«Terminada la guerra civil española, los servicios alemanes radicados en España desplegaron una actividad incesante de información acerca de las dificultades, las luchas y la situación del nuevo régimen. Con fáciles contactos en la Administración, en el Partido único, en las fuerzas armadas y de seguridad, amparados en la germanofilia de ciertas capas de la población, los diplomáticos y agentes consulares alemanes, los servicios secretos y la Gestapo filtraron hacia Berlín una corriente continua de noticias en torno a la situación de España y los jalones más relevantes que la definieron. Uno de los documentos más patéticos que, a través de la Embajada alemana en Madrid, encontró vía libre hacia Berlín y hacia Wilhelmstrasse es el que se refiere al juicio y ejecución de Lluis Companys i Jover, el ex presidente de la Generalitat de Cataluña, hace ahora treinta y seis años». Así comienza el reportaje que en el año 1976 publicaba Ángel Viñas en los míticos fascículos de Historia16 que ahora rescatamos y que reconstruyeron, paso a paso, los últimos días del president asesinado por el bando franquista.

Según Viñas, personas como Luis Romero, Josep M. Poblet y Josep Benet han rememorado los últimos momentos de Companys. Sus afirmaciones encuentran complemento en la nota entregada al cónsul general alemán en Barcelona por un testigo presencial —no identificado en los documentos consultados— del juicio y posterior fusilamiento. Desde entonces, el consulado germano en la Ciudad Condal se mantendría atento a las repercusiones que despertó la ejecución de Companys, remitiendo noticias a la Embajada en Madrid.

Tal como escribió Viñas en su reportaje de referencia, el juicio y ejecución del antiguo presidente de la Generalitat quedó documentado ante el gran público en el denominado Libro Blanco de Cataluña gracias al acta del Consejo de Guerra que lo condenó a muerte. Mucho más tarde, el acta fue reproducida en otra obra de amplia difusión. «Para complementar el seco documento jurídico, bien conocido, hemos exhumado la patética nota entregada al cónsul general alemán en Barcelona por la persona —“merecedora de toda su confianza”—, testigo presencial del juicio y de la ejecución», asegura el reportaje.

El cónsul alemán atribuyó gran importancia al relato, lo calificó inmediatamente de “secreto” y lo remitió por vía segura a la Embajada de Madrid. Los servicios de inteligencia de Canaris fueron informados del caso.

El desarrollo del juicio y de la ejecución quedan ilustrados en el relato. El Consulado buscaría más noticias: las circunstancias detalladas en que tuvo lugar el Consejo de Guerra contra Companys se dieron a conocer subrepticiamente en un panfleto de la oposición, distribuido poco más tarde en Barcelona. «Como complemento del documento que aquí damos a la publicidad, hemos creído conveniente reproducir parte de tal panfleto«, informa el escritor y periodista.

El cónsul general alemán debió tener otras fuentes de información sobre la ejecución de Companys. En su carta de remisión de la nota del testigo presencial, se señala literalmente: “En el informe no se menciona que Companys murió absolutamente sereno, que fue fumando a su fusilamiento y que al morir gritó ¡Viva Cataluña!”. Tanto la nota informativa como la traducción alemana del panfleto de referencia se encuentran entre el material procedente de los archivos de la Wilhelmstrasse, microfilmado por los aliados tras la Segunda Guerra Mundial. El documento en torno al juicio y a la ejecución de Lluis Companys i Jover figura en su versión castellana original.

El proceso

D.C.I.73316

Barcelona, 15 de octubre de 1940.

NOTA INFORMATIVA

Informe: Sobre Luis Companys Jover.

Procedente de la Dirección General de Seguridad, llegó hace unos quince días el que durante el período rojo fue Presidente de la Generalidad de Cataluña.

En esta ciudad debía incoarse el procedimiento correspondiente y verse el Consejo de Guerra que lo juzgase.

Durante la pasada semana se llevan a efecto las diligencias correspondientes, formulando sus conclusiones provisionales tanto el fiscal como el defensor. Se señaló el día de ayer para la celebración del Consejo de Guerra.

Durante los breves días en que se procedió a recoger los datos necesarios y se han practicado las oportunas diligencias, Companys ha permanecido alojado en un departamento situado en el Castillo de Montjuich, próximo a la verja del rastrillo de la Plaza de Armas de dicha fortaleza. Como únicas visitas ha recibido las de sus dos hermanas residentes en esta ciudad, siendo atendido debidamente por los servicios de la prisión. En sus conversaciones se ha mostrado tranquilo y resignado ante su próximo fin. Se ha quejado del trato recibido en los calabozos de la Dirección General de Seguridad así como en la Prefectura de Policía de París. Decía que se le había exhibido como una fiera o ejemplar raro.

Durante la corta estancia de Companys en Montjuich no ha tenido comunicación alguna con los demás detenidos, habiéndose observado en éstos determinada actitud, produciéndose un hecho —el de recibir aquél un escrito en el pan que le servían— y el cual no ha tenido trascendencia alguna.

En el día de ayer y a las diez horas se constituye el Consejo de Guerra que ha de juzgarle y el cual estaba formado por generales y presidido por el de esta categoría Excmo. Sr. D. Manuel González y González. Las funciones de juez las desempeñó el general Puig; las de fiscal el teniente coronel del Cuerpo Jurídico Sr. Querol y las de defensor el capitán de Artillería, nombrado de oficio, Sr. Colubi.

[…] Companys aparece sentado en el banquillo, siendo su aspecto normal si bien demacrado, ofreciendo su semblante un color terroso. Viste traje claro y calza alpargatas.

[…] Cuando tiene lugar la lectura del informe de la policía se hacen en él alusiones a la vida privada del encartado y éste, entonces, se levanta de su asiento y pide permiso al presidente para decir que lo que se ha leído es “canallesco y falso”.

[…] Se lee también la declaración de Companys, en la cual resalta la conversación sostenida con el general Goded y cuando éste fue trasladado a su presencia en el Palacio de la Generalidad. Dice Companys que, estando fracasado el Movimiento en Barcelona, el día 19, fue detenido el general Goded y conducido a su despacho, en donde aquél le manifestó que “la fatalidad le había vencido”, siendo entonces invitado por Companys a hablar por la radio para evitar todo derramamiento de sangre inútil, a lo cual accedió voluntariamente el general, ya que antes le dijo aquél a éste que no le coaccionaba para tal fin, contestando el mismo entonces que ya lo sabía, pues si esa hubiera sido su intención se se lo hubiera tolerado.

[…] Comienza el fiscal su acusación en la cual se limita a citar los hechos que se deducen más o menos del apuntamiento, sin proceder a análisis profundos.

Estima ha rozado el procesado el delito de traición, penado en el Código de Justicia Militar, al pretender desmembrar la Patria, e incluso inducir a determinada nación extranjera a declarar la guerra a España, pero más bien, dice, cae de lleno en el delito de rebelión militar, por todo lo cual solicita se le imponga al encartado pena de muerte.

[…] El defensor, en forma muy breve y concisa, estima que su patrocinado es autor en todo caso del delito de auxilio a la rebelión con atenuantes, por lo que considera debe imponérsele la pena de veinte años y un día. Basa su informe en el hecho de que aquel ningún mal hizo directamente y siempre que pudo evitar sufrimientos a los perseguidos los realizó (sic).

Al terminar el defensor su informe, se dirige al procesado el presidente por si desea hacer alguna manifestación, levantándose éste y dice: “La historia nos juzgará a todos; si se me condena a muerte, moriré por mis ideales, pero sin rencor”.

[…] En el día de ayer vuelve a recibir la visita de sus hermanas Companys y habiendo entrado en capilla en las últimas horas de dicho día se despiden del mismo aquéllas de forma serena.

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