La Jefatura Superior de la Policía de Madrid ha demostrado el falso victimismo de Ciudadanos en el Desfile del Orgullo del pasado sábado. Ni hubo agresiones y, sobre todo, se hace hincapié en cómo el partido de Albert Rivera no hizo caso a los consejos de las fuerzas de seguridad del Estado: no siguieron «en ningún momento las instrucciones policiales ni sus consejos», según informa el diario El País.

Desde la formación naranja, además, se acusó a la Policía de que no estuvieron protegidos por la Policía, hecho que la propio cuerpo de seguridad ha desmentido ya que siempre estuvieron custodiados por agentes de paisano.

El victimismo de Rivera y de su partido se ha convertido en una estrategia política. Ciudadanos denunció que el pasado sábado sufrieron agresiones cuando, la realidad, es que sólo fueron increpados por los asistentes y, según el informe policial, el único incidente reseñable fue el lanzamiento aislado de una botella de agua vacía. Si por agredir entendemos tirarles agua con pistolas, ¿estamos en el punto en el que el concepto agresión ha perdido todo su significado?. ¿O fueron agresiones como las no sufridas en Alsasua o Rentería, esas que nadie ha visto salvo en los conciliábulos de los estrategas de Rivera?

Ciudadanos está convirtiendo el victimismo en una herramienta política. Da igual que sean verdad o mentira los hechos por los que Inés Arrimadas saldrá a los micrófonos a decir que están siendo maltratados. Lo hicieron en Cataluña, lo hicieron en Alsasua, lo hicieron en Rentería, lo hicieron en el Orgullo. ¿Acaso no se dan cuenta de que la provocación sólo puede tener como consecuencia que la ciudadanía te desprecie? Nadie le puede decir a Rivera y los suyos que vayan donde quieran. Vivimos en un país libre. Pero el hecho de acudir a ciertos lugares puede ser considerado como una provocación.

Rivera y Arrimadas bien harían en analizar por qué la gente les increpó en el Orgullo. ¿Tendrá que ver con sus pactos con Vox, un partido que pretende derogar los derechos de la comunidad LGTBi? ¿Tendrá que ver con la actitud desafiante de Inés Arrimadas tras la pancarta? Que se lo hagan mirar.

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