Toda reforma o ley o consecuencia que ha sido tomada para el bien de los ciudadanos tendría que permanecer lejos de la modificación o anulación del capricho de cualquier gobierno o mandatario. No puede el bienestar y toda pauta demostrada como mejoría en la convivencia, la salud y la humanidad, quedar al amparo de batallitas políticas.

La decisión de un juez de suspender la moratoria de las multas, y en ello, volver a proyectar Madrid Central, nos devuelve a una realidad más adecuada al presente en que residimos. Y es que, mientras Europa se mueve en la intención de expropiar los vehículos del centro de las grandes ciudades, y ya hay alrededor de 280 ciudades en esa pauta, España únicamente ha proyectado Madrid Central. Toda una ceguera por parte de la hegemonía que confiere las posibilidades para construir un modelo más sano y plausible de convivencia en las grandes ciudades de España.

Y como si esa ineficacia, esa falta de visión o esa dejadez no fuera bastante, el capricho de los nuevos mandatarios que han tomado el ayuntamiento de Madrid, y en base a un discurso ridículo y a una intención más cercana a un berrinche de un niño pequeño que, a consecuencias científicas y sociales, desahucian la posibilidad de Madrid Central, que puede ser plataforma para construir otras, tomando la decisión de caminar en dirección contraria a la que se dirigen la mayoría de los países de Europa.

Toda ciudad es un lugar común, un área para la convivencia. Un espacio que debe progresar en beneficio de sus habitantes, que debe generar nuevas posibilidades. En ningún caso, el juguete caprichoso de cualquiera. O por lo menos, no debe ser permitido en esa manera. Debe estar por encima de ideologías o meros dictados de gobernantes. La ciudad, tendría que ser exclusividad de toda mejora para la salud, la convivencia y la humanidad de los ciudadanos que la integran.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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