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La reforma urgente de la jornada laboral, la demostración real de que el gobierno SÍ es de izquierdas

En medio de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, se están planteando desde Podemos una serie de reformas de justicia social entre las que se podrían incluir la modificación de las jornadas de trabajo. Aceptar esos cambios, tantas veces reclamados por todas las fuerzas sindicales (CGT, UGT, CIGA, CCOO, USO, etc.), darán la medida de si realmente este gobierno es verdaderamente de izquierdas o las medidas de carácter progresista implementadas hasta ahora, de todo grado insuficientes, no son más que el argumentario del aparato de propaganda de Pedro Sánchez

José Antonio Gómez
Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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En los momentos iniciáticos de la crisis de 2008, en los congresos y jornadas empresariales no había una preocupación apriorística, sino que, más bien, había optimismo y esperanza. En todos estos encuentros se hablaba de la crisis como de una oportunidad para aumentar los beneficios.

Las grandes empresas lo han hecho y han obligado a las pymes a aplicar unos métodos de trabajo que llevan a España a ser el país con un mayor índice de empleo precario, de salarios tercermundistas y a condiciones laborales de semiesclavitud. Las multinacionales, los bancos y los gigantes empresariales españoles decidieron que había que derogar de facto y vulnerar los derechos de las clases medias y trabajadoras, todo ello aderezado con la generación del miedo a perder el empleo que lleva al trabajador o la trabajadora a aceptar las condiciones que le pongan, por muy humillantes e ilegales que sean.

En medio de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, se están planteando desde Podemos una serie de reformas de justicia social entre las que se podrían incluir la modificación de las jornadas de trabajo. Aceptar esos cambios, tantas veces reclamados por todas las fuerzas sindicales (CGT, UGT, CIGA, CCOO, USO, etc.), darán la medida de si realmente este gobierno es verdaderamente de izquierdas o las medidas de carácter progresista implementadas hasta ahora, de todo grado insuficientes, no son más que el argumentario del aparato de propaganda de Pedro Sánchez.

La jornada

El despertador suena a las 6.00 de la mañana y el trabajador hace su rutina antes de cerrar la puerta de su casa para ir al trabajo: Se desayuna, se ducha, se viste del modo en que le exigen en su empresa y se dirige hacia el medio de transporte que utilice para desplazarse a su centro de trabajo, ya sea particular, con su correspondiente atasco, ya sea público con las apreturas, trasbordos y carreras por pasillos, calles, marquesinas o escaleras mecánicas.

Desde el momento en que sonó ese ruido odioso del despertador han pasado más de dos horas. A las 9.00 comienza la jornada laboral con un pequeño descanso a media mañana. Tras unas cinco horas de trabajo, dependiendo de los horarios marcados por la empresa, el trabajador se dispone a comer en un espacio que oscila entre la hora y las dos horas, tiempo este que no es remunerado porque se trata de jornada partida.

Ya nos encontramos en las 16.00, cuando no más tarde, es decir, diez horas desde que sonó el despertador. Sin embargo, aún le quedan, por lo menos tres horas de labor para dejar su puesto y regresar a casa. Cuando el trabajador entra por la puerta de su hogar son más de las 20.00 dependiendo de la distancia a su centro de trabajo. Este caso es el que viven cada día millones de ciudadanos gracias a lo que se ha dado en llamar el «horario español», millones de ciudadanos que dedican más de la mitad del día a su empleo lo que hace imposible la conciliación de la vida familiar y laboral. Todo ello sin contar los mensajes o correos que le siguen llegando hasta el momento en que se acuesta, lo cual es una vulneración del derecho a la desconexión.

Todo lo anterior está referido a un trabajador que cumple con su horario y que no es de los dados a regalar horas de trabajo al empresario para que sus jefes piensen que su desempeño es fundamental para la prosperidad de la empresa o para garantizarse el empleo cuando, en realidad, es que esas actitudes los convierten en cómplices de la explotación a la que es tan proclive cierta clase empresarial española.

El presentismo, la gran lacra de España

Este hecho de regalar horas a la empresa, a pesar de que no se está haciendo otra cosa que mirar el correo personal, conectarse a las redes sociales, navegar por internet, jugar al solitario o chatear con sus amigos, es muy habitual en ciertos puestos con relativa responsabilidad, desde mandos intermedios a altos ejecutivos.

No obstante, la experiencia ha demostrado que esto es un error. Así le ocurrió a un alto ejecutivo español que fue contratado por una multinacional escandinava. Mientras sus compañeros de escalafón terminaban su jornada a la hora marcada él se mantenía en su despacho horas y horas. Sus superiores se dieron cuenta de este hecho y le llamaron a una reunión. Él pensaba que le iban a felicitar por su entrega a la empresa y a renunciar a su vida por el trabajo. No obstante, se encontró con lo contrario. Sus jefes le dieron un ultimátum ya que el hecho de trabajar horas de más daba la sensación de que no era capaz de desarrollar las funciones por las que había sido contratado. Tenía la obligación, para demostrar su valía, de cumplir con el horario estipulado sin horas extras.

También hay otros casos que hacen imposible esa conciliación gracias a esos horarios que la ley permite. Me refiero a quienes, aún teniendo jornada continua, sin paradas no remuneradas, tienen turnos rotatorios, lo cual impide que el trabajador pueda organizar un proyecto de vida.

Racionalización de los horarios de trabajo

Además de la derogación urgente de la reforma laboral, la modificación absoluta de los horarios de trabajo de España es fundamental y en la negociación de los PGE puede convertirse en una medida para que esa parte socialdemócrata o socioliberal del PSOE, Pedro Sánchez incluido, demuestren si son realmente de izquierdas o se quiten definitivamente la máscara y enseñen a las clases medias y trabajadoras que tienen el mismo perfil que Pablo Casado, Inés Arrimadas o, incluso, Santiago Abascal. No es normal que un trabajador español dedique casi dos tercios del día a su jornada laboral. Así es imposible tener un proyecto de vida, del mismo modo que imposibilita que se desarrollen otras actividades empresariales o se incremente el consumo diario de los hogares.

Cambio del huso horario

Para racionalizar los horarios hay que comenzar por algo muy simple: el cambio del huso horario actual al que realmente correspondería a nuestro país, el GMT +/- 0, es decir, el que actualmente tienen países como Reino Unido, Portugal o las Islas Canarias.

España tiene el actual huso porque durante la II Guerra Mundial, por su afinidad con el III Reich, el dictador Francisco Franco decidió utilizar la misma franja horaria que Berlín. Por tanto, se trata de una herencia más del franquismo. Tener el mismo rango horario que Reino Unido o Portugal bajaría el consumo de energía de las empresas y favorecería la reducción de costes que posteriormente se aplican al precio final de venta de los productos o de los servicios.

Eliminación de las jornadas partidas

En segundo lugar, en lo referido al horario español, hay que tener en cuenta que las jornadas partidas deben desaparecer del mercado laboral. La presencia de este modelo de jornada provoca que un trabajador dedique a su trabajo más de la mitad del día.

Reformar el mercado del empleo en España pasa por caminar por la senda de la jornada continua, sin más interrupciones que los descansos que marca la ley, sin paradas no retribuidas que, al fin y al cabo, es lo que la lógica debería imponer.

Sin embargo, para el empresario español está mejor valorada la permanencia en el puesto que la efectividad en la producción. Está comprobado que el trabajador rinde mucho más durante la jornada continua.

Un ejemplo de ello se dio en una pequeña empresa en la que un directivo propuso a la gerencia el cambio de la jornada partida por la continua con datos que demostraban que la productividad bajaba un 30% tras la parada de la comida.

Dicha gerencia aceptó dicho cambio durante un periodo máximo de dos meses con un análisis diario de resultados productivos que, efectivamente, dieron un aumento total de la producción del 36% respecto a la situación anterior y un incremento del beneficio neto de más del 20%.

Si las empresas ganan productividad también crecen en competitividad, los trabajadores ganan en calidad de vida, en capacidad de descanso tras la jornada laboral y se logra aprobar una de las asignaturas que España lleva suspendiendo desde casi el inicio del mundo moderno: la conciliación de la vida laboral con la personal.

La implantación de las jornadas continuas y la eliminación de las jornadas partidas logra, además, que las empresas aumenten su competitividad porque se logra un ahorro en costes energéticos que, sumado al logrado por el cambio de huso horario hace que las corporaciones españolas incrementen su capacidad para competir a nivel nacional e internacional, tanto a nivel de servicios como a nivel de producción industrial. Todo ello sin recurrir a bajadas salariales ni a reducciones de plantillas.

Sin embargo, la realidad muestra que no sólo es aplicable a las pymes, sino que también las grandes empresas han demostrado que esto es así. Iberdrola, en el año 2007, fue la primera del IBEX35 que implantó la jornada continua y los resultados dieron fe de que fue una decisión acertada en una gran empresa.

Según los responsables de Recursos Humanos de la compañía eléctrica la productividad aumentó en más de medio millón de horas laborables porque el índice de satisfacción de los empleados se ha incrementado. Por otro lado, y esta es otra ventaja de la eliminación de las jornadas partidas, han reducido en más de un 15% sus niveles de absentismo. Por otro lado, se produjo un descenso de más de un 65% de la siniestralidad laboral ya que la gran mayoría de los accidentes dentro del ámbito del trabajo se producen por la tarde, tras las horas que provocan las jornadas partidas. 

No se trata de ponderar el trabajo a tiempo parcial como modo de implementar esas jornadas continuas, principalmente porque el tiempo parcial se está utilizando desde la aprobación de la Reforma Laboral de Mariano Rajoy como un modo de explotación del trabajador. En ciertos sectores que tras el derrumbe de la construcción se están convirtiendo en motores de la economía española se firman contratos a tiempo parcial pero se dan jornadas superiores a las cuarenta semanales. Es un secreto a voces pero no se hace nada para evitarlo porque no hay suficientes medios en Inspección de Trabajo.

Jornada máxima de 35 horas semanales

La reducción de la jornada completa de cuarenta horas semanales a las treinta y cinco es el gran caballo de batalla de todos los sindicatos del mundo occidental. Lo llevan reclamando desde hace varias décadas y ya se ha demostrado que en algunos países que ya la han implantado no se perdieron niveles de productividad ni han subido sus tasas de desempleo.

En algunos países de los que España y su clase empresarial debería aprender aprender muchas cosas respecto a sus mercados de trabajo ya se ha dado un paso más allá y han implementado la jornada completa a treinta horas semanales sin reducción salarial asociada a la reducción de horas, con efectos positivos en su productividad.

Está claro que una reducción de la jornada máxima junto a la eliminación de la partición de la misma siempre conllevará un efecto positivo en la productividad de las empresas. Sin embargo, en el empresariado español se sigue anteponiendo la idea de que a más horas dedicadas al puesto el trabajador está más implicado con la empresa y, tal y como se ha demostrado en otros países, es un error.

El compromiso del trabajador con su empresa se ve reflejado en los beneficios que retorna a la corporación y no en las horas que permanece en su puesto ya que un exceso conlleva tener trabajadores quemados que pierden más tiempo que otra cosa dado que si no se logra un desempeño óptimo durante la jornada asignada quiere decir que, o no rinde lo adecuado por dar la sensación de apego, o no está capacitado para llevar adelante su tarea.

Sin embargo, los efectos de la reducción de la jornada máxima van más allá ya que el riesgo de entrada en la pobreza de las familias biparentales se reduciría sustancialmente, como ocurre en la actualidad, porque las jornadas parciales (sobre todo en el caso de las mujeres) no cubren las necesidades de una familia si los ingresos de uno de los dos miembros falla.

Ya a principios del siglo XX Alva Myrdal ponía el ejemplo de un matrimonio donde el hombre aportaba 45 horas semanales. Si se redujera la jornada máxima a 35 horas la mujer se podría incorporar al mercado laboral y, de este modo, esa familia recibiría el salario correspondiente a 70 horas semanales.

Otra de las ventajas de la aplicación de la jornada de 35 horas semanales, junto a la eliminación de las jornadas partidas, lo tenemos en el ejemplo de Francia. La aplicación de esta medida provocó una mejora del capital humano dado que los trabajadores tenían más tiempo para dedicarlo a su formación, hecho éste que repercute finalmente en los resultados positivos de las empresas.

Aumentar la productividad

Tanto la eliminación de las jornadas partidas y la reducción de horas máximas semanales son medidas que no obedecen a la pretensión de trabajar menos y tener un salario igual o superior, sino que son medidas imprescindibles para aumentar la productividad, para incrementar la salud de los trabajadores, y, sobre todo, son un beneficio para la economía global del país, dado que el consumo aumentará, lo que, a su vez, generará más puestos de trabajo en el sector del comercio, tanto minorista como mayorista.

El hecho de que la mayoría de los trabajadores disponga de mayor tiempo dedicado a su propia vida generará un repunte de la actividad económica lo que, a su vez, creará más puestos de trabajo en el sector servicios.

Es evidente que hay sectores que ya están aplicando estas medidas en lo referente a las jornadas como, por ejemplo, todos aquellos cuyos trabajadores trabajan por turnos definidos, como ocurre en el comercio de grandes superficies o grandes empresas, en algunas cadenas de alimentación o las cadenas de producción de la gran industria.

Modificación de las políticas de turnos

Respecto a quienes aplican una política de turnos también es necesaria una modificación importante: la rotación de turnos debe ser prohibida. Aquellos que tienen su empleo han de estar ubicados en un turno concreto, sin cambios de ningún tipo, siempre con el mismo horario, salvo que fuera el propio trabajador quien lo solicitara.

Una persona no puede tener un proyecto de vida si no conoce de antemano las horas que debe dedicar a su trabajo y las que tiene disponible para sí misma. Diferentes estudios científicos afirman que la rotación en los horarios de trabajo provoca a largo plazo un empeoramiento del estado de salud de estos trabajadores y su entrada en grupos de población en riesgo de tener enfermedades coronarias o relacionadas con el estrés que genera el hecho de no tener una estabilidad horaria y de mantenimiento de la seguridad biorrítmica.

De igual modo, también es innegable que existen sectores productivos en los que la implantación de la jornada continua o de la reducción a las 35 horas podría ser a priori perjudicial. Casualmente son los sectores empresariales donde se producen un mayor número de atentados contra los derechos de los trabajadores y un número muy elevado de abusos, muchos de ellos amparados por la Reforma Laboral que Pedro Sánchez no quiere derogar, en aras de la «flexibilidad» y la competitividad.

La hostelería es uno de los sectores sobre los que se asienta la recuperación económica y el sistema productivo español. Sin embargo, una economía fuerte no puede cimentarse sobre la hostelería, del mismo modo en que no se puede asentar sobre la construcción, tal y como ocurría durante la bonanza económica de la burbuja inmobiliaria, por mucho que Cristóbal Montoro nos hablara de su «círculo virtuoso».

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3 Comentarios

  1. A ver, rapaces y rapazas, y qué pasa con la ley de seguridad ciudadana «ley mordaza»
    Eso sí que es un lastre mucho más grave que ésta, sin menoscabo de actuar con la debida corrección contra ambas a la vez. No vale la crítica y la alteración simulada cuando obedece a la simple propaganda, si está claro que estamos cómodos en ese sistema franquista, verdad, Sánchez…?
    Y sabemos que Puigdemont ya lleva años entregándose a la justicia, exactamente en los países donde la hay. Burriño, que ya tu padre era.
    A mi me agota la parte monarquista de este gobierno. Son delincuentes los que ponen urnas y refugiados con cargo al estado los ladrones confesos.

  2. Para comenzar, el Partido s o español no es de izquierdas. Como mucho sera de centro inclinado a la derecha. El pp, es extrema derecha , Vox es terrorismo puro y duro. Cuando se exigió pactar con Podemos, fue porque el izquierdismo de Sánchez hacía agua por todas partes. Podemos le dio esa pátina de izquierdismo que le llevó al gobierno. Sánchez no es de izquierda. Yo diría que la izquierda en este país no existe. Eso que llamamos izquierda solo es sentido común y decencia. Algo, que el franquismo, se esforzó en eliminar incluso con 300 campos de exterminio y que, la transacción del 78, pretendió justificar.

  3. Estoy de acuerdo con ese establishment de Remigio. Con todo. Pero discrepo en cuanto a que la izquierda no exista, si aunque es cierto que no forma parte de la ideología de los partidos, forma parte de la ideología de ciert@s sujet@s dentro y fuera de partidos, porque hay una amplia porción de ell@s que han abandonado la militancia entregad@s a la evidencia de la traición de la clase burguesa dentro de la dirección. Ésto no hace buena a la derecha sino que señala con más firmeza al rival; al enemigo de siempre. Con todo es mejor que sea Sánchez que Casado, no por salvar este oportunismo de ambos, sino que al primero le pesa la masa social que mueve y al segundo nada, pués ningún lastre ata la corrupción consentida. Lo de Vox en realidad no representaría peligro alguno si se aplicase la ley no inventada, como la que inventa delitos del gobierno catalán, sino la real, la que se escribía para castigar a los que vulneran la constitución, esa que tanto defienden al tiempo que prostituyen de manera clara.
    En cuanto a Remigio, yo reconozco en él a la izquierda.

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