martes, 28junio, 2022
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Lole Montoya, la más grande

Juan-Carlos Arias
Agencia Andalucía Viva. Escritor
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Los homenajes a los artistas deben darse mientras vivan, cuando puedan experimentar que el tributo de colegas, público, medios y organismos es espontáneo, sincero y merecido. Las loas póstumas quedan bien, pues obvian la paja del grano, pero se disipan con las cenizas del ausente. El universo flamenco es muy especial. Antes y después de declararse Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010 los ortodoxos de tal arte dictaminan sobre la pureza del cante, baile y toque. Nadie sabe quién los nombra, dónde sesionan y quiénes son en 2020. Pero estos ‘puristas’ declaraban herejes a la mínima y tasaban los palos, bailes, emociones o letras y músicas sin recato. Todo ello, sin admitir que la pureza esencialmente admite trasformaciones evolutivas.

Años antes de romper el ‘nuevo flamenco’ que forjaron Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía y Tomatito, Camarón amagaba con pelos largos novedosa estética más una voz reveladora. Nadie la igualó en cuanto a registros tímbricos. La parte masculina del flamenco, algo machista o paternalista relegaba a la mujer al tablao con sus volantes, zapateos y el cuerpo. No se aplaudía el soporte vocal que sus congéneres del sexo contrario acaparaban.

Lole Montoya inició la renovación, a mediados y finales de los 70 del siglo XX, de un flamenco trasgresor que ya palpitaba acunado por el rock andaluz. El mismo que sacó de las letras en inglés compases penetrados por el flamenco. Hablamos de Smash, Manuel Imán (antes Manolito Underground) en Sevilla, Tabletom en Málaga y Cai en Cádiz.

Lole Montoya es una artista medular en su fondo y total en las formas. En el apellido lleva su gitanería identitaria que hunde raíces en el Norte de África. El ‘clan de los Montoya’ rebosa genio. Ella misma es hija de la irrepetible ‘La Negra’ –cantante que bailaba con su padre, Juan Montoya-, madre de Alba Molina y viuda artística de Manuel Molina (1948-2015), un gitano único ante la guitarra. Manuel fue esencial en Smash, junto a Gualberto y los fallecidos Silvio y Julio Matito.

Momentos del homenaje a Lole Montoya en Sevilla. Fotos: Agencia Andalucía Viva.

El trío Montoya-Molina-Flores

Para entender por qué se considera a la Montoya madre de una generación y cuál es la razón de un homenaje por una generación de artistas debe explicarse que ella vehicula, con voz inigualable, dos pilares muy singulares que la llevaron hasta ser considerada artista de culto.

La pareja Montoya-Molina mientras duró, es decir Lole y Manuel (1975-1994), fue apoteósica, rompedora de los moldes puristas. El cante nítido, puro, cristalino y emotivo de la Montoya era acompañado por un guitarrista proclive a la improvisación, curtido en los puntales del flamenco y vanguardias musicales. El duende de Manuel Molina era omnipresente.

Las letras de Juan Manuel Flores Talavera (1943-1996) sólo pudo cantarlas Lole Montoya. Estuvieron en los tres primeros álbumes del dúo. Sus poemas son sensibilidad, nubes, río, jardines, flores, naturaleza, fauna, estética, amor, Triana, gitanerío, Sevilla… Los escribía en servilletas de bar y los leía ante íntimos; no quería focos, ni fama, ni ese arte convencional que se premia por las instituciones. La poesía de Flores es canto al hombre y la mujer; es de fraternidad y a toda la creación. Flores mereció por su literatura y bohemia vital una tesis doctoral y antología póstuma. El mejor legado es que Lole no le olvide, única superviviente del trío, cantándolo.

El polifacético productor Gonzalo García-Pelayo fue quien lanzó a Lole Manuel. El dúo desparramó su arte por continentes y países en siete álbumes (Nuevo día-1975, Pasaje del agua-1976, Lole y Manuel-1977, Al alba con alegría-1980, Casta-1984, A Manuel de Falla-1992 y Alba Molina-1994) y conciertos multitudinarios.

Lole Montoya, según despejó el tiempo, sigue artista en el siglo XXI sin dejar de serlo nunca. El sedimento de ese don lo comparten legión de seguidores; sospechamos será imperecedero. La carrera en solitario de Lole Montoya no despertó tanto interés que cuando era pareja musical, y de vida, con Manuel Molina. Sólo lega tres álbumes su discografía: Liberado-1996, Ni el oro ni la plata-2003 y Metáfora-2008.

Momentos del homenaje a Lole Montoya en Sevilla. Fotos: Agencia Andalucía Viva.

8M en Sevilla: El homenaje

La tarde-noche del domingo 8 de marzo en la capital de la Giralda tenía muchas propuestas y miedos antes de pandemia del coronavirus que vació calles y escenarios. Una macro-manifestación del 8M –la precedieron otras tantas matutinas– congregó a casi 30.000 militantes de la causa, un partido Betis-Real Madrid –ganaron 2-1 los verdiblancos y apearon del liderato de 1ª a los blancos– competían las mismas horas que Lole Montoya recibía un tributo de mujeres cantantes, todas de primera línea: Pasión Vega, Rocío Márquez, Niña Pastori, Estrella Morente, Lamari ‘Chambao’, Diana Navarro, Angelita Montoya y Mara Rey siendo la gestora Alba Molina.

Un nuevo escenario, Cartuja Center Cite -cercano al Guadalquivir y a esa Triana de la Montoya- fue el escenario del homenaje. Lleno a rebosar de incondicionales de la voz y señorío de Lole Montoya. El personal recibió en pie a la gitana, vestida del mismo blanco que la empata con la bondad, humildad y discreción que la caracteriza. Un dúo musicado con su hija Alba Molina, -vestía de negro por respeto a quien la parió- fue electrizante. Otros duetos conmovedores con Pasión Vega, Estrella Morente (admitió, emocionada, haber cumplido un sueño levantando al personal de sus asientos con aplausos), Niña Pastori y con Angelita Montoya acreditaron que la Lole está, repetimos, intacta sobre la de décadas atrás…..

Las letras de Flores fueron desgranadas, fueron recitadas con el mimo y cariño que Lole Montoya dedicó al poeta, sin obviar al imprescindible recuerdo de Manuel Molina, a cuya memoria dedicó el homenaje que recibía. La dignidad de la faraona gitana está impoluta como su voz. Flores y Molina resucitaron acariciados por las cuerdas vocales de la Montoya:

Todo es de color.

Todo el mundo cuenta sus penas

pidiendo la comprensión,

quien cuenta sus alegrías

no comprende al que sufrió.

Señor de los espacios infinitos,

tú que tienes la paz entre las manos,

derrámala Señor te lo suplico

y enséñales a amar a mis hermanos.

Enséñale lo bello de la vida

y a ser consuelo en todas las heridas

y amar con blanco amor toda la Tierra

y buscar siempre la paz, Señor,

y odiar la guerra,

Todo es de color.

De lo que pasa en el mundo,

por Dios que no entiendo «na»,

el cardo siempre gritando

y la flor siempre «callá».

Que grite la flor

y que se calle el cardo

y todo aquel que sea mi enemigo

que sea mi hermano.

Sigamos por esa senda

a ver que luz encontramos,

esa luz que está en la tierra

y que nosotros apagamos.

Señor de los espacios infinitos,

tú que tienes la paz entre las manos,

derrámala Señor, te lo suplico,

y enséñales a amar a mis hermanos.

Todo es de color.

Momentos del homenaje a Lole Montoya en Sevilla. Fotos: Agencia Andalucía Viva.

Lole Montoya cantó, con el mismo ímpetu de décadas atrás, el fascinante ‘Cuento para mi niño’ de Flores y Molina. Generó aplausos infinitos a la gloria de quienes elaboraron unas letras emotivas:

‘Niño…

Érase una vez

una mariposa blanca

que era la reina

de todas las mariposas del alba.

Se posaba en los jardines

sobre las flores más bellas

y le susurraba historias

al clavel y a la violeta.

Feliz la mariposilla,

presumidilla y coqueta

parecía una flor de almendro

mecida por brisa fresca.

Mas llego un coleccionista

mañana de primavera

y sobre un jazmín en flor

aprisionó a nuestra reina,

la clavó con alfileres

sobre cartulina negra

y la llevó a su museo

de breves bellezas muertas.

Las mariposas del alba

lloraban por la floresta.

Sobre un clavel se posó

una mariposa blanca

y el clavel se molestó,

blanca la mariposa

y rojo el clavel,

rojo como los labios

de quien yo sé’

El público se sabía las letras; las cantaba bajito. El tronío vocal de la Montoya rebotaba el homenaje que recibía en sus almas en la guitarra y letras de Molina y Flores. El trío del que hablábamos sigue incólume, como la voz mágica y única de una Lole Montoya espléndida.

Celebrar el Día de la Mujer una gratitud pública a Lole Montoya no fue, ni de lejos, un capítulo del folklore en clave ‘Andalucía, la que divierte’ que cantara Pepe Suero, o la Sevilla y Triana o el Rocío en clave feriante. Las cantantes que besaban, abrazaban y agradecían a Lole Montoya su vanguardia, su ser libre cuando estaban presas muchas mujeres, era reconocer en ella su coraje, saber-estar, ese grito que vindica lo importante.

Lole Montoya fue una adelantada en un mundo de puristas, de intolerantes que se rasgaron las vestiduras después con Camarón, Paco de Lucía y rockeros que fusionaron el ‘flamenkito’ o los que lo orbitaron en el Blues, el Jazz un flamenco que ya debe conocer fronteras. La ubicación de ese arte hacia distintos universos se basas en la lucha desde los escenarios y estudios de mujeres como una Montoya irrepetible.

Lole Montoya subió, al final del espectáculo, más la temperatura ambiente. Todas las artistas, junto a impecables y aplaudidos guitarristas (Joselito Acedo, El Perla, Paquito Iglesias), palmeros (El Torombo, Petete, Manuel Valencia y Cantarote) y el piano de Alejandro Cruz, se unificaron para una jam sesión conjunta que resultó emotiva y muy aplaudida.

Durante el homenaje varias artistas cantaron ‘a capela’, incluyendo el final del espectáculo. Las magníficas condiciones acústicas del auditorio lo permitieron. El silencio, respetuoso, del respetable en el Cartuja Center Cite calca el de los mejores escenarios españoles. A Lole Montoya sólo resta felicitarla por su merecido e inolvidable homenaje.

Ella estaba contenta pues son muchos años los que arrastra con un patrimonio que fue recogida por toda una generación artística que sigue repartiendo el mejor cante por el mundo. Los angloparlantes dirían de Lole Montoya al despedirse de su homenaje que tiene ‘Touch of class’; los francófonos, ‘charme’. Lole Montoya durmió el 8M feliz. Los tributos que recibió en su corazón no fueron lisonjas, fueron deseos para que disfrute una larga vida.

Ese señorío gitano, de mujer con determinación se repitió que era la madre de una generación artística. Confirmamos, además, porqué será también la abuela cariñosa, generosa y tierna que todos tenemos en nuestras mentes. Como casi todas las artistas que homenajearon a la Montoya, le deseamos larga vida a una artista imprescindible.

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