El delito de estafa es descrito como un acto de daño o perjuicio sobre la propiedad o el patrimonio de otra u otras personas. Cada compromiso de gobierno incumplido es una estafa. Lo es, porque afecta la estructura económica y, con ello, la vida de los ciudadanos de un país cuyas voluntades fueron obtenidas mediante el engaño o el fraude. Produce víctimas que no encabezan los telediarios.

Es insólito que una sociedad civil permanezca impertérrita mientras se subvierten sus valores y se menosprecian sus principios. Esta actitud permisiva ha sido fruto de manipulaciones a gran escala por operadores nítidamente volcados a la causa de las minorías dominantes. Las operaciones de comunicación pública, definidamente propias de la acción psicológica más artera que pueda concebirse, está destinada a que los ciudadanos acepten que su destino está en manos de los que se lucran de sus propiedades, patrimonios y esfuerzos. Baste recordar las horas extra no cobradas. La vigencia de una legislación laboral injusta para el que trabaja. Las claras intenciones de privatizar al sistema público de pensiones. El desmantelamiento del sistema de salud. La precarización del sistema educativo. Todo, con la resignada aceptación del conjunto. Se pretende convencer que el cambio no es posible.

Ese es el mensaje. Que votes como votes, todo seguirá igual. Con la corrupción ocupándose de los fructíferos negocios que les ofrecen los recursos de todas las personas que habitan este país. En la estafa, el sujeto activo del delito se hace entregar un bien patrimonial, por medio del engaño; es decir, haciendo creer la existencia de algo que en realidad no existe. Una legislación injusta, puede contener un fin reñido con el interés de todos. En términos generales, cuando como consecuencia de un engaño se produce la disminución del patrimonio por la aparición súbita de un pasivo en desmedro del activo, se ha lesionado el bien jurídico por medio de una estafa.

En ese contexto, la ciudadanía permanecía indefensa. Sin esperanza. Los especialistas en acción psicológica procuraban la anómia. El desafecto. La deserción del activismo social. Aquél fue el propósito. Pero llegó el 15M. La indignación rompió las hipótesis de trabajo de los politólogos. Llenó las urnas. La disrupción entró en los parlamentos. En los ayuntamientos. No podían permitirlo. El engaño no había sido el suficiente. La inversión de recursos en las operaciones, tampoco. Entonces, al fin, emergió Ciudadanos. El Podemos de la derecha. Ahora, como es obvio, en los próximos meses veremos cómo surge otra marca presuntamente progresista. Ya se acordó que así fuese. Aunque los electores no son tan maleables como imaginaban y las nuevas opciones no resultaron efectivas.

En España han robado a manos llenas amparándose en normativas a medida. Autorizando sobrecostes en las obras públicas. Gracias a amnistías fiscales. Mediante tramas judiciales. Amparándose en redes de información clandestina mientras se detentaban altos cargos de responsabilidad pública. Las sucesivas legislaciones que permitieron los oligopolios energéticos y financieros podrían ser un caso. Habría que revisar la legitimidad de algunas legislaciones. A eso le temen. A que se afronte una verdadera regeneración ética de la vida pública.

Se nos ha estafado. Se nos está estafando. Que se nos siga estafando dependerá que lo permitas.

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