¿Qué cuenta La tumba del rey distinto a la mayoría de las novelas negras?

Aunque soy consciente de que las etiquetas son necesarias para que editores y libreros puedan orientar al lector con más facilidad, desearía no tener que utilizarlas. ¿Cómo atribuir unas características únicas al género negro o a cualquier otro? El motivo de que clasifiquemos La tumba del rey dentro del género negro, es que narra un caso criminal que deberá ser resuelto por un grupo muy particular de investigadores, todos con sus filias, fobias y monstruos personales. Son estas características personales las que pueden marcar la diferencia con lo que entendemos como novela negra clásica, ya que me intento sumergir en el interior de cada uno de ellos y del resto de personajes que participan en la trama. Por otro lado, el caso criminal discurre paralelo a la historia del municipio en el que se desarrolla, siendo Agaete un personaje más de la novela.

 

En su novela el poder aparece involucrado con lo negro, ¿es la oscuridad del poder el centro de la trama?

Puede decirse que la oscuridad es el centro argumental, porque ésta habita en cada uno de nosotros en mayor o menor medida y son los personajes, al fin y al cabo, quienes construyen la historia. El poder puede ejercerse de muchas maneras y aun a riesgo de parecer pesimista, creo que la propia condición humana nos lleva a usarlo en beneficio propio y la mayoría de las veces, a costa del perjuicio del de al lado. El centro de la trama es la maldad y el sufrimiento. La tumba del rey trata del poder y la fuerza del más poderoso sobre el más débil, pero también de la compasión y de cómo ésta puede causar un sufrimiento aún mayor que la maldad ante la que pretende enfrentarse.

 

¿Toma usted elementos de la realidad informativa para escribir?

¿Qué escritor no plagia un poco la realidad a la hora de escribir? Intento observar lo que me rodea y eso pasa por la prensa, la radio y la televisión, pero, sobre todo, por la conversación con el maestro rural jubilado, el adolescente en el autobús o la señora en la cola del supermercado. Además, el proceso de documentación de La tumba del rey fue profundo y complejo. La parte histórica de La tumba del rey describe el pasado de Agaete desde finales de los años treinta en adelante y quise integrarlo en la novela y relacionarlo con el caso criminal, siendo fiel a la realidad en lo que se refiere a acontecimientos históricos, dentro de un contexto de ficción. José Ramón Santana, culto y estudioso de la historia de su pueblo, hizo que las noticias y documentos se humanizaran con facilidad a la hora de construir la trama. Como curiosidad, puedo decirte que consulté números antiquísimos del diario La falange, panfletos de prensa amarilla igual de antiguos y fanzines publicados en la sombra durante la Guerra Civil. Manejo muchos datos para sumergirme en la época y el escenario sobre el que escribo y aunque la novela no incluya ni la décima parte de esa información, creo que se nota cuando hay “conocimiento en la trastienda”. Por otro lado, tuve que estudiar los procedimientos policiales y protocolos que usa la Guardia Civil para no caer en lo que yo llamo “síndrome CSI”, Para ello, conté con la ayuda de la OPC de Las Palmas, que me llevaron de la mano.

“¿Qué escritor no plagia un poco la realidad a la hora de escribir?”

Puesto que los cadáveres aparecen en la Necrópolis de Maipés, que es actualmente un parque arqueológico real, recurrí a Valentín Barroso, responsable de la dirección del parque. Para las técnicas de excavación, me ayudó también Paco cuesta, un arqueólogo asturiano que me acercó al día a día de una excavación, lo que me resultó muy útil. Aunque escribo ficción, creo que es importante una base de realidad para que el lector se sumerja más fácilmente, y desde el principio, en la historia que le quieres contar.

 

¿Es la novela negra otra forma de hacer periodismo?

A mi entender no lo es, aunque sí creo que tienen mucho en común. Partiendo siempre de la premisa de que no me gusta tener que etiquetar una historia ni, por lo tanto, definir un género, me aventuraré a tomar el concepto generalizado de novela negra como novela contemporánea actual. Desde aquí, encuentro que esta es una ficción en la que el autor intenta que su historia sea verosímil, pero no está presionado por demostrar hechos o rechazar fuentes no fidedignas, como pasa en el periodismo. Podríamos concluir que tanto la novela negra como el periodismo ofrecen la posibilidad de denunciar y destapar escándalos, aunque no con el mismo criterio o credibilidad, ya que el periodista debe ceñirse a la realidad y objetividad. En la novela, los personajes pueden ser todo lo subjetivos que el autor quiera.

 

¿La política actual es un cajón de temáticas negras?

La política actual es, más que un cajón, un agujero negro que absorbe la esperanza de aquellos a quienes tiene que proteger. Puede resultar útil como aporte para la temática negra, porque permite observar las miserias de los hombres, el sucio manejo del poder y todo lo que el hombre es capaz de hacer por alcanzarlo.

 

¿Cuáles son sus referentes literarios?

Creo que los referentes empiezan en nuestras primeras lecturas, por lo que Michael Ende, María Gripe, Amy Tan o Emilio Sálgari no podrían faltar. Por otro lado, Borges y Cortázar son lecturas habituales y de cabecera que no perdono y que creo, están presentes no solo en mis cuentos sino también en mis novelas, de forma muy sutil. En cuanto referentes directos, son posiblemente Henning Mankell, Peter May, Rosa Montero, Alicia Giménez Bartlett y Patricia Highsmith quienes más me han influido.

Devoro con sumo placer a Montalbán, Hammet, Mayler, Capote o Aléxis Ravelo y mi librero me reserva, en cuanto salen, las novelas de Eva García Sáenz de Urturi, Juan Gómez-Jurado, Ian Ranking, Víctor del Árbol o Ibon Martin.

 

¿Si usted no pudiera publicar, igual seguiría escribiendo?

Aunque parezca una respuesta muy manida, rotundamente sí. De hecho, lo hice y siempre estuve dispuesta a hacerlo. Suelo decir a mis lectores que padezco una patología crónica que es la de tener tinta en las alas, una tinta que debo segregar a diario para que no se acumule, o me contaminaría sin remedio.

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