UCI personal sanitario
Foto © Flickr / Hospital CLÍNIC

Los datos de contagiados y fallecidos por el Covid19 aún muestran que la pandemia no está siendo controlada, por mucho esfuerzo que el personal sanitario esté haciendo para ello. Por más que se quiera indicar que se reducen los incrementos, la realidad es que tanto el número de nuevos contagios como de fallecidos si día a día. ¿Se está ganando la partida a la pandemia? De momento, se está conteniendo que los números sean escandalosos, pero es cierto que, a pesar de las medidas de confinamiento, las personas siguen contrayendo el virus. ¿Se está conteniendo la propagación? Es dudoso que se valore de este modo, sobre todo cuando, a pesar de que el estado de alarma lleva decretado un mes, sigue habiendo contagios.

El personal sanitario es, evidentemente, el más expuesto a la pandemia. Llevan luchando contra el virus desde el mes de febrero, sin descanso, jugándose la salud y la vida, sin pedir nada, sin mirar a ningún lado, buscando que la gente no se les muera entre las manos. A día de hoy, según los datos oficiales, un 16% de los contagios totales ha sido entre los sanitarios. En algunas comunidades autónomas, ese porcentaje se eleva a cerca del 30%.

A esta reducción de los recursos humanos, hay que sumarle el cansancio acumulado, la tensión acumulada, las cargas de trabajo que generan en secuelas psicológicas.

El personal sanitario no pide nada a cambio salvo que se les proteja, que dispongan de todos los medios para salvar más vidas y para poder hacer su trabajo con el menor riesgo posible, porque, una cosa tiene que tener clara todo el mundo, si ellos caen, todos y todas nos vamos al abismo.

La situación en la que se encuentran los médicos y las médicas, las enfermeras y enfermeros, las y los auxiliares o los celadores y celadoras (aunque injustamente a este colectivo no se les incluye en la categoría sanitaria cuando su trabajo es fundamental) es crítica, por más que se diga que las UCI están menos saturadas.

Todo lo que están pasando los sanitarios por la pandemia no tiene otra causa que las políticas de recortes de quienes pretendieron privatizar los servicios de salud a través de la carencia de recursos. Precisamente, la principal queja de estos profesionales no está en la carga de trabajo, no está en las situaciones difíciles que viven todos los días en los hospitales. No, su principal queja es la falta de recursos. Un Estado que se precie de defender a su ciudadanía no puede permitir que quienes se juegan la vida y su salud tengan que protegerse con lo primero que tienen a mano, con bolsas de basura, o que tengan que utilizar equipamiento de protección que puede convertirse en un foco de contagio.

Por estas razones, los sanitarios avisan de que el sistema de salud no podrá hacer frente a un repunte y expresan su preocupación sobre las consecuencias de la vuelta al trabajo de varios millones de personas tras la Semana Santa. Si se han visto desbordados con el primer brote, ¿qué se puede esperar si los contagios suben? Que el sistema de salud estará colapsado por falta de medios humanos. Entonces sobrarán mascarillas o habrá respiradores que no podrán ser utilizados porque no haya profesionales que sepan manejarlos. Los médicos,  las médicas, las enfermeras, los enfermeros, las y los auxiliares, las celadoras y los celadores estarán debilitados por el cansancio acumulado y, en muchos casos, no podrán sobrellevar psicológicamente un retorno a la casilla inicial.

Un médico que está en primera línea afirma a Diario16 que los aplausos de las 20 horas fueron reconfortantes, que se agradecen, pero que lo que ellos necesitan son recursos para poder hacer su trabajo sin realizar piruetas ni tirar de la imaginación.

A pesar de su agradecimiento a la ciudadanía, entre los sanitarios empieza surgir una pregunta que hace incidencia en la propia naturaleza del ser humano: ¿qué ocurrirá cuando todo esto acabe? Los profesionales de la salud comentan que todos esos aplausos que ahora se dan a las 20 horas, todo el agradecimiento que se quiere transmitir, con buena fe o por la hipocresía de subirse a la ola de lo que está de moda, se volverán a convertir en protestas cuando en unas urgencias tardan en atender a un paciente e, incluso, en agresiones porque no se quiere renovar una baja laboral, por citar algunos ejemplos que los propios sanitarios transmiten a este medio.

Terriblemente humana, así es la condición de nuestra especie. Plauto decía que «Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro». Mientras miles de personas de bien aplauden de buena fe, la terrible condición humana lleva a otras a intentar echar de sus casas a los sanitarios porque pueden contagiar al resto del vecindario. Estas respuestas mezquinas se han repetido con otros sectores profesionales que están sosteniendo al país: empleados y empleadas de supermercados, policías, guardias civiles o militares. Seguro que quienes han perpetrado estas acciones miserables a las 20 horas están puntuales batiendo palmas con el mismo ímpetu que si la Selección de fútbol hubiera ganado nuevamente el Mundial.

Coche de una ginecóloga pintado en el garaje de su domicilio

Con este panorama, ¿cómo es posible que alguien piense que los profesionales de la salud no se pongan en guardia por lo que pueda venir después de la pandemia?

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