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Todos lo temían, y yo también: que se repitiera la superioridad de la escudería Mercedes y de su piloto número uno: Lewis Hamilton.

En Australia sabríamos si realmente había tres equipos con las mismas posibilidades de ganar el mundial, y con ello tendríamos un campeonato emocionante y entretenido, o sólo Hamilton iba a ganar y ganar.

Parece que va a suceder lo segundo. Ni el Mercedes, al menos en clasificación, tiene un verdadero rival en Ferrari o en Red Bull, ni Hamilton en su equipo tiene a nadie que le pueda plantar cara: qué grande lo que consiguió Nico Rosberg, derrotar al hombre que más poles ha hecho en la historia de la F1 con un coche exactamente igual.

Siete décimas le sacó Hamilton a Vettel, su supuesto gran contrincante, en la crono, la Q3 del Gran Premio de Australia, en Albert Park.

-¿Por qué no hiciste el mismo tiempo en la Q2 si no tienes ningún botón mágico? – se le enfrentó Sebastian Vettel en la rueda de prensa, porque como piloto necesitaba creer que la diferencia -¡7 décimas!- únicamente podía ser mecánica y no debido a la diferencia de calidad a la hora de pilotar.

-Para borrarte la sonrisa -replicó Hamilton.

Borrada queda, la sonrisa de Vettel, y también la de todos los que soñábamos con una lucha entre iguales para el Campeonato mundial de Fórmula1 en el 2018.

Parece que sólo nos queda rezar.

Otro burbon, por favor.

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