Está claro que los movimientos antirracistas norteamericanos no quieren a Vox en Estados Unidos. Y es que el partido ultraxenófobo español se lo ha ganado a pulso. El reciente viaje de Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros a Nueva York, que tenía como objetivo reclutar para la causa ultra a miles de hispanos de la ciudad de los rascacielos, ha terminado en esperpento. Los líderes del partido verde pretendían celebrar un mitin en el Centro Español de Queens, pero el acto fue finalmente cancelado, ya que la institución consideró que las ideas políticas de Vox iban contra la dignidad de un barrio habitado por miles de inmigrantes de todo el mundo. Descartada la opción del centro de Queens, el nuevo local elegido fue el 3WestClub, un conocido hotel situado en el corazón de Manhattan, a pocas calles de Central Park. Sin embargo, tampoco allí hubo suerte y la cancelación volvió a repetirse. La noticia de que había llegado a Nueva York un partido español abiertamente xenófobo que sigue a rajatabla los postulados de Donald Trump no gustó precisamente en una ciudad mayoritariamente tolerante y cosmopolita. Finalmente, Abascal y los suyos tuvieron que meterse en un restaurante cubano y allí, ante un público reducido, llevaron a cabo su campaña de afiliaciones entre los posibles simpatizantes.

Pese a que Vox ha hecho el ridículo en Manhattan, el pasado 4 de marzo el diputado del partido verde Espinosa de los Monteros trató de vender ante la opinión pública que la cancelación había ocurrido como medida de protección para evitar posibles ataques procedentes del comunismo neoyorquino. “Ante las graves amenazas recibidas por grupos de la izquierda radical y para proteger la integridad de los afiliados y simpatizantes de Vox, el acto de NY se suspende. Para obtener información de futuras convocatorias podéis dirigiros a: newyork@exteriores.voxespana.es”, explicó Espinosa en uno de sus habituales tuits.

Como no podía ser de otra manera, la manipulación del partido de extrema derecha español recibió una contestación inmediata y la verdad terminó resplandeciendo sobre los bulos y montajes. “Lo siento, Vox, pero no somos la ‘izquierda radical’, somos neoyorquinos comunes que nos defendemos ‘sin violencia’ contra el racismo, el sexismo, la xenofobia, la homofobia y el ultranacionalismo de todo tipo. Tu odio no tiene lugar en nuestra ciudad”. El zasca llegó de un grupo conocido como United Against Racism and Fascism-NYC, que forma parte de un movimiento más amplio llamado World Against Racism. Esta plataforma aglutina a un puñado de entidades en distintos países y su ramificación en España es la Unidad Contra el Fascismo y el Racismo de Cataluña (UCFR). Este grupo, que ha puesto en marcha una campaña bajo el eslogan de “Stop Vox”, es el responsable de que Abascal haya tenido que cancelar sus actos de partido en Manhattan. En ningún momento hubo violencia, solo la movilización pacífica y lógica de un sector de los neoyorquinos, muchos de ellos inmigrantes, que están hartos de las políticas xenófobas de Trump y que no quieren más basura populista en su ciudad.

Vox pensaba que Nueva York los acogería con los brazos abiertos, un gran error de cálculo, ya que si hay una metrópoli cosmopolita y multirracial esa es la ciudad de los rascacielos. Todo aquel que haya visitado NY alguna vez se vuelve a casa con la misma sensación: nadie se siente extranjero en aquella formidable urbe compuesta en su inmensa mayoría por un crisol de razas y personas de todo el planeta. Por si fuera poco, estamos hablando de la principal capital de Estados Unidos, un foco de intelectualidad, cultura, mestizaje y modernidad donde las ideas de cuatro iluminados que se creen caballeros españolazos descendientes del conquistador Hernán Cortes son vistas como poco menos que parte de un espectáculo friqui y de vodevil. Los líderes de Vox no calibraron bien al pensar que en NY tenían un buen caldo de cultivo humano para sus actividades de proselitismo. La próxima vez que sus asesores se informen mejor. Porque puede que en España funcione su revisionismo macarrónico de la historia. Pero al otro lado del Atlántico sus mentiras no cuelan.

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