Durante años, la monarquía ha sido la institución más protegida por parte de las élites españolas. El rey Juan Carlos fue la persona que nos regaló la democracia a los españoles y la que trabajó desde el principio por el bien de España. Declaraciones así las hemos podido escuchar desde que empezó la transición democrática en España.

No hay ningún tipo de duda que la monarquía es cada vez una institución más cuestionada. No es para menos. Cada vez sabemos con más precisión que la monarquía ha estado de corrupción hasta las cejas. Aspecto que tampoco es nuevo ya que era de sobra conocido las prácticas corruptas de nuestro rey Juan Carlos.

Sin embargo, los medios de comunicación en España han trabajado desde siempre para proteger a esta institución tratando siempre de filtrar la información para no dañar la imagen de una de las instituciones que ha contado con más popularidad. Esta protección se ha empezado a romper, sobre todo gracias a la presión popular que se ha traducido también en la creación de medios independientes de izquierdas que han cuestionado a la monarquía y que han señalado a la institución por el atraso que supone para la democracia y por la corrupción inherente a una figura que es rancia y antidemocrática. Las recientes críticas (leves, eso sí) que ha recibido Juan Carlos desde medios como El País sólo pueden verse como algo positivo y esperanzador para nuestra democracia. Poco a poco, la figura de la inviolabilidad se está poniendo en cuestionamiento (a pesar de los esfuerzos del Poder en España por seguir protegiendo a la institución como muy bien ejemplifica el PSOE). Esto no quita que se haya seguido defendiendo al monarca. La huida reciente de Juan Carlos y las alabanzas posteriores de los grandes medios confirman cómo la prensa es incapaz de desligarse del Poder corrupto.

Sin embargo, existe algo que está siendo ignorado por los medios de comunicación (incluyendo a la mayoría de independientes) y es el hecho de que no se está relacionando los tratos especiales de la monarquía con Arabia Saudí y la peor crisis humanitaria de la historia de Yemen. Las razones probablemente sean múltiples y varíen desde intereses económicos hasta motivos más culturales y racistas como resultado de tener una sociedad egocéntrica en la que los problemas del mundo importan una mierda a la mayoría de los ciudadanos. Es bastante chocante que no se hable de la peor crisis humanitaria del mundo si tenemos en cuenta que el gobierno de España ha conseguido miles de millones de euros gracias a la relación especial de nuestro país con el Reino Saudí.

De alguna manera, no parece descabellado pensar que a las instituciones de poder y a los medios de comunicación (incluido también los independientes) les cueste reconocer el carácter criminal de los Estados y de nuestros gobernantes que son culpables de traicionar constantemente los deseos y las esperanzas del pueblo. Hablar de los crímenes de nuestros gobernantes significaría hablar también de que el nuevo gobierno supuestamente de izquierdas de Pedro Sánchez sigue colaborando en la peor catástrofe humanitaria del mundo. Seguimos vendiendo armas a Arabia Saudí. Un hecho escandaloso que tampoco ocupa portadas en nuestra prensa.

La crisis que vive Yemen es de dimensiones apocalípticas. La intervención militar de Arabia Saudí ha sido devastadora. Ha buscado matar de hambre a la población en base a técnicas medievales y ha dañado las infraestructuras esenciales de Yemen. Más de 250.000 personas han muerto en un conflicto que se ha fragmentado con luchas fragmentadas y sempiternas que muestran un panorama desolador. En lo que va de año, han muerto en combate casi 12.000 personas[1]. Más de 24 millones de personas necesitan asistencia humanitaria para sobrevivir y los programas humanitarios están a punto de colapsar gracias a la decisión de los países occidentales de abandonar Yemen a su suerte. En palabras de Mark Lowcock, Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, se está viendo a Yemen “caer del precipicio”. Una inacción de los gobiernos que es criminal y que vuelve a demostrar de nuevo la barbarie de nuestro sistema político y económico.

Igualmente, los medios de comunicación, tanto independientes como los más grandes, están olvidando que la crisis del Coronavirus afecta al resto del mundo y que países como Yemen corren el riesgo de sufrir una catástrofe sin parangón. Los bombardeos indiscriminados de la Coalición saudita y la violencia de las otras partes que luchan en la guerra han provocado que la capacidad de Yemen para hacer frente a una amenaza tan severa como el Coronavirus brille por su ausencia. Los estudios más serios hablan de que decenas de miles de personas pueden morir en los próximos meses. Esta grave amenaza hay que verla conjuntamente con las otras catástrofes que ha vivido Yemen. Epidemias de cólera (una enfermedad que debería estar erradicada en el siglo XXI) y otras enfermedades como el dengue y la malaria. El último episodio apocalíptico tuvo que ver con las inundaciones producidas en el país durante la primavera y también en el mes de junio que han resultado igualmente devastadoras. Yemen es uno de los países donde se están viendo con más claridad los efectos dañinos de la crisis climática y es un aviso a la falta de cooperación internacional. Los gobernantes de los países más ricos y sus élites económicas demuestran hasta qué punto les da igual que sus políticas puedan contribuir al sufrimiento de pueblos enteros. Un aviso para navegantes: ¿qué pasará cuando las consecuencias del cambio climático produzcan consecuencias terribles para las poblaciones más pobres? Parece evidente que las mismas respuestas de olvido y ninguneo seguirán primando entre las élites capitalista de este mundo vomitivo.


[1] Dato a 18 de julio de 2020

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