Siguen muriendo mujeres asesinadas por hombres que un día dijeron amarlas, en todo el mundo y en nuestro país, mientras hablamos de violencia de género, aprobamos normas, lanzamos campañas y medidas, y empleamos recursos públicos en proteger a las victimas y promover la igualdad entre hombre y mujer, y sin embargo parece que ninguna de estas actuaciones, por mucho esfuerzo, voluntad, y profesionales que se empleen, son útiles para detener este lento y continúo feminicidio con el que convivimos.

Deberíamos como sociedad, plantearnos la imperiosa necesidad de averiguar los orígenes, y las verdaderas causas de esta descontrolada violencia, y situar el problema en su justo lugar.

Porque parece ya demostrado, que los asesinatos de mujeres no son la consecuencia de comportamientos individuales de hombres inadaptados, incapaces de controlar su agresividad. Como tampoco que el elemento social, cultural, o económico, sea la causa de los mismos, al pertenecer las mujeres asesinadas, a todos los niveles sociales, culturales, y económicos.

Entonces, donde colocar la responsabilidad de estos aterradores asesinatos, que se suceden por todos los países del mundo. A quien culpabilizar de esta barbarie, mas allá de la cobardía del recurso al cobijo bajo la tutela de una sociedad consumista e individual, que fabrica seres agresivos, y violentos.

Donde buscar las razones que empujan a los hombres a actuar violentamente ante un desengaño, una negativa, o una ruptura sentimental. Cual es la poderosa fuerza que hace que estos no valoren la vida, incluyendo la propia, que algunos se quitan tras cometer el asesinato.

Por qué los hombres y la sociedad en su conjunto no asumimos con valentía nuestra culpabilidad, y de una vez por todas identificamos las responsabilidades, situándolas donde verdaderamente se encuentran: en un modelo de masculinidad perverso, posesivo, y violento, que fomentamos, en el que educamos, y por el que socialmente somos valorados.

Un modelo de masculinidad que hace que todo lo que nos rodea, y la visión que del mundo tenemos, esté contaminada por una teoría masculina de la vida, por una heteronormatividad excluyente, que solo acepta a aquellos que responden a unos patrones artificiales, que entendemos “naturales”.

Una concepción de la masculinidad que nos niega la posibilidad de expresar los afectos y la ternura, sustituyéndolos por la testosterona, y la fuerza, que nos ha llevado a los hombres, a la inseguridad, la soledad, y la dependencia emocional de quienes decimos amar, al extremo de no ser capaces de soportar una negativa, y la perspectiva de un futuro en soledad.

Una idea del hombre basada en la supremacía, en la creencia de que las mujeres nos pertenecen, que poseemos un derecho sobre ellas, y ello nos legitima para exigir contraprestaciones.

Un modelo de hombre cimentado en una sexualidad agresiva, y no en la empatia, la ternura, las emociones, y los afectos.

Porque ser cariñoso, sensible, y débil no debe ser sinónimo de no ser hombre, y sí de lo contrario, pero este es el gran problema, la ceguera que los hombres tenemos, la idea de lo que somos y debemos ser. Heterosexuales viriles, varoniles, posesivos.

Este es el modelo de masculinidad que tenemos que destruir, si queremos solucionar el genocidio, de nuestra absoluta responsabilidad, como hombres y sociedad, de este sangrante y continuo goteo de asesinatos de mujeres, victimas de la violencia machista en nuestro país, y en todo el mundo.

En este sentido mi compromiso como hombre machista, consiste en asumir mi total responsabilidad en estos comportamientos, y en la permanencia de un modelo tóxico de masculinidad, comprometiéndome a modificar en el día a día mis actitudes contrarias a la igualdad, denunciando y reprobando publicamente todo acto de sexismo, desigualdad, y violencia hacía las mujeres, que presencie y tenga conocimiento, y así lo solicito de todos los hombres.

“Cada día un promedio de 137 mujeres alrededor del mundo mueren a manos de su pareja o de un miembro de su familia, según una información dada a conocer por Naciones Unidas.

En nuestro país el 90% de los casos de violencia en el seno de la pareja, entre 2008 y 2017, fue violencia del hombre a la mujer. Solo en el 10% de los casos ellas les agredieron a ellos, según datos del Consejo General del Poder Judicial.”

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

1 Comentario

  1. Cual es el origen de la violencia..? Muy facil, la genesis siempre esta en la frustracion existencial, en el quiero y no puedo, lo cual desencadena la irracionalidad religiosa, la absurda e innecesaria competitividad en todos los ordenes, la mas aberrante insolidaridad, y tambien el mas infracognitivo buenismo, que sostiene cosas tan pintorescas como que el hecho de imponer a alguien la existencia en un contexto interactivo como el que menciono y la historia acredita, sin tan siquiera poder garantizarle unos minimos de total proteccion contra el displacer permanentemente sostenibles, sea no solo algo considerado normal, sino incluso un sublime acto de amor procreativo reproductivo. Y esto, solo es un enfoque superficial, la verdadera causa no la menciono, porque para comprenderla se precisa el concurso de cierta conformacion psicologica estrictamente racional, que de forma mayoritaria no existe.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

cinco × dos =