elecciones

Existe el mantra generalizado, difundido hasta la saciedad por los medios, por opinadores a sueldo y por lobbies interesados, de que las elecciones se ganan en eso que se llama el centro político, que hay que moderar el mensaje para competir con el adversario. Y es falso, rotundamente falso. Y únicamente sirve para articular la política única de la tecno-estructura neoliberal. No resiste el algodón de los hechos, de los tozudos datos y estadísticas.

Veamos. La auto-ubicación ideológica media de los españoles se sitúa en 4,75, en un espectro que va desde el 1 correspondiente a la extrema izquierda al 10 de la extrema derecha; es decir el español se define como de centro muy ligeramente a la izquierda. Y así ha sido desde hace más de 20 años según el CIS. Sin embargo, durante estos últimos 20 años, el PP ha ganado numerosas elecciones, tanto autonómicas como nacionales. Y resulta que los españoles ubican ideológicamente al PP con un 8,26 (siempre ha orbitado alrededor del 8), es decir en la derecha pura y dura y mucho más cercana a la extrema derecha que al centro. ¿Cómo es posible que un partido tan alejado, casi 3,5 puntos de la auto-ubicación ideológica de los españoles haya ganado tantas elecciones?

Para entendernos, la ubicación de Podemos o de IU se separa, en comparación con los 3,5 puntos del PP, un punto menos. ¿Cómo es posible además que Ciudadanos, situado en un 6,6 (derecha pura), y el propio PP, y el propio Vox (que está en más de un 9) tengan tan halagüeñas perspectivas en las encuestas? Pues muy sencillo, porque las elecciones se ganan movilizando a los propios votantes y derrotando la abstención. Y si de paso se logra la desmovilización de los votantes de la opción adversaria mejor que mejor. No hay otra. Y ese es actualmente el gran, el gravísimo problema de la izquierda española.

En las recientes elecciones andaluzas la abstención subió al 41 %. Y se ha centrado, como se ha demostrado, principalmente en trabajadores no cualificados, parados y jóvenes. En barrios pobres, como Cerro Amate en Sevilla, la abstención subió diez puntos por ejemplo. Mientras, en barrios ricos como Los Remedios, en la capital hispalense, la participación se mantuvo igual, en casi un 75 %, y casi 23 puntos por encima que en Cerro Amate.

Significativo. ¿No? Ahora bien, ¿por qué ha sucedido esto? Pues sin duda, bastante tendrá que ver el que las clases populares no hayan percibido que se hablase por parte de la izquierda de cosas que les importasen. En este sentido tenemos que recordar la situación dantesca que vuelve a retratarnos Intermón Oxfam. Así, según esta organización, con la crisis económica uno de cada seis hogares de clase media cayó en la pobreza y no ha recuperado la situación anterior. La clase media tiene hoy 10 puntos menos de renta nacional en comparación con la que ostentaba en el año 2000. Y además, la pobreza ha crecido 4 veces más de lo que se ha reducido con la supuesta recuperación, mientras que al mismo tiempo las desigualdades se han disparado, aumentando el año pasado el número de hogares sin ingresos mientras crecía el número de ultramillonarios en nuestro país.

De resultas de todo esto, tenemos el dato aterrador de que la esperanza de vida en barrios ricos es hasta once años mayor, sí, once, que en barrios pobres. Paro, precariedad, subempleo, salarios insuficientes y aumento del número de los llamados trabajadores pobres con empleo, completan someramente el panorama. ¿Habla de todo esto la izquierda? ¿Habla e intenta al menos dar soluciones a la emergencia social y económica de este país? ¿Da la batalla en este terreno? ¿O ha optado por el terreno cultural y hípster tan clintoniano y que tan penosos resultados ha dado al Partido Demócrata en Estados Unidos? De que al menos la izquierda se haga estas preguntas y se plantee un giro que abandone los ismos y vuelva a situar en el centro lo económico y lo social, depende la futura abstención y por lo tanto el resultado de las próximas elecciones. Y con ello que este país evite la ola conservadora y neoliberal que amenaza con arrasarnos.

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