Acabamos de superar el reto de las elecciones generales y nos hemos adentrado ya en la campaña de las europeas, autonómicas y municipales. El panorama que han dibujado los resultados del 28 de Abril es, en buena parte, una ilusión y un espejismo.

El triunfo del Partido Socialista no es abrumador, ni tan siquiera concluyente. A la división del voto en dos bloques, derecha e izquierda, casi iguales en número de votos, se une la situación desquiciada en Cataluña, el enrocamiento de Ciudadanos en unas posturas cada vez más alejadas del centrismo, para disputar el espacio de la derecha a un Partido Popular que asiste confundido al crecimiento de una fuerza de ultraderecha que hasta el momento vivía agazapada dentro de sus filas.

Una situación a la que viene a sumarse la fractura y atomización de las fuerzas políticas situadas a la izquierda del PSOE, incapaces de conciliar las diferencias territoriales, la diversidad de extracciones sociales de sus componentes, las ambiciones personales, la pluralidad de las ideas, la libertad de opinión, el respeto a la discrepancia y a las decisiones adoptadas.

En este panorama, las elecciones europeas quedan desdibujadas, pese a que de Europa provienen buena parte de los marcos normativos a los que tienen que ajustarse y en los que luego hay que desarrollar, las políticas nacionales, autonómicas, o locales. Será en la batalla por el control de las autonomías y los ayuntamientos, donde se decidirán buena parte de los escenarios políticos para los próximos años.

A la hora de tomar una decisión sobre el voto el próximo día 26 pesará, sin duda, el recuerdo del voto en las elecciones celebradas hace menos de un mes, pero también otros elementos como la simpatía personal, el conocimiento, la confianza, la afinidad que sea capaz de suscitar cada uno de los candidatos, o candidatas.

Más allá de todo ello y aunque parezca mucho pedir, me parece que no haríamos mal en tomar en cuenta, además, cómo se pronuncia cada partido sobre los temas esenciales que afectan a nuestras vidas. Los cuatro pilares que terminarán sustentando nuestro futuro. El empleo, la salud, la educación y los servicios sociales.

Hay algunos a los que el Estado sólo les interesa por sus banderas, su ejército y eso que llaman la unidad de la patria. Todo lo demás les sobra. Hasta la justicia, si es poca y lenta mejor. Y los impuestos, cuantos menos mejor. En un mundo brutal y salvaje, cada cual que se salve como pueda, robe cuanto pueda y el que quede atrás que arree si es que puede y, si no puede, ya lo siento, pero ajo y agua.

Sin embargo, para la mayoría de la población, la única patria que existe se justifica por la capacidad del Estado para asegurarnos una vida digna. Que garantice la igualdad de oportunidades desde el nacimiento a través de la educación, la protección de nuestra salud, un empleo decente que nos permita atender nuestra subsistencia y nuestro desarrollo profesional. Que ampare nuestras necesidades cuando no podemos trabajar, o cuando culminamos nuestra vida laboral, a través de prestaciones por desempleo, unas pensiones suficientes y una protección social en situaciones de dependencia. Al menos eso. Qué menos que eso.

Tan Estado es el gobierno central, como cada gobierno autonómico, o municipal. La batalla electoral parece que va a tener en Madrid un termómetro ineludible. Un Madrid en el que más del 20 por ciento de la población se encuentra en riesgo de pobreza, entre ellos 300.000 niños y niñas. En el que un tercio de las familias vive gracias a algún tipo de rentas de protección. En el que casi la mitad de las familias tiene dificultades para llegar a fin de mes y más de 400.000 personas siguen en situación de desempleo.

Madrid pasa por ser una de las comunidades más ricas de España, pero los procesos de corrupción sistemática, privatizaciones desaforadas de sanidad educación y servicios sociales, nos han convertido en una de las regiones con mayor desigualdad en el conjunto del Estado.

Frente a quienes, durante la campaña electoral, hablen de patriotismo, unidad de España, banderas y bajadas de impuestos que siempre benefician a los más ricos, conviene juzgar a cada partido en función de su voluntad y compromiso para fortalecer la cantidad y calidad del empleo, invertir en sanidad y educación pública, consolidar el futuro de las pensiones y la atención a nuestros mayores y personas dependientes.

En estos cuatro pilares nos jugamos la cohesión de nuestra sociedad y que la libertad y la igualdad, tan cacareadas, sean algo más que declaraciones vacías y huecas. Algo más que puro postureo. El 26 de mayo el futuro está en nuestras manos.

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nací en la Sierra de Madrid, en Collado Mediano. Licenciado en Geografía e Historia. Maestro en la enseñanza pública. Ha sido Secretario General de CCOO de Madrid entre 2000 y 2013 y Secretario de Formación de la Confederación de CCOO. Como escritor ha ganado más de 15 premios literarios y ha publicado el libro El Madrid del Primero de Mayo, el poemario La Tierra de los Nadie y recientemente Cuentos en la Tierra de los Nadie. Articulista habitual en diversos medios de comunicación.

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