La Covid19 nos está causando un inmenso dolor, sin ninguna duda. Pero ayer una amiga me contaba cómo esta circunstancia había eliminado los techos de cristal que antes le impedían canalizar su talento para ayudar a los restaurantes en su transformación digital y a conseguirles beneficios con el marketing online. Lo cual, me llevó a plantear, a través de Whatsapp, a una serie de conocidos, con nocturnidad y alevosía, si podrían decirme alguna cosa positiva que haya provocado el coronavirus.

Hubo quien lo vió y no contestó, otros que dijeron que no había nada positivo y, para mi sorpresa, una cincuentena de respuestas positivas de lo más variopintas.Tantas que me arme de valor y le envíe el mensaje a un amigo que, con 40 años, había estado 40 días en coma inducido a causa del coronavirus, perdió 25 kilos en el interín y ha tenido que volver a aprender a andar, entre otras actividades básicas.

Su reflexiones son dos: por un lado, la humanidad que ha encontrado en el personal del hospital, desde los doctores al personal de limpieza, recibiendo un apoyo incondicional como enfermo. Porque nadie es menos que nadie, todo el mundo suma, no podemos recorrer este camino solos, de hecho, agradece tanto el contacto directo como los mensajes de ánimo que le siguen enviando sus amigos. Por otro lado, ha aprendido a ser paciente, porque cada proceso necesita su tiempo y, si lo aceleras, supondrá sufrir secuelas físicas y mentales.

Por otra parte, la hija de 8 años de una amiga se adueñaba del móvil de su madre y me respondía con un enfervorecido audio: “mi punto de vista es que tengo más tiempo a mi mamá en casaaaaaa”. Lo cual enlaza con muchas de las respuestas obtenidas en torno al teletrabajo y la conciliación familiar, así como con la cantidad de reuniones inútiles y desplazamientos sin sentido que hacíamos antes, siendo ahora mucho más eficaces con el tiempo.

Hablando de familia, una amiga decidió ser madre para traer nueva vida al mundo, priorizando su vida personal a su laureada carrera profesional como directiva, y otra estaba encantada de salir embarazada del confinamiento. Otra conocida se ha enamorado hasta las trancas de la persona con la que estuvo confinada, tanto que me anunciaba que se han casado, a la par que citaba a Viktor Franz, el autor de ​El hombre en busca de sentido​: “la vida no se hace insoportable por las circunstancias, sino por la falta de propósito”.

Dando de lleno en la diana, la mayoría de las respuestas apuntaban a que hemos aprendido a ser conscientes de que no necesitamos la mayoría de las cosas, de que somos felices sin ellas, al volver a los básicos. A la vez, hemos descubierto lo frágiles que somos, nos hemos visto obligados a cambiar el concepto de miedo y a bajarnos del pedestal, propinándonos una buena cura de humildad. Y también hemos tenido que reflexionar sobre lo que es verdaderamente prioritario en nuestras vidas.

Dentro del popurrí de cosas importantes, destacan estos temas: por un lado, hemos magnificado las relaciones personales, familiares y con conocidos, viendo quiénes son los amigos de verdad. Por otro, en la medida de lo posible, se desea dejar de vivir hacinados en

pisos y soportando atascos contaminantes; algunos han recuperado la casa de la abuela en la montaña, y le dan vida a la escuela rural que puede ser la nueva referencia educativa.

Hemos aprendido a que es más sano apagar la tele y dejar de consumir noticias incendiarias para estar de mejor humor y tener un juicio propio menos turbio. Y, además de esperar que se descarbonice la economía, ya no podremos olvidar jamás la relevancia de determinados servicios públicos que no echas de menos hasta que te faltan.

Por mi parte, a pesar de la distancia que nos separa al vivir en diferentes ciudades, me he acercado mucho más a mis padres: desde el 14 de marzo, hacemos una videollamada diaria de Whatsapp, aunque la llamemos Zoom.

Puede que lo prioritario sea vivir en paz.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre