La familia Franco no sólo consiguió el Pazo de Meirás a través de maniobras corruptas, sino que también destruyó documentos de gran valor literario como las cartas inéditas de Benito Pérez Galdós dirigidas a Emilia Pardo Bazán. Hoy en día sólo se conservan las que la escritora gallega envió a Galdós.

Así, el 19 de febrero de 1978 se declaraba un incendio en el pazo y aunque las causas no llegaron a conocerse, todo indica que la familia Franco, aprovechando el “accidente” se llevó de Meirás obras de gran valor artístico.

Emilia Pardo Bazán levantó a finales del siglo XIX la mansión de la que disfrutan los Franco desde hace más 80 años. La escritora la bautizó como “Torres de Meirás” y la convirtió en su refugio literario y el lugar donde más tiempo residió hasta su muerte en 1921.

Así, los Franco no solamente obtuvieron fraudulentamente el pazo, también se quedaron con lo que en él había, como los 17.000 volúmenes que la escritora guardaba en la Torre de La Quimera y del que los Franco conservan todavía alrededor de 4.000 obras.

El Gobierno gallego pidió por carta a la familia que le donara gratuitamente estos valiosos fondos para que fueran preservados en la Biblioteca de Galicia, una “parte sustancial”, según la Xunta, de la biblioteca de Emilia Pardo Bazán fue donada a la Real Academia Galega (RAG) en 1978, ejemplares algunos que llegaron ahumados por el fuego y otros deteriorados por haber sido dejados a la intemperie, bajo la lluvia, tras ser rescatados de las llamas. Las cartas de Galdós a Pardo Bazán no se encontraban entre ellos.

Otra obra de arte que todavía conservan los Franco en el Pazo son las famosas esculturas del maestro Mateo que formaban parte del Pórtico de la Gloria. El Ayuntamiento compostelano presentó una demanda para recuperar unas figuras que, según indican, fueron un regalo obligado a los Franco. La magistrada la desestimó y alegó que la argumentación presentada no era suficiente para tirar abajo la explicación de la familia, que mantiene que las compraron en un anticuario en la década de los 50, aunque no fueron capaces de aportar ninguna documentación que demostrara tal extremo.

Además, en 1960, la esposa de Franco se encandiló con dos pilones medievales de gran valor y ordenó al cura de San Xián de Moraime, en el ayuntamiento coruñés de Muxía, que le enviara esas piezas a Meirás de los que no se ha vuelto a saber nada. Muchas voces afirman que continúan en los jardines de la propiedad todavía de los Franco.

Lo cierto es que cuando la esposa del dictador se acercaba a Meirás, los anticuarios de la zona cerraban sus puertas al conocerse el “vicio” de ésta por las obras de arte de valor que llevaba y no pagaba jamás.

Todavía no se conoce qué obras de valor pueden quedar en el Pazo, aunque es de suponer que después del incendio de 1978, y a juzgar por el trasiego de camiones que los vecinos observaron los días posteriores, las piezas más cotizadas ya no se encuentren en el interior de la finca, algo que en ningún caso descarta que sigan en poder de la familia del caudillo.

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