La participación en Cataluña a mediodía era del 43,52% de los votos, lo cual supone un incremento de más de 11 puntos respecto a los comicios del 2016, cuando a la misma hora se había registrado un 32,31%. Cataluña es con diferencia la comunidad autónoma en la que más ha crecido la participación, según los datos facilitados por el Ministerio del Interior. Así, a las 14.00 en la provincia de Barcelona había votado el 43,5% (11 puntos más que en 2016); en Tarragona un 44,7 (12 puntos más); en Girona un 43,5 (un incremento de 12 puntos); y en Lleida un 41,9 (con un aumento de 13 puntos).

Los sondeos vaticinan una masiva participación de los catalanes en estas elecciones generales, lo cual no deja de ser un fenómeno sorprendente, ya que la mitad de la población en Cataluña se declara independentista y poco o nada interesada en la política nacional. Además, tras el 1-O y el juicio del ‘procés’ la ciudadanía empieza a sentirse cansada de los políticos, al considerar que el conflicto territorial, lejos de solucionarse, se ha agravado. Por si fuera poco la imagen de las violentas cargas policiales que se produjeron durante el referéndum de autodeterminación siguen frescas en la memoria de muchos catalanes que fueron a votar el 1-O, lo que en teoría debería aumentar la desafección por unas elecciones, las generales al Parlamento español, que en el bloque independentista se consideran impuestas desde Madrid.

¿Qué ha pasado entonces? ¿Qué ha animado a miles de personas a votar este 28A? Sin duda, el miedo al auge de la extrema derecha está entre los principales factores. El pueblo catalán, como sociedad avanzada y culta, siempre ha hecho gala de un talante democrático indiscutible. A falta de que los analistas y expertos hagan un análisis más tranquilo y sosegado de lo que está sucediendo hoy, todo apunta a que los catalanes han decidido acudir masivamente a las urnas para frenar a Vox y también a C’s. Los ciudadanos han optado por aparcar sus reivindicaciones territoriales para centrarse en el principal objetivo que debe tener ahora todo demócrata: impedir un éxito electoral de los ultraderechistas de Abascal.

Pero además, los primeros sondeos de participación hacen pensar en un aumento en el número de escaños de Esquerra Republicana (ERC). Con Oriol Junqueras en la cárcel, en medio de un juicio polémico, y con Carles Puigdemont en Waterloo, muchos electores han optado por el voto útil, de forma que el partido de izquierdas tenga la mayor representación posible en el Congreso de los Diputados, algo que será decisivo a la hora de retomar la negociación para resolver el conflicto.

De esta manera, los catalanes no solo han votado con el corazón, sino también con la cabeza. Un Gobierno ‘trifachito’ en Madrid no solo sería perjudicial para la crisis secesionista, cuya única solución pasaría por el artículo 155 de la Constitución y por la pérdida del autogobierno, sino para los posibles indultos que se preparan en el caso de que el PSOE gane las elecciones. Profundizando un poco más allá en el análisis, quizá los catalanes estén diciéndole a Sánchez que un tripartito PSOE/Podemos/Esquerra no sería mala cosa para salir del atolladero, casi un callejón sin salida, en el que se ha metido el ‘procés’.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre