Los que sufran abusos sexuales siendo menores tendrán más tiempo para denunciar. La prescripción de los delitos sexuales cometidos contra menores ya no empezará a contar cuando la víctima cumpla la mayoría de edad; a partir de ahora, el margen se ampliará hasta que tenga 50 años. Previsiblemente, esta medida, propuesta por Save the Children, estará recogida en el anteproyecto de Ley de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia que el Gobierno espera aprobar mañana en Consejo de Ministros, según adelantó ayer el semanario «Vida Nueva».

Sin embargo, no se descarta que el Ejecutivo socialista pueda incluir alguna modificación en el texto a última hora. La ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, María Luisa Carcedo, espera que el texto se debata en el Congreso en el primer periodo de sesiones del año, que comienza en febrero. La razón que impulsa esta modificación del Código Penal es que, según diversos estudios, la edad media a la que las víctimas deciden denunciar sobrepasa los 35 años. En el caso de España, a esas alturas los delitos ya han «caducado».

El texto cuenta con el visto bueno de policías, jueces y diversas organizaciones representantes de la sociedad civil cuya misión es salvaguardar los derechos de los niños, y es el resultado de más de tres años de trabajo conjunto. También ha colaborado estrechamente la Cátedra Santander de Derechos y Menores de la Universidad Pontificia de Comillas.

Tal y como recoge el ordenamiento jurídico, los abusos sexuales a menores prescriben entre cinco y 10 años después de que la víctima haya cumplido la mayoría de edad. Se incluyen en esta categoría tocamientos y masturbación. Para las agresiones sexuales –penetración o felación–, los plazos son un poco más largos: entre 10 y 15 años después de que el damnificado haya cumplido los 18.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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