Sí el tiempo modifica el espacio, el sistema de poder integra a la institucionalidad y a las variables políticas, sociales y electorales. La democracia ocurrió ayer, tras ella, estamos en condiciones de pensar en el poder en cuanto tal, en su condición primigenia y performativa, en comprender y entender que siempre es el otro, quién posee aquello por lo que soy y en definitiva el que detenta la posibilidad de determinar mis decisiones por más que se sienta o crea lo contrario.

En caso de que el espacio en su variabilidad, permita el tiempo, lo que antes fue una facción de hombres asociados, más luego estado fijado por un contrato, sistematizado en un conjunto de principios, leyes y normas, debe ser escindido en su noción de síntoma y aprehendido como lo posible, en una suerte de ipseidad de la lógica del amo y del esclavo.

La otrocracia, es lo posible de nosotros mismos, la llave que puede liberar el lazo esclavizante que venimos consolidando, inercialmente, bajo lo que dimos en llamar democracia y sus atenuantes, institucionales, legitimadores y siempre ratificado por voto, de supuestos iguales que creen lo imposible de la mismidad, permitiendo el absolutismo, el totalitarismo, de base individualista, hegemónico, que destruye la alteridad con la que se construiría un todos o una voluntad general.

La otrocracia va mucho más allá que un mero sistema político, social, de gobierno o una variante electoral o electoralista. Se trata de actuar, desde el yo político, desde nuestro “dasein” colectivo, para desde la convergencia, diseminarnos en cada una de las divergencias que nos hagan validarnos en un poder que nos debe amparar de nosotros mismos, de nuestros deseos y de nuestros temores, que también, son siempre del otro, en el desdoblamiento, que nos permitirá ser libres en la medida que nos rijamos bajo los parámetros de lo colectivo.

Dentro de lo que proponemos, las políticas públicas no deben estar sujetas a tiempos, sino al cumplimiento efectivo de ciertos objetivos. Los poderes de ese gran otro, que será el actual estado, no necesariamente deberán estar divididos para que se nos garantice, un sistema de contrapesos o de control. Al no estar determinado por un tiempo que lo haga pendiente de un cronograma electoral, ni residir en espacios reales o simbólicos, este poder se garantizará para sí, su función principal que es la de prometer libertad, a quiénes, para ello, subyuga.

Confirmar que el deseo de ese otro, es el deseo de la constitución de lo colectivo, será la misión principal de la otrocracia que tendrá que constituirse, primariamente, mediante los siguientes votos que instituirá, primero una administración central, y más luego consejos consultivos.

La institución de contralor, de la administración central, será un comité conformado por alumnos del sistema educativo, que elegidos por sus pares o por sus calificaciones (o combinación de ambas) llegará a un número total de integrantes no mayor a un tercio de los establecimientos educativos de nivel superior, quiénes junto a un organismo integrados por adultos mayores, del sector pasivo en número que no superarán la misma cantidad que los primeros, conformarán la institución que fijará anualmente, cuáles serán los parámetros, y auditados porque organismos internacionales, mediante los que se evaluará la acción de gobierno (Verbigracia, la baja de mortalidad infantil, medida por la Organización Mundial de la Salud).

Para la conformación de la administración central, se implementará el voto compensatorio, para generar el reconocimiento de los sectores más postergados.

Para aquellos que el sufragio, el voto o la emisión del mismo, en la cuenta final de la jornada electoral valdrá a partir de su institución un total individual de cinco (5) se deberá no a lo que hicieron o dejaron de hacer individualmente, sin por lo que el estado ha dejado de hacer por ellos, que podría sintetizarse en reducirlos a la pobreza o la marginalidad. De allí que el término sea “Compensatorio”, es decir, todos los días y años en que el estado no estuvo para estos ciudadanos, estará el día de la elección, mediante la fuerza que le debe devolver para que el voto de estos, se diferencie de quiénes sí han tenido al estado en sus vidas o días más allá de una elección. Este empoderamiento, o devolución, significará la posibilidad de que estos puedan defenderse en su dignidad, cuando sus representantes o candidatos a representarlos en la administración vayan a intentar seducirlos mediante la dádiva, la prebenda o el intento de compra directa de sus votos, haciendo uso y abuso de la situación de marginalidad a la que están sumidos, por ese mismo estado que nos lo defiende y que tiene como representantes a esos que van en busca de explotarlos en su dignidad, pidiéndoles que los voten trocándoles la decisión por algo puntual.

Esto generará que la legitimidad de la representación ante la administración de la cosa pública, se ajuste a derecho, pues aquellos que no tienen o cuentan con el estado que les debe garantizar al menos no estar en la situación de pobreza en la que se encuentran, siendo presa fácil de los extorsionadores del voto, como de la delincuencia (como salida económica o como mecanismo de defensa ante un sistema que los discrimina y repele), y de todo tipo de enfermedades que les produce el esquizoide mensaje de que son parte, pero no tienen lugar, ni oportunidad de sentirlo o vivenciarlo. Hacer visible, en la contundente forma, de que todos aquellos a los que nuestro sistema tiene afuera, valen como voto el número de cinco (5), nos impelerá a trabajar seriamente en generar una otrocracia verdaderamente inclusiva, más allá de los detalles de lo ideológico, lo partidario o lo cultural de cada pueblo que se precie de habitar y de convivir bajo un régimen en donde la representatividad ante la administración de la cosa pública, no tenga vicios de origen, o apañe situaciones históricas de desigualdad, injusticia y marginalidad, para sostener la perversa mentira de que todos en la misma proporción tenemos la misma contemplación del  estado, del que sí, en este caso, sin excepción todos hemos cedido en nuestra libertada política para su conformación.

Se establecerá también el voto anticipado. El voto anticipado, permitirá que el ciudadano, en los tiempos actuales en donde considera un valor positivo el compartir sus gustos, preferencias y elecciones, ante sus semejantes, por intermedio de plataformas virtuales o de redes, haga lo propio con su preferencia electoral o política. El voto o sufragio clásico que, en varias aldeas occidentales, sigue amparado por ley, para que se lo respete en su condición secreta, fungió con utilidad hace décadas atrás, cuando las realidades sociales y existenciales no habían sido gravitadas por la explosión del mundo digital y de la cada vez más influyente inteligencia artificial. Sería más que una falta de tino el señalar, como se vio modificada la vida diaria del occidental promedio, de dos décadas a esta parte, más bien, es incomprensible como aún no se haya generado, hasta esta oportunidad, la posibilidad para que el ciudadano moderno, pueda hacer visible, pueda exteriorizar sus elecciones políticas, y en el caso de que lo decida que lo comparte y difunda, tal como lo hace con todos los otros (al menos tiene tal posibilidad) aspectos de su vida que no solo son considerados públicos, sino también áreas o zonas privadas.

El voto anticipado logrará modificar sustancialmente el eje desde el cual se realizan, frustradamente, todos los intentos hasta ahora de dotar de mayor calidad y participación a las formas electorales hasta ahora conocidas.

No se votarán tampoco por candidatos o partidos. La oferta de lo electoral, se vera circunscripta a objetivos puntuales que grupos o agrupaciones de hombres y mujeres plantearan ante el electorado. Una vez determinado que espacio, se hizo con la administración de la cosa pública, en caso de que cumplan parcialmente los objetivos (que serán auditados, cada dos años, por una asamblea ciudadana que será elegida por sorteo público) renovarán su permanencia en el poder, que nunca podrá superar los diez años contínuos. Las decisiones que tomen desde esta administración, debera estar refrendada por la mayoría simple de los diversos consejos consultivos que oficiarán a modo del otrora poder legislativa. Se instituirán hasta cien consejos, que cada uno determinará el procedimiento electivo de sus miembros, ninguno de ellos podrá tener más de cien integrantes, y sesionarán al unísono para aprobar o rechazar las propuestas de la administración central. Sí más de la mitad de los consejos, aprueba la solicitud se la implementará, caso contrario se rechazará la misma.

El otrora poder judicial, se deconstruirá en una red, en que cada uno de sus antiguos integrantes decidirá sí formará parte, teniendo como metas o tareas, la elevación de propuestas normativas o redacción de proyectos de ley, que se elevarán a los consejos consultivos para su aprobación o rechazo.

Sí nosotros, en cualquier aldea que se precie de republicana, pretendemos, realizar una modificación nodal, de raíz, sustancial al sistema político imperante, pretendiéndolo o ejecutándolo, por la vía de los poderes ejecutivos o legislativos, no lograremos más que fracasos, con diferentes gradaciones en cuánto a lo rotundo, intenso y colorido de los mismos (en el último lustro podemos acopiar en cantidades industriales desde las más comunes hasta las más exóticas experiencias que culminaron en el mismo muladar de la imposibilidad del cambio y con ello la resignación y la desesperanza en distintas partes del globo), ahora, sí nos aventuramos a transigir el sendero de exigirle las respuestas institucionales, al principal poder que sostiene los dos restantes, que en esa estratagema de la política se nos presentaban (escolar y académicamente se nos presentan así) como en un mismo nivel y en una misma línea, cuando en cambio, tanto el legislativo como el ejecutivo, son en verdad apéndices del poder real que está asentado y acendrado en un poder judicial, que no casualmente se nos muestra, ante la sociedad civil, como oculto, inaccesible o solamente necesario ante el conflicto, la realidad será, necesaria y formalmente diferente.

La justicia en el sentido hasta ahora entendido, pasará a la órbita de la administración central, creándose para ello, un organismo en donde se aglutinarán las diversas fuerzas del orden, como las congregaciones espirituales de los credos inscriptos y regulados, como agrupaciones de ciudadanos interesados en ello que no formen parte de otros estamentos del estado, las resoluciones que de aquí salgan y se determinen, podrán ser refrendadas o rechazadas por la mayoría que se logre o no en los consejos consultivos, que podrá crear una comisión que se encargue solamente de este aspecto de la cosa pública (el servicio de justicia).

Estas son las consideraciones introductorias, básicas y elementales, del sistema de poder “Otrocracia” que puede encontrarse en su versión completa, desde su perspectiva teórica como su manual de implementación práctica.

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