Las mujeres de la cultura mexicana han decidido organizarse alrededor de un acto de disidencia colectiva frente a la normalización de la violencia que históricamente se ha inscrito en los espacios donde desempeñan su trabajo y sus vidas: editoriales, revistas, ferias del libro, encuentros de escritores, escuelas, universidades, instituciones culturales, talleres y espacios privados. No se trata de algo nuevo. Hace demasiado tiempo que las mujeres guardan en secreto el acoso, la humillación, la segregación, el abuso sexual, por temor a que sus denuncias sean invalidadas o a que su labor creativa sea excluida. Esas eran las reglas no escritas que las relaciones de poder al interior de la cultura, ordenada fundamentalmente por hombres más poderosos, habían instituido como norma. Lo que ha cambiado es la relación de las mujeres con el miedo y con el silencio.

#MujeresJuntasMarabunta surge a partir de #MeTooEscritoresMexicanos y en medio de una lucha más amplia emprendida desde hace décadas por mujeres que nos han enseñado algo fundamental: la violencia las mujeres no es un hecho aislado sino sistemático que se reproduce a causa de la impunidad. Ellas han decidido romper ese pacto de silencio: escriben y actúan colectivamente porque viven en un país en el que nueve mujeres al día son asesinadas por violencia de género, porque el sistema de justicia no sólo no atiende a las víctimas, sino que las revictimiza (para el agresor siempre la disculpa y para ellas la culpa) y porque en México no existe un Estado de derecho.

#MeTooEscritoresMexicanos no es un mecanismo de denuncias que pretenda el escarnio público, es una herramienta política que señala y pone al descubierto violencias que han querido permanecer en el dominio de lo privado para conveniencia de los que perpetran actos de acoso y hostigamiento. Se publican para que esto no le pase a ninguna otra mujer y para mostrar que hay muchas que aún no han podido hablar. Quienes conforman el movimiento lo hacen conscientes del privilegio y también de la responsabilidad de ser visibles. Este es sólo el principio de un movimiento articulado, desde distintas plataformas, como una colectividad política y afectiva que busca, ni más ni menos, un cambio estructural. Eso no será posible si en primer lugar no hay una toma de conciencia, un reconocimiento de quienes han ejercido distintas formas de violencia, una búsqueda por reparar el daño.

Para este movimiento es urgente que la opinión pública entienda que el contexto en el que surgió la cuenta @MeTooEscritores es el de una impunidad de más del 95%, un desequilibrio de poder que fortalece a los victimarios. Los testimonios de las mujeres son cuidados resguardando su identidad cuando así nos lo han pedido para protegerlas de ser criminalizadas o agredidas nuevamente y para no arriesgar la vida de ninguna mujer.

Cada caso es expuesto como parte de un conjunto más amplio que revela una violencia estructural. Es importante aclarar que las denuncias no son en ningún caso anónimas, sino hechas bajo confidencialidad, y cada una tiene un seguimiento y acompañamiento.

En un comunicado al que ha tenido acceso Diario16, se plasman las exigencias de este nuevo movimiento de defensa y lucha por los derechos de las mujeres:

  1. Que los espacios culturales, ya sean públicos, privados o autogestivos, hagan un compromiso para revertir las violencias machistas a través de acciones concretas. Por ejemplo: ¿qué tal si antes de empezar un taller literario abres una discusión colectiva sobre cuál será la ética compartida para crear un espacio seguro entre todxs? ¿Qué tal si las grandes editoriales, como Penguin Random House y Planeta, abren un Comité de Ética de Recursos Humanos que atienda las denuncias de acoso imparcialmente? ¿Qué tal si las editoriales en general diversifican sus equipos de dictaminación para que haya paridad?
  2. Que nuestros pares escritores y otros agentes culturales se involucren en este momento histórico a través de un ejercicio de autoanálisis, estudio y discusión profunda. Los invitamos a preguntarse urgentemente: ¿qué violencias los atraviesan? ¿De qué manera perpetúan una tradición de solapamiento? ¿Cómo reconfigurar las estructuras del mandato masculino? ¿Pueden hablar de lo que les incomoda y duele de su propio ejercicio de poder?
  3. Que se haga efectiva la instrumentación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en el sector cultural a través del diseño, ejecución, difusión y cumplimiento de códigos y protocolos de conducta de carácter obligatorio para servidores públicos, prestadores de servicios y beneficiarios de programas del sector. Exigimos también el seguimiento de las denuncias legales ya hechas.
  4. Que se desarrollen políticas públicas para garantizar la paridad de género en los diferentes niveles de las instituciones culturales, así como en los jurados y selección de todos los concursos estatales y nacionales.
  5. Que se brinde orientación y acompañamiento tanto para mujeres como para hombres, por medio de talleres, documentos y cursos con perspectiva de género, a fin de evitar la desigualdad, los abusos de poder, los encubrimientos y pactos de silencio en los espacios culturales.
  6. Que se creen lineamientos para garantizar la seguridad de becarias y tutoras en residencias, estancias y encuentros organizados por institutos de cultura como, por ejemplo, el FONCA.
  7. Que todas las revistas y colecciones editoriales subvencionadas con recursos públicos incluyan por lo menos un 50 % de autoras en sus catálogos.
  8. Que haya alternancia entre hombres y mujeres en los puestos de toma de decisión.
  9. Que se desarrollen métodos para garantizar la seguridad de niñxs y adolescentes participando en talleres o actividades de promoción de la lectura.
  10. A nosotras mismas, a la sociedad, a las instituciones culturales, a los hombres, les exigimos, nos exigimos, hacernos responsables en la construcción conjunta de una convivencia realmente igualitaria.

Deseamos que los días difíciles que han seguido a los señalamientos sacudan a la sociedad, no para crear un nuevo estigma contra nosotras, que sólo repetiría los ciclos de violencia, sino como una posibilidad de cambio. Estamos comprometidas a seguir revisando, analizando y mejorando nuestros protocolos, así como a atender la protección de las víctimas que han realizado señalamientos públicos a través de #MeTooEscritoresMexicanos. Nos mantendremos firmes y solidarias desde todas las plataformas de las que disponemos hasta lograr que se transformen las prácticas que normalizan el machismo en los gremios culturales: estamos creando una contranarrativa que instaure la paridad de género y reescriba el futuro.

 

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