poderes del Estado. “Han marginado el Legislativo, ataques al Poder Judicial, a la Fiscalía General del Estado, a la Guardia Civil, a la Abogacía del Estado, a la Seguridad Social (ruptura de la caja única negociada con el nacionalismo vasco); al CNI en manos de Pablo Iglesias (con eso está dicho todo), y hasta a la Monarquía, a la que han organizado caceroladas.  Y podíamos seguir… Ustedes están no en un proceso de reconstrucción sino en un proceso de demolición del Estado”.

Calvo se basta y se sobra para lidiar ella sola con la hidra de varias cabezas de las derechas españolas y calificó la descripción de Espinosa de “relato estratosférico”. “Ustedes, que ponen en jaque mate a todo el sistema, denomina a este Gobierno ilegal. ¿Son ilegales los más de nueve millones de votantes que hay detrás? El día 16 no estarán en el homenaje a las víctimas. ¿Qué parte del manual de demócrata no se ha leído usted?”

Y quedaba el postre de una nueva sesión parlamentaria que servirá para más bien poco a los españoles. La obsesión enfermiza del secretario general del PP, Teodoro García Egea, con Pablo Iglesias. Esta vez la pregunta surrealista del diputado popular era si el Gobierno pensaba convertir Barajas en el nuevo 8M. El vicepresidente segundo se limitó a citar a Talleyrand (“todo lo exagerado es insignificante”) y además se permitió ironizar con su adversario al asegurar que en el futuro los historiadores recordarán su elevado nivel parlamentario. Iglesias le recordó que su partido, el PP, fue quien instigó las cloacas del Estado y la policía patriótica para “investigar a sus rivales políticos” y se preguntó qué hubiera ocurrido en España de haber estado el Gobierno en manos del PP durante esta pandemia. “Yo se lo diré: lo que está pasando en Madrid con las privatizaciones de seis hospitales y del servicio de limpieza del Gregorio Marañón”. Touché.

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