Ayer más de 200 mujeres con presencia pública firmamos un manifiesto. En él pedimos que la violencia y acoso que sufrimos sea considerada tortura.

Hemos reaccionado con la agresión que acaba de sufrir Irantzu Varela, periodista y activista, a quien golpearon en su propio domicilio hace unos días. La iniciativa la puso en marcha Cristina Fallarás, compañera periodista que lleva años denunciando las amenazas, agresiones y el pánico que le supone salir a la calle cada día.

Ana Pardo de Vera denunciaba también la semana pasada los insultos y amenazas que recibe de manera continua en redes sociales.

Entre las firmas, tantas y tantas mujeres que estamos hartas, que vivimos desesperadas una situación que se ha convertido en algo peor que una pesadilla. Que en muchos casos estos terribles hechos de los que somos víctimas nos han unido, como me ha pasado con Sonia Vivas, una mujer valiente que lleva años sufriendo un acoso brutal, con denuncias falsas incluídas.

Yo misma sé de lo que estoy hablando. En 2013 recibí amenazas a través de las redes sociales: hice lo que tenía que hacer, que fue acudir a la Policía Nacional a interponer la denuncia pertinente. En aquel momento, recuerdo perfectamente que me dijeron que el día anterior había estado en ese mismo lugar denunciando otra periodista que también trabaja en televisión. En mi caso, la denuncia presentada ante la Policía Nacional se traspapeló y tuve que acudir de nuevo para constatar que los medios de los que se disponen dejan un margen abierto escalofriante para quienes se aprovechan del anonimato en las redes.

No fue la única ocasión en la que por desgracia he tenido que acudir a una comisaría a poner una denuncia por este tipo de cuestiones. La realidad que vengo viviendo, junto a mi familia, desde el pasado mes de junio, es una auténtica tortura.

Después de recibir una serie de mensajes «extraños» que un usuario de twitter me había escrito públicamente, recibí una llamada en la puerta de mi casa una tarde de junio. El acosador de las redes había pasado a actuar presencialmente. Había encontrado mi casa, se había atrevido a hacer cientos de kilómetros desde Francia para presentarse ante mi puerta.

Afortunadamente en mi caso la policía local del pueblo donde vivo actuó de inmediato y procedió a identificar a este sujeto. Una persona a la que yo no conocía de nada, y que, de verme en la tele, se creía con derecho a invadir mi intimidad. Este sujeto decidió alojarse en un hotel cercano a mi localidad donde estuvo un mes. Desde allí su principal actividad fue crearse distintas cuentas de twitter y no dejar de escribirme mensajes, cada cual más extraño, cada cual más incomprensible, cada cual más generador de pánico. Eran amenazas, eran delirios.

La primera denuncia que presentas te ubica un lugar donde te sientes extraña, te sientes cuestionada y tienes la sensación de que no se te toma en serio. Hace unos días, otra mujer que sufre acoso por parte de este mismo «señor» (es alguien que lleva años acosando a mujeres, que tiene ya denuncias puestas, y que es peligroso), tuvo que soportar que un agente no quisiera redactar la denuncia pertinente y le contestase: «Señora, pues quítese twitter y vivirá más tranquila». Este fue el trato dado por parte de un agente de policía a una mujer que estaba en pánico sabiendo que este personaje andaba cerca de su casa, después de haber presentado ya una denuncia previa de acoso.

Como decía, después de un mes en el que la primera orden de protección fue denegada por el juez, al considerar que no era lo suficientemente grave que un señor cogiera una moto, recorriera 800 kilómetros y se plantase en mi casa, después de haber estado enviándome mensajes sin parar, decidimos protegernos todo lo posible. Averiguar toda la información que estuviera a nuestro alcance. Y dimos con la familia del sujeto que nos confirmó que se trata de una persona con graves problemas de salud mental, que ha sido denunciado en varias ocasiones por acoso a mujeres, que han intentado ingresarle en centros psiquiátricos y que no hay manera de que se tome la medicación que necesita. Alguien que vive solo y a quien nadie controla.

Un conejo degollado, más amenazas de muerte y la reincidencia al volver a presentarse en nuestro domicilio hizo que, por fin, fuera detenido y el juez ordenase protección para mi y mi familia, prohibiéndole acercarse a nosotros, venir a nuestro pueblo y comunicarse de cualquier manera conmigo. Ese auto recogía expresamente que no podía hacerse pública ninguna parte del texto donde se hiciera referencia a datos personales de quienes formábamos parte del procedimiento. Fueron horas lo que este señor necesitó para publicarlo en redes sociales, rompiendo así la orden judicial el mismo día en que fue dictada.

Se marchó a su casa, al país vecino, donde sabe que de alguna manera se siente más impune debido a la burocracia existente. Y desde allí siguió escribiéndome desde las múltiples cuentas que se ha ido creando. Y mientras lo hacía (mensajes que yo jamás he respondido), también se dedicaba a acosar a otras mujeres. Llegando a suplantar la identidad de algunas, creándose cuentas en redes sociales idénticas a las de sus víctimas, generando en ellas una sensación absoluta de miedo y descontrol. Alguna ya ha denunciado también.

Seis meses acudiendo a poner nuevas denuncias, ampliándolas, recabando datos, pruebas. Pidiendo ayuda a su familia, a la Guardia Civil, a los mossos, al Consulado español en Perpignan, a la Gendarmería francesa. A donde sea. Porque este señor continúa, porque a medida que constata que no le respondo, su agresividad aumenta.

Tener que solicitar protección policial, ir escoltada a trabajar es el último episodio. Y muy agradecida a los agentes que han hecho un trabajo magnífico.

La justicia lleva su curso, que en este caso es lento. Terriblemente lento. Porque con una persona como esta, que tiene un largo historial, que es peligroso, una se pregunta a qué están esperando para tomar medidas que realmente nos hagan sentirnos protegidas. No solamente respecto a nosotras, las víctimas, sino contundentes respecto al agresor, de quien tienen sus datos, su domicilio.

A veces las víctimas tenemos la sensación de que este sistema está pensado para actuar cuando ya ha pasado algo. Cuando ha pasado lo que veníamos intentando evitar que pasara. Cuando te ves en esta situación entiendes por qué hay casos en los que la víctima había tenido que denunciar tantísimas veces antes de un terrible final.

Nadie debería sentir cuando acude a denunciar que no se le protege. Que su versión se pone en duda, o incluso que un agente se niegue a tomar nota de una denuncia de la que después deberá conocer un juez. Ese «pues quítese twitter, señora» es inadmisible cuando una víctima acude a una comisaría a pedir ayuda.

Esta situación es una tortura para quienes lo sufrimos, para nuestros familiares, nuestros seres queridos que viven junto a nosotras en vilo cada día que pasa. Es frustrante darse cuenta de que el sistema, de alguna manera, parece proteger más al agresor, que sigue campando a sus anchas, en lugar de tomar medidas contundentes que sirvan para dar un mensaje claro: al delincuente pero también a quienes se sienten impunes. Es urgente tomar medidas que realmente nos protejan. Priorizar ante todo la seguridad de las víctimas, visibilizar lo que nos sucede y agilizar una burocracia absolutamente injusta que está haciéndonos todavía más daño a quienes necesitamos respuestas urgentes.

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4 Comentarios

  1. Beatriz.. el sistema de valores del mono, o sea, aquel del cual, tu, por tu mera calidad de periodista eres participe, es pura irracionalidad, absurda e iinecesariamente competitiva, producto de creer ser justo lo contrario, de lo que por imperativo natural puede ser

    Beatriz, no se puede nadar y guardar la ropa. Yo, no lo he hecho jamas. Me llamo Javier, y resido en Toen, Ourense

  2. Nadie debe ser señalado o perseguido o discriminado en lo más mínimo por su sexo, por su género, por su raza.
    Toda persona debe encontrar amparo y protección en un estado de derecho sin sufrir la más mínima discriminación

    Los hombres heterosexuales han quedado en desamparo en leyes de autor y tribunales que les juzgan por su sexo.
    Se han olvidado de los hombres.
    Solo son recordados para ser criminalizados de forma directa o indirecta desde absolutamente todos los ámbitos, medios e instituciones desde la mayor industria multimillonaria.
    De la misma manera que se señaló, criminalizó y vulneraron derechos fundamentales a las personas homosexuales creando un estigma de odio contra ellos.
    Precisamente por quienes por su responsabilidad política, pública e institucional están obligados a llamar a la calma y a la razón desde los medios para decir que un delito cometido por un hombre, mujer, blanco, negro, homosexual, heterosexual.., solo representa al despreciable ser que lo comete, pero que tras crear leyes terribles contra los hombres, hacen absolutamente lo contrario.
    Instrumentalizan uno a uno los delitos, pero solo cuando son cometidos por un hombre e ignoran la violencia física, psicológica e institucional de unas leyes terribles cuando lo sufren ellos.
    Solo son recordados y hechos visibles para ser dibujados cada día como el peor de los monstruos. Para intentar justificar ante la sociedad la ley terrible y atroz y el estigma de género creado contra ellos.
    La diferencia entre concienciación y criminalización es infinita.
    Cuando se vulnera el derecho de igualdad ante la justicia, aunque sea en lo más mínimo, toda pretendida campaña por la igualdad y contra la discriminación sexista, se convierte en la peor de las burlas.
    Se han olvidado de quienes están en la cara negativa de la ley.
    Se han olvidado de los hombres, lo mismo que un virus a nadie importa, si no es la manera de eliminarlo.
    Lo mismo que negros y judíos a nadie importaron cuando fueron considerados un problema de Estado.
    Se crearon las mismas leyes de autor, tribunales que segregan por sexos o razas, y el mismo señalamiento ahora creado contra todo varón heterosexual en el derecho penal de autor de las leyes de género.
    Nadie ha pensado nunca en los hombres como personas desde que en 2004, con la creación del estigma «de género» se destrozó el principio fundamental de igualdad ante la ley.
    Princio fundamental que marca la diferencia entre un ataque sexista, racista, xenófobo religioso político o de cualquiera otra índole.
    Esto jamás tendría que haber ocurrido.
    Es el inicio de cualquier crimen de odio.
    Dada la naturaleza humana se dio un cheque en blanco para cometer el mayor crimen sexista de nuestro tiempo.
    Donde lo peor no son las leyes escritas, sino lo que ya se ha hecho, y que no está escrito.
    La ley es solo un cheque en blanco hacia la más terrible injusticia.
    Nada se dice en esta ley que se crearían tribunales repartidos por toda España donde solo se juzgaría a hombres heterosexuales, y donde los jueces no fueran especializados de forma obligatoria en su imparcialidad, sino en «perspectiva de género»
    Las gravísimas violaciones de derechos humanos fundamentales al hombre no han parado de crecer y avanzan cada día.
    Ninguna sociedad puede convivir con el estigma y la vergüenza de trasmitir a sus propios hijos varones una ley menor que les juzgará por su sexo.
    Toda igualdad, toda razón, y toda lógica,
    estará construida mentira sobre mentira.
    La «perspectiva de género» es el mayor crimen sexista y atentado contra los derechos humanos de nuestro tiempo.
    La única perspectiva que se puede aplicar a la justicia es la perspectiva de la imparcialidad total y absoluta.
    La heterofobia es el mayor problema mundial de odio y discriminación sexista subvencionado que asola el mundo.
    Pero es en España donde estas perspectivas de odio disfrazadas de una falsa igualdad, se han materializado en en la creación física de leyes y tribunales donde solo se «juzga» a hombres heterosexuales, haciendo visible la terrible «perspectiva de género».
    La misma «perspectiva» que se aplicó sobre negros y judíos
    Perspectivas que son aplicables en un 100% de culpa sobre cualquier hombre inocente. La misma «perspectiva de raza», que cuando se fomenta el odio, se aplicará en un 100% de culpa sobre blancos, negros, o amarillos.
    Tales aberraciones no ocurrían desde la persecución antijudía y el apartheid.
    Las leyes de género y su ideología son el mayor ejemplo de manipulación de la realidad de nuestro tiempo, la mayor injusticia disfrazada de una falsa igualdad sobre la que se ha construido el más macabro y multimillonario negocio de odio y señalamiento, que ha dado pie a violaciones esperpénticas de derechos humanos.
    Ninguna injusticia hecha ley puede ser solución a ningún problema, mucho menos servir de ejemplo y concienciación contra la discriminación sexista, porque la propia ley es el más atroz y brutal sexismo que nos transporta a los peores tiempos de la Inquisición y la Edad Media.
    Nadie que sea consciente de la terrible realidad de las leyes de género las defendería.

  3. Quien siembra viento recoge tempestades.

    Vaya por delante mi más enérgica condena a todos los acosos. Pero hay que denunciar la hipocresía y la doble vara de medir Beatriz. Cuando los independentistas acosaban a los padres de Albert Rivera con pintadas en su comercio Beatriz tuiteaba esto. «El bulo que pretenden que nos traguemos es que la pintada es de «indepes». Beatriz en lugar de defender a las victimas se ponía de parte de los verdugos.

    La periodista Anna Grau acosada por parte del independentismo catalán denunció a Betriz como una de sus más notables acosadores.

    El Español. «Tras años de acoso y derribo por parte del ala más dura del independentismo catalán, Anna Grau no puede más. No solo hace un llamamiento a la prensa y a las autoridades para reaccionar ante esta realidad, también pone nombre y apellidos a sus acosadores más notables: Beatriz Talegón, Jair Domínguez y Albano Dante Fachín»

    Beatriz también defiende que haya libertad de acoso y odio siempre que este odio y acoso se dirija a los otros. Beatriz considera «libertad de expresión» estas lindezas que escribe y canta Valtonyc.

    «Que tengan miedo como un guardia civil en Euskadi»
    «A ver si ETA pone una bomba y explota”
    «Para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando
    revienten sus costillas, brindaremos con champán»

  4. A ese maldito acosador se le curaba de un día para otro dándole su propia medicina. Es muy eficaz y hace efecto en el momento. Solo es necesario cautela y un buen plan.

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