Con El doble secreto de la familia Lessage (Reservoir Books, Roja & Negra), la escritora francesa Sandrine Destombes se ha consagrado definitivamente como una de las firmas más destacadas del género negro en su país, tras obtener el galardón al mejor thriller de 2018. Tres décadas separan los hechos que hilvana en esta quinta novela de su producción literaria con una absorbente capacidad de atrapar al lector en su intriga.

 

¿Se imaginó en algún momento que llegaría a donde ha llegado con esta novela?

No, la verdad es que no. Yo vivo de esperanzas y expectativas positivas, detesto sentirme decepcionada y la verdad es que no esperaba el éxito que ha tenido esta novela.

 

El doble secreto de la familia Lessage tiene todos los ingredientes clásicos del thriller que la hacen potencialmente atractiva para los amantes de la novela negra. ¿Existe el cóctel perfecto para lograr el éxito total: de ventas y de crítica?

Si hubiera una fórmula o un cóctel perfecto, todos los autores y todos los editores estarían muy contentos. En general, muchas veces un mismo autor tiene la misma dinámica de escritura y, sin embargo, un libro encuentra mucho eco en sus lectores y el siguiente no tanto. ¿Por qué? Pues no lo sabemos.

 

Su obra en general acoge el eco de la sociedad actual y los problemas que lleva asociados. ¿Es una condición indispensable que la novela negra plantee situaciones apegadas a la realidad más cercana para invitar a una reflexión al respecto?

No necesariamente toda la novela negra tiene que llevar un estudio social aparejado, pero sí en mi caso, porque yo tengo reflexiones propias que introduzco en mis novelas. Yo, de hecho, soy mi primera lectora y escribo sobre lo que me interesa y me plantea preguntas.

“La novela negra es como un puzle y, por eso, en lo único en que no puede incurrir es en la incoherencia, igual que las matemáticas”

 

Dos veranos separados por 30 años sirven para unir la trama de una intriga basada en desapariciones de niños. De entrada, la historia no puede ser más apasionante.

Realmente yo me siento fascinada por un caso real ocurrido en Francia hace 35 años, el caso de un niño de dos años que aparece muerto y atado en un río francés. A día de hoy es un caso no resuelto. Sin embargo, las nuevas tecnologías y el hecho de que hayan aparecido nuevos testimonios hacen que se vuelva a reabrir este caso y, como otros, gracias a las nuevas técnicas para examinar muestras de ADN o lo que sea, se reabre el caso. Francia, con este suceso, desde hace 35 años vive en alerta para conocer la verdad de un crimen todavía sin resolver. Es precisamente esta situación la que me ha inspirado e impulsado a remontarme al pasado remoto de 30 años atrás para escribir mi libro.

 

En su novela no oculta cierta crítica a la actuación de los medios de comunicación en estos casos. ¿Dónde está el límite, tanto de ellos como de la ciudadanía en su ansia de conocer todos los entresijos de estos enigmas?

Los límites están en los propios ciudadanos, en cada uno de nosotros, pero parece que los ciudadanos no somos capaces de sustraernos a este voyerismo y esta cosa malsana de conocer todos esos entresijos. Ahora bien, ¿tendría que ser la prensa, los medios de comunicación los que pusieran límites a nuestra sed de conocimiento de todos estos hechos? Pues yo creo que no, no le atribuiría ese papel y tampoco es justo pedirles que actúen ellos como límite o restricción cuando es el propio ciudadano el que debe hacerlo.

 

Reconoce que, antes de dedicarse a la novela negra, su espíritu era “matemático”. ¿Le ha ayudado, en cierta medida, este espíritu a montar sus intrigas y dotarlas de ritmo y tensión narrativa, cualidades indispensables del género?

Sí, yo concibo la novela negra como una construcción matemática, donde hay muchas hipótesis y de esas hipótesis se van extrayendo una serie de deducciones. Por tanto, para mí la novela negra es una ecuación matemática. Sería como un puzle y, por eso, en lo único en que no puede incurrir es en la incoherencia, igual que las matemáticas. Por eso creo que están muy de acuerdo y tienen el mismo espíritu.

 

El universo infantil es hoy más que nunca una diana muy apetecible para todo tipo de presuntos delincuentes, que se ven amparados en el anonimato que permiten las redes sociales y en su fuerte penetración entre los más pequeños. ¿Cómo evitar estas situaciones? ¿dónde se debe poner el límite?

No creo que hoy sea peor que antes, la diferencia es que hoy sabemos las cosas, hoy los medios de comunicación y las redes sociales que tenemos nos ayudan y nos hacen descubrir muchas cosas que antes en estos medios no se podían. Pero, insisto, antes no era peor la situación que ahora, porque había muchos niños que eran víctimas de muchos hechos, en el colegio, en sus familias, pero no se sabía, y además al niño no se le daba la importancia que se le da ahora. Se pensaba que el niño se podía recuperar de todos esos traumas fácilmente porque era un niño. Hoy sabemos que no, que esos traumas marcan mucho su vida, después convertido en adulto, y entonces estamos alertas en relación con estos hechos. Pero creo que los medios y las redes sociales, cuando lleguemos a controlarlas adecuadamente, nos podrán ayudar a luchar contra todo esto.

 

1 Comentario

  1. Sin que este d mas, se le llama voayerismo por qe esta catalogado como moral+politicamente incorrecto,debido a que puede sere un acto verdaderamente morboso en algunas personas,
    pero mayormente es mera curiosidad humana que luego la mayoria d personas-cerebros gestiona como mera informacion sin mas para comprender la vida o lo que sea.
    esto es debido a la educacion oscurantista y no racionalista objetivista qe recibimos y a la represion sexual que padeci-emos.

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