El informe anual del Observatorio sobre la relación entre el consumo de drogas y las violencias sexuales en lugares de ocio nocturno revela que casi la totalidad de mujeres encuestadas manifiestan haber sufrido algún tipo de acoso o violencia sexual a manos de los hombres. Esta cifra va disminuyendo en función del nivel de rechazo social o “desnormalización” de las violencias, es decir, las violencias “más normalizadas, silenciadas e invisibilizadas” son sufridas en mayor medida y con mayor frecuencia que las violencias más visibles y condenadas penal y socialmente.

Los comentarios incómodos de carácter sexual son sufridos por un 97,1% de las mujeres encuestadas. De estas, un 89,3% los sufre con “considerable frecuencia” (porcentaje resultante de la suma de “siempre”, “a menudo” y “algunas veces”) y un 7,8% pocas veces. Las insistencias ante una negativa continua son vividas en un 87% de los casos, de los cuales 72,7% se sufren con bastante frecuencia y 14,4% en ocasiones puntuales. Los tocamientos no consentidos por parte de hombres hacia mujeres ascienden a 81,4%; un 55,2% de las encuestadas afirma haberlos recibido frecuentemente y un 26,2% pocas veces.

Si sumamos las frecuencias más altas (“siempre, a menudo y a veces”) de estas violencias más normalizadas y se extrae la media entre ellas, tenemos como resultado que un 72,4% de las mujeres encuestadas han afirmado sufrirlas, un 15% más que en la anterior edición del informe del Observatorio. “Consideramos que este aumento porcentual se debe a que las mujeres cada vez tienen más herramientas para identificar las violencias sexuales y, a su vez, menos reparos a la hora de denunciarlas”, asegura el estudio. Un 44,7% de las mujeres encuestadas dicen haber sufrido acorralamientos, la mitad de las cuales (un 22,3% del total) los ha vivido con frecuencia y la otra mitad (22,4% del total) de manera puntual.

En el caso de los “magreos no consentidos y forcejeos”, un 38% de las mujeres encuestadas dice haberlos sufridos: un 17,6% con notable frecuencia y un 7,4% en pocas ocasiones.

Para el Observatorio, es necesario intervenir para que “todas las mujeres, independientemente de sus características sociales, puedan usar y disfrutar de los espacios públicos, comunitarios y domésticos, sin restringir sus movimientos o las actividades que desarrollan por miedo”.

Resulta fundamental que desde diferentes ámbitos se pongan en marcha una serie de medidas que incorporen una perspectiva feminista para incrementar la percepción de seguridad de las mujeres en los “entornos de ocio nocturno y en su relación con los recorridos cotidianos que conectan con ellos”. Por ejemplo, el hecho de que numerosos centros de ocio estén situados en polígonos industriales u otras zonas alejadas de los núcleos urbanos dificulta la multifuncionalidad de estos espacios y propicia los casos de abusos.

Un 5% de las mujeres participantes en el estudio del Observatorio han sufrido una violación con fuerza en algún momento del 2018, es decir, de las 1.129  mujeres participantes en la encuesta, 57 manifiestan haber sufrido esta tipología explícita y extrema de violencia sexual.

Uno de los aspectos que es importante trabajar es el de los aprendizajes de la sexualidad: en una sociedad patriarcal en la que la sexualidad se erige como un eje fundamental de control, dominio y subordinación de las mujeres, así como de negación de derechos, es necesario incidir en “cómo se construye esa sexualidad y, en concreto, en el modo como se produce y reproduce una (hetero) sexualidad masculina hegemónica basada en la dominación”.

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