Se preguntaba Diego Conesa, Secretario General del Partido Socialista de la Región de Murcia, y candidato frustrado a la Presidencia de la Comunidad, cómo era posible que Isabel Franco, candidata de Ciudadanos, hubiera elegido como compañero de viaje de legislatura a VOX (Violencia, Odio, y Xenofobia) en vez de al Psoe. Obviamente se trata de una pregunta retórica para cualquier socialista, pues los socialistas conocemos perfectamente el porqué. Sin embargo, y como no todos somos socialistas, voy a intentar explicar aquí ese porqué.

Albert Rivera tiene serios problemas psicológicos. Es tanta su ambición y su necesidad de “ser importante” (no le vendría mal pasar la “ITV psicológica” para ver cómo anda de Autoestima…), que no ha dudado en dar, en el transcurso de carrera política, todos los bandazos ideológicos que ha sido menester con tal de tener notoriedad en según qué momento político. Es un populista desnortado. Ha terminado por desesperar a la mitad de los intelectuales y fundadores de su partido, y de desconcertar a sus perplejos votantes. Pero a él le da igual: quiere ser presidente del gobierno de España; y para ello tiene que ser la alternativa a un Psoe con el que primero trató de competir (en aquella época era Socialdemócrata…), y al que no pudo “sorpasar” porque el Psoe es mucho Psoe. Entonces decidió ir a por un PP corrupto y en descomposición (volviéndose entonces Liberal…), y estando casi a punto de conseguir el añorado “sorpaso” y situarse como alternativa al maligno Sánchez ante la ciudadanía, y ante los poderosos de este país.

No lo consiguió tampoco, pero como se quedó muy cerca y los disparates de Pablo Casado eran mayúsculos, decidió darse otra oportunidad a si mismo. Ahora resulta que Pablo Casado, el cual fue lo suficientemente listo como para que le regalaran másteres y carreras y salir airoso del nauseabundo evento, ha cambiado su discurso (recordemos aquí que lo que conocemos como “la derecha” no tiene auténtica ideología más allá del interés, y que por lo tanto no tiene inconveniente, ni escrúpulos, en cambiar de discurso las veces que haga falta…) y ahora se ha hecho centrista, y hombre de estado. Albert Rivera ha caído en su propia trampa. Ahora se le ve crispado, faltón, perdido, sin rumbo, y dirigiendo un partido a la deriva.

En su “viaje a ninguna parte” el camarada Albert ha arrastrado a su partido a contemporizar con un partido franquista como es VOX, con tal de “antagonizarse” con Pedro Sánchez. Sin embargo, el verdadero problema no es VOX y sus disparates extemporáneos que producen una mezcla de risa, asco, y estupefacción. El problema es el Partido de los Poderosos con quien pacta después de que este partido haya parasitado la Región de Murcia durante 24 años. Ciudadanos, que venía, según ellos a “regenerar” la política murciana, ha blanqueado a los populistas radicales de derecha (el PP) con tal de que, en esta Región, todo siga igual. La regeneración, la justicia social, la transparencia, la igualdad de oportunidades… la honradez, en definitiva, venía, por fin, de la mano de un Psoe dirigido por Diego Conesa. Naturalmente el Leviatán se resiste a morir; y los estómagos agradecidos alimentados durante décadas de repartirse la Región de Murcia como un botín de guerra (así entienden ellos la política, como una guerra…) se aferran como necrófagos a la podredumbre nutricia.

La señora Isabel Franco, que en primera instancia hubiera, tal vez, preferido pactar con un Psoe honrado y regenerador, se ha visto abocada, también por ambición personal y vergonzante cobardía (recordemos los muchos intelectuales del partido que han dimitido en un acto de valentía y coherencia…), a cambiar su orientación ideológica, y su nombre; porque una cosa es ser Franco, y otra muy distinta, ser Francisco Franco.

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