Los excesos de Marcos de Quinto en las redes sociales están agravando la crisis interna en Ciudadanos. El tuit del exejecutivo de Coca-Cola que califica como “pasajeros bien comidos” a los migrantes rescatados por el Open Arms no ha gustado a los sectores más moderados del partido naranja. Como tampoco ha sido bien acogida la imagen de macarra de discoteca que ha proyectado De Quinto en las últimas horas, en las que se ha despachado a gusto contra todo tuitero que rebatía sus teorías con descalificaciones como “cretino” y “trol de mierda”.

El episodio viene a demostrar, una vez más, que en Cs hay al menos dos almas: de una parte los liberales que a duras penas tratan de construir un centro derecha a la europea, moderno y civilizado; de otra el alma neofalangista, el hooliganismo del ala más dura y reaccionaria que arrastra cierto tufo a xenofobia supremacista.

En el primer grupo se encuentra el concejal de Las Palmas Javier Amador, quien tras escuchar al polémico empresario ha asegurado que “hay veces que uno no se puede callar”, al tiempo que ha exigido a su partido que “desautorice públicamente las declaraciones” de De Quinto. Afirmaciones como las de Amador prueban que la herida en Ciudadanos es más profunda de lo que parece y que tras las últimas dimisiones y deserciones Albert Rivera no ha conseguido imponer sus tesis, es decir, aquello de que España ha caído en manos de la “banda de Sánchez”.

Pero sin duda lo que más preocupa de Ciudadanos es ese lenguaje populista, faltón, extremo, tabernario y facha que se está imponiendo en algunos de sus principales líderes políticos. Cuando De Quinto asume la jerga ultra (más propia de Vox que de un partido que pretende ocupar el centro liberal) está lanzando un mensaje claro y directo a la cúpula (y también a las bases) sobre la corriente de pensamiento que debe priorizar la formación naranja. Ese aviso no es otro que la orden de asumir parte del discurso de la ultraderecha española, sobre todo en lo que se refiere al gran asunto de la inmigración. La mofa de “bien comidos pasajeros” dirigida a la pobre gente del Open Arms que ha sido rescatada de una muerte segura en realidad no va dirigida contra los migrantes (que también) sino fundamentalmente a la dirección y a la militancia de Cs. Con su exabrupto, el ex ejecutivo de Coca-Cola está marcándole el camino a Rivera (no en vano es el responsable en materia económica de la formación naranja), trazándole las líneas maestras de lo que debe ser la política del partido sobre extranjería e inmigración y advirtiéndole de que los vientos soplan por donde soplan en todo el planeta. O lo que es lo mismo: le está aconsejando al jefe que no se deje ablandar por los humanitarismos sensibloides de la izquierda en decadencia y siga la ola dominante del populismo xenófobo que triunfa en Europa y América, la que supuestamente da los votos.

De ahí que llame poderosamente la atención que ningún peso pesado del partido haya desautorizado públicamente a De Quinto por su humillación a los migrantes del Open Arms. Ni Albert Rivera, ni Inés Arrimadas ni Villegas han salido todavía a escena para decir claro y alto que su parlamentario, el más rico de las Cortes, se ha pasado tres pueblos en su calentón tuitero. Solo César Zafra, responsable de Organización de la delegación madrileña, se ha limitado a considerar que los abusos dialécticos de De Quinto forman parte de sus “tuits personales” y de su derecho a la libertad de expresión.

Sin embargo, en el seno de Ciudadanos hay un fuerte debate sobre la conveniencia de atar en corto al magnate de los negocios, que por las cosas que dice en las redes sociales, y cómo las dice, debe admirar mucho a los gurús del populismo xenófobo mundial como Donald Trump o Jair Bolsonaro. De cualquier manera, la polémica y la discusión en la formación naranja se irá agudizando en los próximos días, sobre todo a medida que nos vayamos acercando a la segunda ronda del debate de investidura, ya que no pocos cargos de Ciudadanos estarían dispuestos a votar abstención para permitir que Pedro Sánchez pueda formar Gobierno de una vez. De momento, la pugna entre críticos y ultras queda confinada a los chats privados y foros de las redes sociales. Pero la disputa, las tensiones y el miedo a la deriva del partido siguen latentes. Y amenazan con hacer estallar a Ciudadanos.

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