Jamás se había seguido en el mundo, por la mirada del público general, con tanto interés y atención el desarrollo del Dakar (antaño el Rallye París-Dakar). Sin embargo en esta edición, la de VeinteVeinte, los medios de comunicación, y no sólo los españoles sino todeos, no dejan de mirar lo que sucede en la antigua y mágica Arabia; y todo ello gracias a la expectación que despierta y suscita la figura del bi-campeón mundial de F1, Fernando Alonso. Tri-campeón si sumamos el WEC, el mundial de resistencia.

Es por él que los periódicos nos cuentan lo que sucede en cada etapa, es por él que sabemos que hay tanques y torretas entre los que corren los coches y las motos, es por él que nos asombramos y asustamos de las piedras escondidas bajo la arena del desierto y capaces de destrozar un neumático. Los focos son suyos, los focos son de Fernando Alonso y para Fernando Alonso. Pero el más beneficiado de esa luz mágica que proyecta la mirada del mundo entero es, sin duda, el magnífico Carlos Sainz.

Carlos Sainz, ganador de dos ediciones del Dakar, 2010 y 2018, que por supuesto ya tenía un emorme prestigio, pero a quien nunca el púiblico -el público en general, no el especializado- había seguido con tanta atención.

Y ahora estamos todos pasmados, admirados por su estilo de conducción único, “a volantazos”, por lo grande que es.

-Parece mentira, a su edad.

-No es tan viejo.

-¿No? Dime algún piloto de 57 años de F1.

-Ah, eso sí, en la época actual desde luego ninguno.

Y él también es bi-campeón mundial, 1990,1992.

Es maravilloso que no se rinda, que no se sienta mayor, que ganase el Dakar por segunda vez con 56 años y que quizá con 57 logre volverlo a ganar.

Pero no menos maravillosa es esa luz que ahora le envuelve, la luz de los focos que persigue a Fernando Alonso, y que este año está haciendo a Carlos Sainz, el gran Carlos Sainz, brillar ante los ojos del mundo más que nunca jamás.

Tigre tigre.

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