Todo el mundo recuerda el poco ético publirreportaje de Mediaset en el que Ana Patricia Botín recorría Groenlandia junto a Jesús Calleja y se sentía muy compungida por los efectos del cambio climático. Del mismo modo, el Santander anunció a bombo y platillo el año pasado cómo era uno de los bancos sostenibles más importantes del mundo. Pura palabrería, puro teatro. No son más que campañas de lavado de imagen porque la realidad es muy otra.

Según el informe Banking on Climate Change Fossil Fuel Finance Report 2020, al que ha tenido acceso Diario16, el Santander es uno de los tres bancos que más ha aumentado su inversión o financiación a empresas y proyectos altamente contaminantes.

Desde que se firmaron los Acuerdos de Paris, 35 bancos de diferentes países, entre los que se encuentra la entidad presidida por Ana Patricia Botín, han realizado operaciones financieras con la industria de los combustibles fósiles por valor de 2,4 billones de euros en la industria que más daño hace al medio ambiente.

En este periodo, el Santander ha financiado o realizado operaciones por valor de 23.000 millones de euros a empresas que provocan el cambio climático. Según el informe, el banco presidido por Ana Patricia Botín casi ha duplicado sus operaciones con estas compañías o sectores altamente contaminantes. En concreto, pasó de 4.626 millones en 2018 a 8.073 en 2019, 2.000 millones más que todo el beneficio del ejercicio anterior.

Uno de los puntos en los que la inversión del Santander ha aumentado de manera exponencial ha sido el de las arenas bituminosas, es decir, uno de los combustibles más sucios y contaminantes del planeta. Según diferentes informes de la Unión Europea, la huella de carbono de estas arenas bituminosas es un 23% peor que la del petróleo. Además, los trabajos mineros que son necesarios para su extracción arrasan los bosques boreales.

Por otro lado, Santander ha multiplicado por seis sus inversiones en prospecciones petroleras y gas en el Ártico. El banco presidido por Ana Patricia Botín ha duplicado su inversión en gas natural licuado, un combustible muy al alza pero que provoca importantes fugas de metano, un gas que provoca el calentamiento global.

El Santander ha cerrado operaciones financieras con empresas de la industria de los combustibles fósiles en distintos países del mundo, sobre todo en lo relacionado con el fomento de carbón en Europa. Así, Santander Bank Polska ha concedido financiación a la empresa Polska Grupa Energetyczna, cuya actividad está basada en un 91% en la quema de carbón, además de planes de extensión de minas en Turow (Polonia).

Los hechos reflejados en el informe contrastan con el mensaje que quiere transmitir el Santander al mundo. Ana Patricia Botín aseguró en la Cumbre COP25 que «el cambio climático es el mayor reto al que se enfrenta el mundo, y nos exige a todos tomar decisiones». No tuvo bastante con esas palabras, sino que tuvo el valor de asegurar que el Santander «es uno de los mayores proveedores de financiación verde del mundo». Además, se comprometió que la entidad que preside incrementaría «las acciones para apoyar cada día más la transición hacia un modelo energético y productivo sostenible».

Ante esta situación, ante estas falsedades amorales, ¿quién puede seguir confiando en el Santander, un banco que se autodenomina sostenible pero que casi duplica sus operaciones con las empresas y los sectores más contaminantes? ¿Cómo pueden permitir los accionistas, sobre todo los grandes, que se siga maltratando de este modo el nombre y la reputación de su banco?

Esta mala reputación, estas añagazas, este falso compromiso con todas las causas que le puede servir al Santander para lavar su imagen no es más que un modelo de actuación inmoral. No puede ser que Ana Patricia Botín pasee por los glaciares de Groenlandia, se sienta mal por cómo está afectando el cambio climático en el mundo y, por otro lado, esté financiando o invirtiendo más de 8.000 millones de euros en las industrias más contaminantes. La mejor confirmación de que su compromiso con el medio ambiente no es más que una cortina de humo es, precisamente, que aparezca entre los bancos que más financian del mundo a los sectores que más están acelerando el calentamiento global.   

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