La cuestión lingüística es un tema recurrente en la vida política, judicial,  educativa y también en los medios de comunicación de Cataluña. Por eso, siguiendo los pasos, entre otros, de Aristóteles (Ética a Nicómaco) y de Fernando Savater (Ética para Amador), con la primera entrega de lo que podría ser tildado de “Lingüística para Nacionalistas”,  inicio la publicación de una serie de reflexiones, para desvelar el “raca raca” de las mentiras sobre la política lingüística en Cataluña. En ellas, iré desgranando y analizando, no desde lo políticamente correcto sino desde el punto de vista de esa ciencia llamada “lingüística” y de las ciencias de la educación, las mentiras propaladas  —como papagayos y sin ton ni son—  por los seguidores de la fe nacionalista, sobre los efectos salutíferos de la “política lingüística” catalana. Estos textos pretenden ser complementarios de otros muchos, publicados en diferentes medios, donde se ha analizado la cuestión lingüística de Cataluña desde otros puntos de vista.

¿El catalán, lengua propia de Cataluña?

Hoy  nos centraremos en una primera mentira, lamentablemente recogida ya en los textos legales de Cataluña. En efecto, desde el Estatuto de Cataluña de 1979 hasta la Ley de Educación de Cataluña (LEC) de 2009 —y pasando por la Ley de Normalización Lingüística (1983), los Decretos de Bilingüismo (1992), la Ley de Política Lingüística (1998) y el nuevo Estatuto de 2006)— se afirma machaconamente que “la lengua propia de Cataluña es el catalán”. Ahora bien, esta aseveración es una afirmación gratuita y carece de toda apoyatura científica, lógica, racional y razonable. Es simplemente una invención interesada y partidista de la casta política catalana nacionalista-independentista, “la mayoría de la cual ha surgido del ‘todo a cien’ de los partidos”, Pilar Rahola dixit. Es, en definitiva, una patraña, la primera y fundamental mentira, que ha servido de piedra angular sobre la que se han construido, como tendremos ocasión de demostrar en esta serie de textos, las otras mentiras relativas a la normalización, a la inmersión y, en general, a la política lingüística en Cataluña.

La facultad del lenguaje

A pesar de que Rabelais haya escrito que “le rire est le propre de l’homme”, a pesar de que ciertos etólogos hayan afirmado que lo que diferencia al hombre de todos los otros seres vivos es su capacidad de tener comercio carnal “any time, any where”, lo que realmente singulariza al ser humano es el “lenguaje”, es decir su capacidad de comunicar con otros seres humanos por medio de esos sistemas de signos llamados “lenguas naturales”.

La facultad del “lenguaje” es una facultad “innata”. En efecto, según los biólogos, todo recién nacido posee, en su bagaje genético, el o los gen(es) que le va(n) a permitir aprender y utilizar una o varias lengua(s) natural(es). Por otro lado, se trata de una capacidad “en potencia” o “virtual”. Por lo tanto, se debe desarrollar y, para ello, son necesarios dos soportes: un “soporte social” (el recién nacido debe crecer y desarrollarse en el marco de una comunidad humana, en el seno de la cual tendrá los contactos lingüísticos necesarios); y un “soporte fisiológico o somático” sano (el recién nacido no debe padecer ninguna malformación o enfermedad en los llamados “órganos de la palabra”). Finalmente, el “lenguaje”, como los yogures, es una facultad con fecha de caducidad. Por eso, debe desarrollarse en los primeros años de vida del recién nacido.

Sin estos dos soportes y sin este imperativo temporal, la facultad del lenguaje no llegará a desarrollarse o se desarrollará mal. Pensemos en el niño sordo, que será mudo; pensemos también en el héroe de la película de F. Truffaut, “L’enfant sauvage” (1970), que no aprenderá tampoco a hablar. Estos niños no pueden desarrollar la facultad del lenguaje (es decir no pueden aprender a hablar las lenguas naturales), ya que han sido privados, en los primeros años de vida, de los contactos-soportes necesarios, ya sea por el silencio (cf. niño sordo, que será un niño sordo-mudo), ya sea por la soledad (cf. el “niño salvaje” de F. Truffaut).

Es una verdad de Pero Grullo (aquél personaje de leyenda urbana del pasado que a la mano cerrada llamaba puño) que, a pesar de que  todos los seres humanos nazcan con la “facultad del lenguaje”, no todos los hombres hablan la misma lengua. En efecto, la “facultad del lenguaje” no se manifiesta de la misma forma en todos los seres humanos, sino que se cosifica en una gran diversidad de lenguas. A pesar de estar ya en el siglo XXI, no se conoce con exactitud el número de lenguas habladas en el mundo. Se suele avanzar la cifra estimativa de unas 6.000 lenguas.

De las lenguas propias de los catalanes

A partir de estas contribuciones de las ciencias del lenguaje, podemos afirmar y afirmamos que los únicos que tenemos la facultad del lenguaje y, por lo tanto, una “lengua propia” somos los seres humanos que vivimos y trabajamos en Cataluña, pero nunca el territorio de Cataluña. Precisado esto, debemos constatar que, en las tierras de Cataluña, conviven seres humanos, venidos de todos los horizontes peninsulares y del mundo que, impelidos por la facultad del lenguaje, han creado una serie de lenguas para relacionarse y comunicarse con los demás. Por lo tanto, si los ciudadanos de Cataluña somos los únicos que poseemos la facultad del lenguaje, somos también los únicos que tenemos una lengua propia.

Ahora bien, los ciudadanos catalanes no tenemos una lengua propia única, sino una gran diversidad de lenguas propias. En efecto, a las dos lenguas propias (español y catalán) de las dos partes más numerosas de la comunidad lingüística catalana, hay que añadir las lenguas propias de esos otros catalanes, llegados de otros puntos del planeta. Por lo tanto, afirmar que “la lengua propia de Cataluña es el catalán” es hacer un uso inapropiado, interesado, manipulador, torticero y engañoso de la palabra por parte de los guardianes de las esencias nacionalistas.

Desde el campo de la filosofía se llega a la misma conclusión. Jesús Mosterín habla de “error categorial” cuando se confunden las categorías y se usa un concepto fuera de su campo de aplicación y se traspasan las fronteras del sentido y se cae en el sinsentido. Esto sucede cuando se predica una cualidad de algo que no la tiene (por ejemplo, se puede decir del número 6 que es divisible por 3, pero no del color amarillo) o cuando se atribuyen a un sistema entero propiedades de uno de sus elementos o la inversa (por ejemplo, un país tiene características —población, renta per cápita, etc.— que no tienen sus habitantes; y los habitantes de ese país tienen también propiedades —sexo, peso, lengua, etc.— que no posee el país). Así, desde el punto de vista filosófico,  podemos afirmar y afirmamos, con J. Mosterín, que “la lengua es un atributo de la persona, no del territorio”. Y cuando la persona (portadora de la facultad del lenguaje) se mueve, lleva consigo su lengua  o sus lenguas propia(s). De ahí que sea falso, por error categorial también, que “la lengua propia de Cataluña es el catalán”. Esto sólo se puede decir o predicar de una parte de los ciudadanos de Cataluña.

Al introducir, en los textos legales de más alto rango, el error categorial y la mentira de que “la lengua propia de Cataluña es el catalán”, los seguidores de la fe nacionalista han seguido, a pies juntillas, las palabras que Jesús de Nazaret dedicó a Simón, hijo de Jonás, “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:18). Y todos sabemos el poder que tiene la Iglesia Católica y dónde ha llegado. La piedra-mentira, que acabamos de desvelar y sobre la que los nacionalistas están construyendo su Arcadia feliz, está incrustada en la legalidad vigente y ahora todo será posible, aunque todo sea un sinsentido. Aquellos que tienen unos valores y una ética, como diría Pasqual Maragall, de geometría variable, deberían reflexionar y rectificar. Como tendremos ocasión de demostrar en otras entregas, que enmarco dentro de la precitada “Lingüística para Nacionalistas”, en Cataluña, la lengua catalana es, cada vez más, un símbolo; y, cada vez menos, un instrumento de comunicación, porque funciona como bandera y como arma en la litis política.


Coda: « Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire » (Ch. Nodier).

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19 Comentarios

  1. Espero un artículo igual dudando que el castellano sea la lengua propia de España. Lo esperaré, claro, bien sentado.

    • Sr. Luis K.:

      0. Ud. pone en duda (“esperaré, claro, bien sentado”) de que yo redacte “un artículo igual dudando que el castellano sea la lengua propia de España”. No siga esperando, ni tenga dudas. Aquí va mi respuesta. Yo no soy de esos que tiran la piedra lingüística y esconden el nombre, tras el gallináceo burladero del anonimato o capando el nombre, como hace Ud. con el suyo.

      1. Ni Cataluña ni España tienen lengua propia. Y esto no lo afirmo yo. Esto se puede aseverar, como lo expongo y argumento en mi texto, desde esa ciencia del lenguaje y de las lenguas, llamada “lingüística”; y también desde el punto de vista filosófico.

      2. En las tierras de Cataluña y de España, no ha germinado, ni crecido, ni madurado ninguna lengua propia. La tierra sólo propicia la aparición de cierta flora y de cierta fauna, incluida la humana.

      3. Precisado esto, debemos constatar que, en las tierras de Cataluña y de España, conviven seres humanos, nacidos aquí o llegados de otras partes de mundo, que, impelidos por el o los gen(es) del lenguaje, han creado unas lenguas o sistemas de signos para relacionarse y comunicarse con los demás.

      4. Por lo tanto, no se puede hablar de “lengua propia de Cataluña o de España”, ni tampoco de “lenguas propias de Cataluña o de España”. Los entes geográficos “Cataluña” y “España” no son ni pueden ser los depositarios, ni los receptáculos de la “facultad del lenguaje” y, por lo tanto, no pueden tener y, menos aún, utilizar una o unas “lengua(s) propia(s)”.

      5. Los que poseemos la “facultad del lenguaje” y, por lo tanto, aquellos que tenemos una “lengua propia” somos los seres humanos que vivimos y trabajamos en Cataluña, (así definió J. Pujol, el del 3%, a los catalanes) y en España. De ahí que los habitantes de Cataluña y de España no tengamos una lengua propia única, sino una gran “diversidad de lenguas propias”, según el ecosistema en el que hemos vivido: Cataluña, España o fuera de ellas. A las dos lenguas propias (catalán y español) de las dos partes más numerosas de la comunidad lingüística catalana y española, se deben añadir, por lo tanto, las lenguas propias de los nuevos catalanes o españoles (unas 100 lenguas diferentes, según un reciente artículo periodístico), producto de los constantes flujos inmigratorios.

      6. Po lo tanto, el uso de la etiqueta “lengua propia” por los nacionalistas-independentistas es un uso inapropiado, inadecuado, interesado, manipulador y torticero de los guardianes de las esencias nacionalistas.

      7. Ahora bien, lo grave y trascendente no es que los nacionalistas tilden de “lengua propia” de Cataluña sólo al catalán, manipulando y tergiversando la realidad, y cerrando los ojos a las aportaciones de una ciencia, la lingüística. Lo grave y trascendente son las implicaciones y las consecuencias sociales, culturales, educativas, laborales, económicas… de la arbitrariedad de tal calificativo, para los ciudadanos que vivimos, trabajamos, estudiamos,… en Cataluña. Le anuncio que esto será materia de próximos análisis y reflexiones, que enmarco dentro de la necesaria “Lingüística para Nacionalistas”.

      Un cordial saludo y, por favor, haga el esfuerzo de leer en profundidad mi texto y, sobre todo, de rumiarlo.

      Manuel I. Cabezas
      2 de junio de 2020

  2. El senyor Cabezas Gonzalez, expert en lingüística on té el cervell?, en el cul o en els peus per donar coces com les mules? Aitals disbarats veuen d’un militant falangista, un coronel de l’exèrcit de la guàrdia civil de la policia secreta?. l’odi senyor Cabezas, demostra que les neurones li han desaparegut substituïdes per munió de creus gammades!

    • Sr. Pineda Fortuny:

      • Sus formas no son de recibo en una comunicación que debe ser siempre regida por la cortesía lingüística. Ud. respira por la herida. Por eso, le dedico, como respuesta, ese aforismo de la sabiduría popular, que reza así: “Ante palabras necias, oídos sordos”.

      • Ud. se ha comportado como el necio de ese otro aforismo tradicional, que le viene a Ud. como anillo al dedo: “cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo”.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      2 de junio de 2020

  3. Propongo un ejercicio intelectual: sustituyan en el artículo dónde pone Cataluña por España, y dónde pone catalán por español. Comprobarán la sarta de memeces vestidas de lenguaje recargado y pseudo científico que hay en el artículo.

    • Sr. Jiménez Massana:

      Le remito a mi respuesta (cf. ci-dessus) al Sr. Luis K y le invito a que haga una lectura reposada y meditada del texto, “De la lengua propia de Cataluña”, publicado aquí, en Diario 16.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      2 de junio de 2020

  4. No doy crédito. Parece más artículo de opinólogo que de profesor universitario. Coincido con el resto de comentarios: hay que cambiar «catalán» por «español» y «Cataluña» por «España», a ver si entramos en el mismo «error categorial». También hablamos lenguas que no son las «propias», como el inglés, que más que ser propias, nuestras, se han apropiado de nosotros mismos.

    • Sr. Jiménez Millán:

      • Como al Sr. Jiménez Massana, le remito a la respuesta que he dado al Sr. Sr. Luis K. (cf. ut supra).

      • Le preciso que, en mi texto, no opino. Simplemente describo y analizo un aspecto de la realidad lingüística de Cataluña y, para ello, traigo a colación nociones, saberes y aportaciones sólidas y firmes de esa ciencia llamada “ LINGÜÍSTICA”.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      2 de junio de 2020

  5. Me sorprende Sr. Cabezas que su referencia intelectual la haga usted respecto al catalàn con 10 millones de hablantes a lo sumo y no respecto al castellano con unos 580 millones. Cuando uno se centra en criticar las «apropiaciones» de un nacionalismo y olvida el otro obviando las brutales diferencias numéricas está haciendo política. Usted hace política vestida de pseudo ciencia lingüística.

    • Sr. Jiménez:

      • Por su nuevo “feedback”, tengo la impresión de que Ud. no ha leído mi respuesta a su primera reacción. Le remito nuevamente a lo que le expuse al Sr. Luis K.: el mismo razonamiento lingüístico puede ser aplicado al catalán y al español.

      • Le recuerdo que, antes de ponerse delante del teclado del ordenador, hay que informarse y reflexionar para saber lo que se quiere y se va a decir. De lo contrario, se escribe “al sabor de la boca” (sin fundamento), se pontifica sin argumentar y se deja, en consecuencia, una huella digital muy negativa. Esto es lo que ha hecho Ud.

      • Le he dicho lo que precede, porque Ud. me acusa, sin ninguna argumentación, de hacer política con una “pseudo ciencia lingüística”. ¿Cómo se permite Ud. tal afirmación, si no sabe ni lo que es ni de qué se ocupa esa ciencia llamada “LINGÜÍSTICA”? Por otro lado, también afirma que el catalán es hablado por 10 millones de locutores. ¡Menos lobos “Caperucito”! Se ha pasado Ud. de millones. Está visto que soñar no le cuesta nada.

      • Por cierto, le recomiendo la lectura de un texto, que publiqué hace varios meses, titulado “DEL ARTE DE CALLARSE”. Puede encontrarlo vía Google. ¡Buena lectura y mejor digestión!

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      3 de junio de 2020

  6. Señor Cabezas, agradezco su respuesta. Esta cuestión se ha de tratar profundamente en los círculos académicos, donde hay personas de su mismo nivel que discrepan. Con argumentos. Lo que está fuera de lugar, y en esto tiene usted toda la razón, es en que la discrepancia nunca debe manifestarse a través de insultos ni descalificaciones. El gran problema que tenemos aquí es que la política ha envenenado el debate lingüístico, y que las lenguas han quedado asociadas a una determinada ideología. El discurso sobre el catalán y el castellano sería muy diferente si se hubiese mantenido una convivencia natural. Pero la historia es bien diferente, y en Cataluña todavía hay gente que recuerda las los insultos, las descalificaciones y las agresiones por hablar en catalán. Ahora hay quien quiere hacernos creer que el franquismo no solo no persiguió el uso público del catalán, sino que incluso lo promocionó. Esto es lo que irrita. Dicho lo cual, por mucho que se esfuercen algunos, nunca conseguirán que aborrezca el castellano. Y esto se lo dice una persona que se ha ganado la vida escribiendo en catalán.

  7. per a Cabezas, Gonzalez, Felip V 1717 va inaugurar la Universitat de Cervera en llengua castellana, havia espoliat i tancat les de Girona, Tortosa, Amposta Vic, Tarragona, Lleida, Barcelona, Primo de Rivera 1923 va destruir les escoles, ateneus popular, indústries, Franco 1936-1939. Assassinar a qui no era falangista, nacionalista espanyol. març de 1938 va ordenar a Hitler Bombardejar Barcelona, gairebé mil assassinats veïns Joan i Manel de 6 i 8 anys i sa mare el pare deprimit va morir de tuberculosi el 1941. governador civil de Barcelona el militar Acedo Colunga aquell anys «NO HICIMOS UNA GUERRA Y LA GANAMOS PARA OIR HABLAR EL CATALAN»

  8. a Cabezas Gonzàlez. Felipe V,el 1717 va inaugurar la universitat en llengua castellana a Cervera, havia espoliat i tancat les en llengua catalana de Tarragona, Amposta, Tortosa, Girona, Vic, Barcelona i Lleida. 1923 Primo de Rivera va destruir escoles, ateneus populars industries, Franco 1936 1939 i perdura el segles XXi, va assassinar a qui no era nacionalista espanyol i falangistes el març de 1938 va fer bombardejar a Hitler, assassinant a gairebé 1.000 persones veïns Joan i Manel de 6 i 8 anys a sa mare, el pare deprimit va morir tuberculós el 1941, aquell any el governador civil de Barcelona el militar Acedo Colunga: «NO HICIMOS I GANAMOS UNA GUERRA PARA OIR HABLAR EL CATALAN»

    • Sr. Pineda Fortuny:

      • El tema abordado y analizado en mi texto, lo explicito ya en el título del mismo: “De la lengua propia de Cataluña”.

      • Ahora bien, en su nuevo y desbocado “feedback”, Ud. se va, de nuevo, por los cerros de Úbeda, olvidándose del tema planteado. Por eso, tiene que reconocer conmigo que, en coherencia, tiene Ud. grandes y graves problemas y debe seguir progresando. Así es imposible tener comercio lingüístico con Ud., ya que mete uvas con agraces

      • Empujado por el precepto evangélico de “enseñar al que no sabe” y sin ánimo de ser pavo real por mi parte, aprovecho su incoherencia para citarle el “principio de cooperación”, formulado por el filósofo británico H. P. Grice y que éste analiza en 4 máximas o reglas, de obligado cumplimiento, si queremos propiciar una comunicación eficaz. Aquí se las presento “gratis et amore”:

      1. MÁXIMA DE LA CANTIDAD: cuando se habla o se escribe hay que proporcionar la cantidad de información requerida, i.e. ni más, ni menos. Si uno da más de lo necesario, eso es perder el tiempo y malgastar las energías; y, si se da menos, la comunicación fracasará.

      2. MÁXIMA DE CALIDAD: cuando se habla o se escribe, uno no puede afirmar algo que sea falso, ni puede verbalizar aquello para lo que no se tengan pruebas.

      3. MÁXIMA DE RELACIÓN: cuando se habla o se escribe, uno no puede irse por los cerros de Úbeda, como hace Ud. Debe ser coherente y mantenerse dentro de los límites del tema que se aborda.

      4. MÁXIMA DE LA MODALIDAD: cuando se habla o se escribe, uno debe ser breve (“Lo breve, si bueno, dos veces bueno. Y, si malo, menos malo”, Baltasar Gracián dixit), uno debe ser ordenado (i.e. debe estructurar u ordenar lo que va a decir), uno debe evitar expresarse crípticamente y uno debe evitar ser ambiguo.

      • Para poner la guinda al pastel de estas máximas, me permito citarle, « de verbo ad verbum » y en la lengua de Molière, una reflexión de un poeta francés del s. XVII, Nicolas Boileau, que reza así: “Ce qui se conçoit bien s’énonce clairement, et les mots pour le dire arrivent aisément”. Rumie y medite esta frase y se dará cuenta de que no ha progresado adecuadamente en las competencias lingüísticas y comunicativas, incluso en catalán, la LENGUA PROPIA DE UNA PARTE DE LOS HABITANTES DE CATALUÑA, pero NO LENGUA PROPIA DE CATALAÑA.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      3 de junio de 2020

  9. Habrá que esperar próximas aportaciones, para saber si las nefastas consecuencias de toda índole que el autor atribuye a esa equivocada idea del catalán en Cataluña, las hace extensibles a la totalidad de un estado que, exceptuando las respectivas comunidades de referencia, no reconoce otra lengua común, «propia», oficial… que el castellano.

    • Estimado “capado” Antonio:

      • En el encabezamiento de mi respuesta, he utilizado el calificativo de “capado”, no porque sea Ud. un “castrato” en sentido propio, sino porque ha castrado su identificación, al omitir sus apellidos.

      • No se inquiete. Habrá nuevos textos en los que iré analizando las consecuencias, nefastas para todos (catalanohablantes e hispanohablantes), de haber introducido en los textos legales la falsa premisa de que el “catalán es la lengua propia de Cataluña”. Cuando en un silogismo “la mayor” es falsa, ya puede Ud. deducir que “la conclusión” también lo será.

      Un cordial saludo y hasta la próxima entrega de mi “LINGÜÍSTICA PARA NACIONALISTAS”, que versará sobre “El concepto de normalización”.

      Manuel I. Cabezas
      3 de junio de 2020

  10. senyor Cabezas Gonzàlez, perquè la perpetua històrica guerra contra Catalunya, perquè la persecució´política històrica també contra la llengua catalana, perquè el nacionalismo espanyol terriblement guerrer, genocida, abrupte de precipici. Al cap i a la fi la solució final hitleriana franquista, la va predicar Quevedo. No s’amoïni pas ni el llegiré ni li contestaré més «mientras haya catalanes habrá guerra y enemigos» la màxima que porta a les neurones, hi ha molts espanyols, amics, que som amics i saben i pensen igual que milions de persones.

    • Sr. Pineda Fortuny:

      • Se ha ido Ud. nuevamente por los cerros de Úbeda y ha llegado y se ha instalado, en sentido metafórico, en esa región leonesa llamada Babia.

      • Además, ha hecho Ud. oídos sordos al “principio de cooperación” del filósofo británico Grice y a esa perla de sabiduría del poeta francés Nicolas Boileau., de los que le hablé en mi última respuesta a su renca y deslavazada prosa.

      • En estas condiciones es imposible tener comercio lingüístico con Ud. y, por eso, pongo punto y final a este diálogo de besugos.

      Un cordial saludo.

      Manuel I. Cabezas
      4 de junio de 2020

  11. Señor Cabezas González:
    Infiero de su respuesta que no me he expresado bien en mi comentario.
    Quería decir en él que espero con curiosidad sus próximas entregas para comprobar si los perjuicios de los que habla se producen también, en su docta opinión, por el hecho de que las distintas lenguas de los españoles no sean reconocidas, con igualdad de derechos, en el conjunto del estado, incluyendo, y empezando, naturalmente, por sus óganos de representación política o jurisdiccional, por poner dos ejemplos de consecuencias evidentes, en mi modesta opinión. Entiendo que, si como usted dice, seguramente con razón, las lenguas que se hablan en España pertenecen al conjunto de los españoles, no habría de existir impedimento alguno para la salvaguarda legal de de todas ellas, sean cuales fueren, y en igualdad de condiciones, en la totalidad del territorio común. Se trata, creo yo, de una «simple» y democrática cuestión de igualdad ante la ley.
    En otro orden de cosas, y concretamente respecto de mi estatus de castrado, sólo le diré que, efectivamente, mi nombre completo no aparece en mis respuestas por propia voluntad. Ignoro cuál pueda ser su incomodidad con este asunto, pero, al contrario que usted, soy una persona anónima, así quiero seguir, y, sinceramente, no alcanzo a comprender qué aportarían mis apellidos al fundamento de la conversación.
    En estos casos, por otra parte, las «castraciones públicas», además se ser un derecho, como el secreto del voto, las opciones sexuales o las convicciones religiosas, van por barrios. Usted mismo castra parcialmente su nombre, y además no ofrece otros datos esenciales para su completa y correcta identificación pir parte de los lectores (DNI, domicilio, estado civil…). Bueno, ahora estoy bromeando, como sin duda habrá visto…
    Un cordial saludo.

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