El concepto de residencia se da de bruces contra el concepto negocio, y ahí es dónde han fallado los Servicios Sociales, blanqueando los negocios de “amigos”. Desde el primer momento las residencias deben ser sinónimo de servicios, los servicios esenciales para las personas dependientes o mayores, a los que sus familiares no pueden atender debidamente en sus casas, pero a los que les daría mucha tranquilidad saber que son las mejores opciones para sus familiares, donde van a pasar su vida de forma digna y adecuada.

Para ello se necesitan varios recursos, un lugar adaptado al correcto desarrollo físico y emocional de sus residentes, con jardines amplios por los que pasear o donde puedan pasearles, habitaciones confortables y adecuadas a sus necesidades, salones amplios, cómodos y luminosos donde pasar todo el largo invierno, pudiendo adaptarse a su descanso y esparcimiento pero manteniendo la independencia de estos residentes, con salas de fisioterapia, terapia ocupacional, comedores, biblioteca, sala de internet, servicios, etc…no olvidando en ningún momento que ese es su hogar. El personal necesario para que puedan atenderles en sus necesidades desde las más importantes hasta las más nimias, algo que en las residencias actuales suele ser escaso debido a que las ratios son muy bajas y porque la inspección sólo obra por denuncia, avisando con varios días de anticipación, lo que se presta a los chanchullos de muchos de los empresarios, dueños de gran parte de las residencias privadas de España.

Nadie sabe excepto los que alguna vez han trabajado en residencias para personas dependientes o mayores, saben lo que es ese trabajo. En situaciones normales, el trabajo es duro, son muchas horas en las que apenas tienes 15 minutos para algún descanso, eso en el mejor de los días. Yo me he encontrado en las residencias a gente que ama su trabajo, que se siente bien con lo que hace, que son responsables e implicados, pero necesitan que se les valore, que se revisen sus convenios, se revisen las ratios y se les pague adecuadamente respecto a la labor que realizan.

Cuando en España, hubo la gran crisis económica en la que el dinero ya no estaba en el mundo inmobiliario, muchos constructores vieron en las residencias su negocio. Después de que el COVID 19, haya hecho estragos en gran parte de las residencias de este país con miles de muertos, nos damos cuenta del error de dejar “el negocio de las residencias” en manos de especuladores. Esto no puede volver a pasar, nuestros mayores y nuestras personas dependientes merecen vivir de forma digna y con precios adecuados a sus pensiones, entiendo que esto no es un negocio, es como dije anteriormente un servicio, el último servicio que le debemos a los que se dejaron la piel por nosotros.

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