Mauthausen. La voz de mi abuelo. Foto: A+ Soluciones Culturales.

Una lista de asesinados que estos días obliga a releer las memorias de los supervivientes. Hemos regresado a las páginas de Si esto es un hombre, de Primo Levi, Viviré con su nombre, morirá con el mío, de Javier Semprún, o El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, pero que también ha coincidido con la representación de Mauthausen. La voz de mi abuelo, de la compañía Trajín Teatro, escrita y dirigida por Pilar G. Almansa, con Inma González que interpreta a su propio abuelo. Un texto que tiene el valor de poner voz a la supervivencia de un hombre del pueblo, como la gran mayoría de los que allí llegaron y de los que allí murieron.

El escenario en esta ocasión volvió a ser ese teatro de los prodigios que es el Corral de Anuncia en Urones de Castroponce. Entre los pocos supervivientes españoles de Mauthausen estaba Manolito, el lenteja, que dejó dicho “yo me salvé porque tuve suerte, y porque lo que allí hicieron alguien lo tenía que contar”. En el escenario habla por la boca de su propia nieta, como si la experiencia hubiera sido tan intensa que se hubiera quedado grabada en el ADN familiar para revivirse generación tras generación. Por muchas listas que publiquemos, nunca sabremos exactamente el número de los que murieron allí ni habrá memoria que los alcance a imaginar.

Algunos de los que regresaron nunca más pudieron hablar de lo que ocurrió y fueron muriendo en silencio tratando de olvidar. Sólo unos pocos pudieron enfrentarse a la palabra hablada o escrita, unos testimonios de esperanza, de supervivencia, de solidaridad, de compañerismo que debemos conservar y convertir en patrimonio de la humanidad.

Un tren en la noche el sábado 30 de noviembre de 1940 llega a Mauthausen. En él iba Manuel Díaz Barranco. Decenas de zapatos en el escenario. En ellos habita el pasado, los amigos, las sombras, como si cada uno de ellos fuera dejando una huella en la piel y un único superviviente. Cada uno de nosotros. Cada una de nosotras. Como Viktor Emil Frankl, seguimos buscando el sentido a todo aquello y miramos con temor al olvido.

Seres humanos que ante el terror buscamos la solidaridad y los pliegues del humor para agarrarnos a la vida. Un montaje de Pilar G. Almansa que esta temporada ha tenido tres obras en cartel. Tres cargas de profundidad poético-sociales como Cama, una obra feminista e íntima, El buen hijo, donde trata sobre las agresiones sexuales a menores, y esta historia real de resistencia que es Mauthausen. La voz de mi abuelo, las memorias del combatiente republicano Manuel Díaz Barranco, al que da vida su propia nieta. Un superviviente de una Guerra Incivil, de un exilio, de ser considerado apátrida, del regimiento “de las alpargatas” y de un campo de exterminio nazi. Un superviviente para contar lo que ya pudieron narrar esos 4.427 españoles que ya no volvieron a traspasar la puerta para poder contar su historia.

Tras su paso por el Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (Valladolid), Mauthausen. La voz de mi abuelo se presentará el 23 de agosto en la Sala Esmark dentro del programa de la Feria de Teatro de Castilla y León en Ciudad Rodrigo (Salamanca).

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