La Fundación ONCE participará en la supervisión del proyecto.

Antes de la alfabetización, y la lectura autónoma, las personas analfabetas sólo podían acceder al saber de los libros gracias a las lecturas públicas o cuando alguien alfabetizado gustaba de compartir con los demás algún texto leído en voz alta. Pero cuando la población comenzó a aprender a leer, por un lado,  apareció una lectura íntima e independiente y, por otro, los libros permitieron el desarrollo intelectual y humano de las clases más bajas.

Pero, además de la alfabetización, otro factor sería determinante para la accesibilidad a la cultura: la tecnología. La implantación de la imprenta llegó en el siglo XV y con ella la producción de libros comenzaría a dejar atrás el uso del latín para empezar a publicar cada vez más en lenguas vulgares; algo que permitió el  acceso a la sabiduría a un mayor número de personas. Desde entonces, la tecnología se  ha seguido desarrollando sin parar dejando atrás muchas personas para las que los nuevos dispositivos de comunicación hablan un idioma que no entienden. Por este motivo, la Fundación pro Real Academia Española y Fundación Once han firmado un convenio de colaboración para garantizar que la lengua que usan los dispositivos electrónicos sea accesible para todos.

La necesidad de un lenguaje sencillo

El acuerdo ha sido suscrito por Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española y vicepresidente de la Fundación pro-RAE, y Alberto Durán, vicepresidente ejecutivo de Fundación ONCE. En él, se aborda la necesidad de que el lenguaje que emplean los diferentes aparatos electrónicos en su función y comunicación sea entendible por cualquier usuario independiente del grado de discapacidad o de nivel cultural. Y es que cabe recordar que aunque el analfabetismo parece una prueba totalmente superada, según los últimos datos publicados por la UNESCO,  más de 6.000.000 personas en nuestro país no saben leer ni escribir.

Dirigido a toda la ciudadanía

Para las entidades colaboradoras en el acuerdo, se trata de establecer un uso de la lengua coloquial y simplificado entre los dispositivos tecnológicos y los usuarios. “Se trata de que los dispositivos hablen y entiendan un lenguaje sencillo”, señalan en un comunicado. El acuerdo subraya que esta exigencia de máxima accesibilidad en el uso de la lengua española pretende beneficiar no solo al colectivo de personas con discapacidad, sino a toda la ciudadanía en general.

Contar con las personas mayores

El objetivo del convenio es que nadie se quede atrás. Y prueba de ello es que el radio de acción de los beneficiarios se amplía: además de las personas con algún tipo de discapacidad, las personas mayores y aquellas que no estén familiarizadas con el uso de dispositivos tecnológicos disfrutarán de un grado mayor de accesibilidad. “Este lenguaje sencillo podrá facilitar la comunicación a las personas mayores o a quienes estén menos familiarizados con las tecnologías, o las que posean un nivel de conocimiento o aprendizaje básico o presenten alguna dificultad de cualquier naturaleza, o en general a cualquier persona que no conozca la terminología concreta del servicio al que está accediendo a través del dispositivo”, recalcan en el comunicado.

Supervisar el proceso

La Fundación ONCE participará  en la supervisión del proyecto. Garantizando que el uso de los términos y expresiones esté dentro de los criterios de accesibilidad. Otro de los puntos importantes que se abordarán desde el programa de actuación es la creación de un sello o sistema de homologación que garantice que se está empleando la  lengua de manera accesible. El acuerdo se enmarca en el proyecto. “El uso accesible de la lengua por los dispositivos electrónicos”.

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