Poco a poco, las protestas van decayendo en las calles bielorrusas y el régimen de Aleksandr Grigórievich Lukashenko parece decidido a no ceder ante las demandas de una población que le  reclamaba elecciones libres y su salida del poder. Ninguno de esos dos escenarios parece factible al día de hoy y, a medida que pasa el tiempo, las cosas se van viendo con más claridad en el sentido de que el pulso parece claramente ganado por el sátrapa bielorruso a merced de una serie de elementos a tener en cuenta.

Como ha ocurrido con otros movimientos cívicos en otras partes del mundo, como han sido los casos de Egipto, Túnez y Venezuela, por razones bien distintas y de otra índole, estas protestas se suelen ir desactivando, bien sea por cansancio de la gente o por la esterilidad de las mismas, y los regímenes autoritarios lo saben, con lo cual suelen  resistir a las mismas porque el tiempo corre a su favor y esperanza que al final la gente se acaba “desactivando” al no obtener resultados prácticos sobre el terreno.

La desmovilización de la ciudadanía es ya un hecho en las calles bielorrusas y las protestas, aunque han seguido convocándose todos los domingos, han perdido fuelle e intensidad y es más que seguro que en las próximas semanas apenas no queden de las mismas  ni la sombra de lo que fueron, algo que el dictador Lukashenko lo sabe y solamente tiene que esperar. Cuanto más resista y más intensa sea la represión, mejor para su régimen y peor para la oposición. 

Como recordarán, la crisis comenzó el 9 de agosto de este año, cuando Bielorrusia celebraba unas elecciones trascendentales en las que por primera vez en 26 años una candidata de la oposición, Svetlana Tijanóvskaya, tenía serias posibilidades de ganárselas al actual presidente  Lukashenko. De hecho, según la oposición, el presidente Lukashenko las habría perdido claramente y perpetró un fraude masivo. A partir del momento en que se conocieron los resultados supuestamente fraudulentos, comenzaron las protestas en la calle y el pueblo bielorruso, cansado de esperar en la cola de la historia, se echó a las calles demandando la dimisión del último dictador de Europa y elecciones libres.

Hoy la candidata opositora, Tijanóvskaya, está ya fuera del país, concretamente en la vecina Lituania, los principales líderes del movimiento de protesta, que habían constituido un Consejo de Coordinación que supuestamente debería liderar la transición a la democracia y negociar con el régimen una salida democrática, en la cárcel  y tan solo queda al frente del movimiento cívico de protesta la premio Nobel de Literatura  Svetlana Alexiévich, a la que el régimen interrogó pero que quizá no detuvo por el impacto internacional que podría haber tenido el encarcelamiento de una escritora con tal proyección exterior. Con estos elementos sobre la mesa, podemos decir que la oposición ha quedado completamente  descabezada, entre el exilio y la cárcel.  Este factor de una oposición ya sin liderazgo juega en favor del régimen y  recuerda mucho a las tácticas empleadas por su aliado ruso, en el Kremlin, quien o bien encarcela a sus oponentes o los envenena sin pudor.

El régimen, además, ha sido implacable en la persecución a los periodistas, bien censurando a los medios de comunicación independientes, deteniendo a informadores por el simple hecho de informar sobre las protestas o retirando las acreditaciones a los corresponsales del exterior, mucho de ellos expulsados sin contemplaciones del país casi a patadas. El cerco informativo ha sido total y recoger alguna información sobre lo que estaba pasando en las calles bielorrusas constituía un gravísimo delito para las autoridades policiales, en cuyo interior no se han producido fisuras como en otras partes del mundo donde ha habido protestas de estas características.

Entre el desinterés occidental y el apoyo de Rusia

Por otra parte, pese al interés inicial por parte de algunos países de la Unión Europea (UE) en la crisis y por mantener la presión sobre Lukashenko, como fueron los casos de Alemania y Francia, ahora hemos pasado a un desinterés casi total por la evolución de la situación actual en ese país. Casi ninguna cancillería occidental, incluida la española, se ha manifestado sobre la crisis, la UE sigue sin ejercer un sólido liderazgo en la misma, quizá para no enemistarse aun más con Rusia, y el resto del mundo, sumido en la grave crisis del covid 19, guarda sonoro silencio con respecto a los acontecimientos vividos en Bielorrusia en las últimas semanas.

También en Estados Unidos la reacción ante las fraudulentas elecciones y las consiguientes protestas de la oposición ha sido más bien tibia, aunque el presidente norteamericano, Donald Trump, asegurara en su momento que seguía “muy de cerca” los acontecimientos en este país y que quería tener una conversación con el máximo líder ruso, Vladimir Putin, para hablar de la misma. El presidente norteamericano, en plena campaña electoral para asegurarse su difícil reelección frente a su contrincante demócrata, Joe Laden, en una carrera realmente adversa y en las que no las tiene todas consigo, no hará absolutamente nada por Bielorrusia, al menos por ahora. En ese contexto electoral, como es obvio, la crisis bielorrusa es irrelevante para Trump.

Por último, el régimen de Lukashenko ha recibido en los últimos días el contundente y rotundo apoyo de Rusia a su favor, algo esperado desde el comienzo de la crisis debido al importante rol que juega en este país, tanto en términos económicos y energéticos como políticos, Moscú. El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ya ha anunciado que recibirá al dictador bielorruso en los próximos días y no debe descartarse que le acabe apretando las clavijas para que la federación compuesta por ambos países recobre su brío original e incluso que haya avances en una mayor integración, algo a lo que hasta ahora se oponía Lukashenko pero que era alentado por el inquilino del Kremlin desde hace años. En estos momentos, dada la debilidad de Minsk frente a Moscú por su pérdida de legitimidad y su aislamiento internacional a raíz de las sanciones anunciadas por la UE, Lukashenko no tiene mucho margen de maniobra para resistirse. Putin, como fino y ladino estratega que es, aprovechará la crisis bielorrusa para afianzar aun más su influencia en este país, A río revuelto, siempre gana Putin. La tragedia de Bielorrusia, tras 26 años de feroz dictadura, sigue su curso. 

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11 Comentarios

  1. Manda carallo! Para este digital USA es una democracia y Belarús una dictadura, o hay que ser ignorante o mala persona para afirmar esto. Estudiar un poco de ciencias políticas y económicas no te vendría mal para dejar de ser una cotorra OTAN.

  2. Vaya panfleto y soflama de artículo.

    Vaya desinformador es el articulista. No dio ni una. La propaganda típica del acomplejado español capitalista que o no entiende nada, lo más probable, o simplemente es un sinverguenza.

    Y estos súbditos del Capital criminal y asesino, de dónde saldrán. Pobres curritos.

    Un saúdo.

  3. Decididamente este individuo o es un agente del imperialismo o un intoxicador profesional o un perfecto idiota.¿Quieren transformar a Bielorrusia en la nueva Ucrania?La organizacion terrorista OTAN y sus lacayos lo van a tener muy dificil,por no decir imposible.

  4. Moine andas un poco «despistadillo». En el indice que evalúa las democracias publicado por la Wikipedia, España ocupa la posición 19, EEUU la 25 y Bielorrusia la 136.

    Para este diario y para la comunidad democrática internacional USA es una democracia y Bielorrusia un «régimen autoritario».

    No digo yo que el índice sea perfecto pero Bielorrusia está 111 puestos? por detrás de EEUU.

    • Seguro que no confundes las ruedas con el coche, pues tampoco lo electoral es lo democrático; cierto es, que sin ruedas el coche no se desplaza; a la vez que sin elecciones no hay democracia. Democracia significa el poder del pueblo, poder es entre otras cosas: decidir de manera directa: en que deciden directamente los ciudadanos y trabajadores sobre la economía? en que deciden directamente los ciudadanos y trabajadores sobre las finanzas?. Además que es la Wikipedia, y quien está detrás de ella? Si los trabajadores y ciudadanos no deciden ni participan en el sostén de la vida que es la economía, ¿donde existe la democracia?

      • Con permiso.
        Moine aunque la etimología de democracia remite a poder del pueblo la realidad es otra. La democracía es el régimen que permite que la eterna lucha por el poder se canalice de forma pacífica. Para ello los partidos acuerdan las reglas del juego (las constituciones) y los mecanismos de alternancia en el poder.

        El pueblo no puede «decidir» porque pueblo somos todos y una parte vota al PP,otra al PSOE, otra a C’s, Podemos etc. Sin que ninguno de esos grupos sea más pueblo que otros. Hay tantos «pueblos» como grupos políticos que lo representan. Vox también es pueblo; casi 4 millones de «pueblo» y tan «pueblo» como los de Podemos.

        La democracia tampoco puede garantizar el bienestar económico. La democracia es un marco de paz y convivencia, que ofrece -posibilidades- para el desarrollo económico y el bienestar mejor que cualquier otro sistema político (todos los países de mayor bienestar e igualdad son democracias). Sin paz y convivencia no hay bienestar posible.

        Pero si los representantes de «los pueblos» en lugar de estar ocupados en buscar el bien común andan ensalzados en guerras partidistas la economía se va a pique y la democracia lo único que puede hacer es ofrecernos la oportunidad de echarlos las próximas elecciones. Cosa que no podríamos hacer si no hubiera democracia.

        La democracia es el menos malo de los sistemas que conocemos. Permite que un tirano no permanezca 40 años en el poder y permite que los que luchan por el poder resuelvan sus peleas en el parlamento de forma pacífica. Evitando que envíen a sus respectivos «pueblos» a matarse los unos contra los otros, para conseguir el poder, como ha venido sucediendo a lo largo de la historia del humanidad. Cuando los vasallos de uno y otro señor debían morir defendiendo las tierras de sus respectivos señores.

        Paz, convivencia, libertad y «posibilidades» para alcanzar el bienestar. Eso es todo lo que nos puede ofrecer la democracia. No es poco.

        • Por fortuna en política no existe una concepción univoca de lo que es democracia, los que defendéis la concepción jurídico-formal del neo-liberalismo es simplemente refrendar en votación los que han sido electos por los partidos dominantes, todos ellos financiados por la banca y las oligarquías, para llevar a cabo bajo una cobertura de legalidad la defensa de los intereses de quienes los financian, el ejemplo más acabado es USA; tal vez las bases de los partidos crean que ellos definen la política de los mismos, al igual que los creyentes católicos pueden creer que una torta de pan es dios y el vino de una copa, su sangre. Creer no es conocimiento sino lo contrario. Si los trabajadores, que son los generadores de la riqueza, no participan en ella ni deciden sobre ella en tanto que trabajadores y también en tanto que ciudadanos; la democracia (el poder del pueblo) es inexistente. La alternancia no define nada, simplemente que se cambian de gestores de los intereses de la gran burguesía.

  5. ¡Vaya cantidad de gilipolleces! Lo peor es que alguien se las comprará. Pero, ¿Dónde se informan estos personajillos? Mienten, ¿Sí?

  6. Sr.Ortiz,ademas de ser usted un esperto en rankings sobre la calidad democratica de los paises del mundo,añade usted otra cualidad,la de ser el nuevo Temistocles.

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