La carrera de Imola fue una verdadera maravilla, pero curiosamente en el inconsciente colectivo lo que ha provocado un mayor eco es el brutal accidente, el bonito crash, entre Bottas y Russell, que de algún modo no parece tan brutal como realmente fue porque ambos pilotos están vivos e ilesos. Hace no tanto tiempo los dos habrían acabado en el hospital, como mínimo.

Como en el fútbol cada telespectador tiene una opinión propia sobre lo sucedido y sobre quién es más culpable o más víctima, pero en la nuestra la única verdadera culpable del crash es la Mercedes.

La Mercedes que utilizó a George Russell con motivos políticos en la celebre carrera de Shakir el año pasado  para fortalecer su posición negociadora con el carísimo contrato de Lewis Hamilton.

La Mercedes que mantuvo a Bottas en el equipo a pesar de ser evidentemente peor piloto.

La Mercedes, que como en La vida es sueño de Calderón de la Barca, dejó al joven piloto soñar con la grandeza y luego lo devolvió a la cueva.

«Yo sueño que estoy aquí de estas prisiones cargado y soñé que en otro estado más lisonjero me vi… «

Escribió Calderón de la Barca.

Y lo mismo que a Segismundo le ha pasado a George Russell:  soñó que en otro estado más lisonjero se veía…  Hasta el punto de haber acabado necesitando ayuda psicológica profesional, algo poco habitual en la Fórmula 1.

La Mercedes creó dos enemigos íntimos para siempre. Bottas no puede soportar el recuerdo de cómo le ninguneó George Russell en Sakhir.

Y Russell no puede soportar que Bottas ocupe un monoplaza que en justicia ética debería ser suyo.

El odio estaba encendido y la batalla antes o después tenía que suceder.

Bottas no podía dejar pasar a quien la había ninguneado, y Russell necesitaba demostrar una vez más que le estaban tratando injustamente, que está fuera de sitio.

Russell y Bottas son esencialmente inocentes y víctimas. Iban a 300 km por hora, no hay tiempo en esas circunstancias para pensar en muchas florituras y analizar detalles pequeñitos.

Pero los capos de Mercedes, Wolf incluido, sí tuvieron mucho tiempo para tomar decisiones injustas para el deporte del automovilismo, y para uno de los pilotos mejores del momento. Ellos sembraron vientos y era inevitable que recogieran tempestades.

Consideramos a Mercedes culpable del bonito crash en Imola, y estamos contentos de que el destino le haya puesto una multa de un millón de euros, que es lo que vale según cuentan su maravilloso cochecito. Y, si pudiéramos, nosotros añadiríamos la pena a todos los grandes ejecutivos de Mercedes de no poder utilizar sus coches super molones durante una semana y deber desplazarse únicamente en triciclo.

Gran alegría que Red Bull por fin parezca capaz de plantarle cara a los alemanes.

Desde Las Almas y la F1 mantenemos la esperanza de volver a ver a Russell adelantando a Bottas con su Williams en algún otro circuito.

Sería épico y magnífico.

Tigre tigre.

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