El parabrisas de un coche es un elemento vital para la seguridad del conductor y sus acompañantes. Su importancia también radica en que esta luna delantera afecta directamente al buen funcionamiento del airbag del acompañante ya que alberga la gran mayoría de cámaras y sensores de los sistemas de ayuda a la conducción y asistentes (ADAS).

Conducir con un impacto o rotura en el cristal es un gran peligro que siempre podemos evitar. La mayoría de los conductores reconocen que han circulado en alguna ocasión con un impacto en la luna delantera. Un error que no debemos cometer porque puede tener como resultado un accidente. Por eso, es importante acudir lo antes posible a talleres de cristales para coches para reparar el parabrisas dañado.

Un elemento fundamental para la seguridad del vehículo

Los parabrisas aportan hasta el 30% de la resistencia de la estructura del automóvil.

Aunque parezca imposible, de estos cristales depende la resistencia del techo en caso de colisión y vuelco. El buen estado de nuestro parabrisas es fundamental si por desgracia tenemos algún accidente.

Por eso, en la actualidad es motivo de sanción estar circulando con el parabrisas o cualquiera de los cristales con daños o roturas o con una capa de suciedad o de hielo. Incluso los agentes de tráfico nos pueden poner una sanción si nuestro parabrisas tiene láminas, adhesivos, cortinillas u otros elementos no autorizados, e incluso con un soporte para teléfono móvil en una zona que dificulte la correcta visibilidad. Los agentes de tráfico suelen inmovilizar el vehículo si consideran que presenta deficiencias que puedan suponer un riesgo grave para la seguridad vial.

Algunas curiosidades sobre los parabrisas

Los primeros coches no tenían parabrisas y los conductores solo usaban gafas para protegerse del viento, polvo o las piedras que podían saltar de los caminos. A principios del siglo XX se empezaron a instalar los primeros parabrisas que contaban con dos hojas de cristal horizontales desplazables. Cuando la mitad superior se ensuciaba, el conductor podía plegarla y seguir conduciendo. El problema es si ocurría un accidente estos rudimentarios parabrisas se rompían en mil trozos y podían producir lesiones al conductor y los acompañantes.

En los años 20 Henry Ford decide empezar a fabricar parabrisas y otros cristales para sus vehículos. Su principal preocupación es la seguridad del conductor y los acompañantes y por eso quiere fabricar parabrisas que no se rompan en mil pedazos. Por ese motivo, le encarga al especialista Clarence Avery que busque una nueva forma de fabricación que consiga un cristal más resistente y barato.

Pero no sería hasta el descubrimiento del cristal laminado cuando se podrá garantizar la seguridad de los parabrisas. Este tipo de cristal supondrá una gran revolución por su precio y su resistencia. En los años 30 los parabrisas laminados se popularizan, se adaptan a la mayoría de los modelos de automóviles y se convierten en todo un hito en la evolución de los automóviles. Este tipo de cristal no se rompía en mil pedazos y esto evitaba las lesiones de los conductores y ocupantes. También al ser más resistente, evitaba que los pasajeros salieran despedidos fuera del coche en una colisión. Toda una revolución para la industria del automóvil del siglo XX.

Los parabrisas modernos han evolucionado y mejorado en seguridad para el vehículo por tres razones. La primera es que el parabrisas aporta hasta el 30% de la resistencia de la estructura del vehículo. La segunda es que la eficacia del airbag del acompañante también está condicionada por el buen estado del parabrisas. El airbag al desplegarse se apoya sobre este cristal y su resistencia es fundamental para su buen funcionamiento. Y la tercera porque los sistemas ADAS de seguridad activa, que informan al sistema de alerta de cambio de carril o de frenada de emergencia, están basados en multitud de sensores que suelen estar instalados en el parabrisas.

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