Y después de las elecciones, ese gran espejo que pone a todo político ante su cruda realidad, los líderes de los principales partidos hacen balance y rinden cuentas de sus resultados. Ábalos recuerda que España es roja otra vez; Pablo Iglesias, con un ojo morado tras el batacazo, hace autocrítica ante los inscritos y las inscritas; Casado se agarra a Madrid como a su último clavo ardiendo (al hombre le habían puesto la carta de despido encima de la mesa y aún no se ha recuperado del susto); Abascal despierta de su delirante sueño medieval y se pregunta dónde ha ido a parar el millón de votos que ha perdido; y Rivera empieza a asumir que no es el jefe de la oposición, tal como él creía hasta ahora. De todos ellos, quizá sea el responsable de Ciudadanos quien más difícil lo tiene y quien más ha sufrido el baño de realidad del 26M. Rivera estaba seguro de que podía ganar la Moncloa y al final solo ha podido llevarse la bisagra de la puerta, más o menos oxidada, con la que tendrá que convivir y hacer política en los próximos cuatro años.

Mal que le pese al presidente de la formación naranja, queda relegado al papel de simple bisagra para que gobiernen otros y lo que es aún peor: por no haberse apartado a tiempo de Abascal, por haberse equivocado al ponerle el cordón sanitario a Sánchez y no a los neofranquistas, ha caído sobre él la pesada losa de Vox, una desgracia que tendrá que arrastrar a partir de ahora.

Hoy el líder de Cs viaja a Bruselas para dar las explicaciones oportunas a la Alianza de Demócratas y Liberales Europeos. Allí tiene una difícil papeleta: tratar de explicar a los líderes del partido liberal del viejo continente –gente sensata, moderada y de orden– por qué pactó con los ultraderechistas en Andalucía y si piensa hacer migas con ellos en Madrid y en tantos otros municipios y comunidades españolas. No es un asunto menor.

Rivera puede escurrir ese bulto en España, donde nadie le pide cuentas sobre sus coqueteos con el partido de Franco, pero en Europa las cosas son muy diferentes. Una vez que se atraviesan los Pirineos se entra en otro mundo, en otra dimensión. Allí, aunque la ultraderecha continúa creciendo, no se puede decir que Hitler y Mussolini fueron grandes hombres de Estado sin que lo miren a uno como a un friki. Por tanto, Rivera tendrá que mojarse, retratarse, cuando se explique hoy ante los líderes de la Internacional Liberal. Allí los herederos de Adam Smith van a examinar al joven candidato español sobre muchas cuestiones, sobre el acierto de sus tácticas políticas, sobre su pedigrí democrático, sobre la posición de Ciudadanos acerca del Valle de los Caídos y los huesos de Franco, sobre la fotito de Colón y sobre su famoso cordón sanitario a Pedro Sánchez. Y sobre todo, y lo más prioritario, se le va a preguntar si piensa firmar un acuerdo de gobierno con los del bigotito afranquistado y el brazo en alto.

Los liberales europeos van a examinar a Rivera sobre muchas cosas y él tendrá que argumentar por qué el motor de la Naranja Mecánica que parecía carburar para darle el sorpasso al PP parece haber gripado en las dos últimas elecciones y por qué los españoles no terminan de comprarle el discurso a Ciudadanos. No sabemos cuáles van a ser las respuestas del examinado. De momento, ni Arrimadas ni Villacís han aclarado nada, como tampoco han descartado que vayan a cerrar acuerdos con Vox, con lo cual admiten que es posible que vayan de la mano con el Diablo. Si el líder de Cs sigue la misma estrategia del silencio y la ambigüedad, ese ponerse de perfil cuando se le pregunta por la ultraderecha española, puede tener un problema con sus socios liberales europeos, tipos con los que no conviene andarse con tonterías.

En Europa los liberales son gente seria, con una tradición democrática secular y una historia, y no se les puede ir con requiebros y evasivas sobre pactos fugaces y juegos florales con el fascismo. Rivera tendrá que explicarse mucho y bien en el club liberal de Bruselas. Y allí no le van a servir ni sus artificios dialécticos, ni la chistera de mago de la que saca los conejos, recortables y manualidades que se lleva a los debates televisivos con Sánchez.

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