Si fuéramos tan pobres de espíritu que solo nos atreviéramos a hacer un referéndum en la vida, deberíamos actuar en defensa propia y someter a las urnas la ley electoral. Y con más motivo que ninguna otra ley, pues es la que establece las normas del único momento en el que los electores mandan sobre los elegidos.

En defensa propia, insistamos, porque los políticos más poderosos se confabularán entre ellos para salir favorecidos a la hora de los recuentos de la voluntad popular en las elecciones para representantes de cualquier institución.

Con lo fácil que es lo de que uno más uno sea igual a dos. Precisamente porque es demasiado fácil, prefieren complicarlo. Para impedirlo, la ley electoral debe aprobarse mediante democracia directa, pues así es más probable que ganen los partidarios de las cuentas claras.

La Ley Electoral es, por definición, la ley de las personas cuando son llamadas a hacer política. La que hace fuerte al electorado.

Para empezar, toda ley electoral debería incluir un artículo que dijera lo siguiente:

“Será nula toda norma de cualquier rango que, aprobada por cualquier gobierno, modifique lo establecido en esta ley electoral si antes no se ha sometido a referéndum”.

Aunque también podemos seguir ignorando, contra nosotros mismos, la “sabiduría interesada” del Conde de Romanones, proclamada hace tantos años que da vergüenza tener que repetirla: “Dejad que ellos hagan las leyes, que yo haré los reglamentos”.

Ni el Real Decreto 20/1977, que sirvió para organizar las elecciones del 15 de junio de ese mismo año, las primeras tras la muerte de Franco y que, entre otras cosas, elaboraron la Constitución de 1978, vigente, ni la Ley Orgánica 5/1985, de Régimen Electoral General, la también vigente LOREG, fueron sometidas a referéndum.

Entre los políticos existe un consenso general para sustraer del debate y las urnas las normas que afectan al reparto del poder que deben compartir, aunque sea para enfrentarse.

Por eso, no es casualidad que tanto el RD 20/1977 como la LOREG lleven más de 40 años incumpliendo el principio democrático de la igualdad de todos ante la ley, que también proclama la Constitución.

Cuando Adolfo Suárez ni se planteó someter a referéndum las normas que regirían las primeras elecciones democráticas no es que no supiera para que servían las urnas. Veamos el siguiente cuadro de resultados de los dos referéndums celebrados bajo su mandato:

Referéndum y fecha Abstención SI
Reforma Política 12/1976 22,20% 94,17%
Constitución        12/1978 32,89% 88,54%

Fuentes: Wikipedia y El País

De hecho, el de Ávila sabía poner urnas, y también no ponerlas. Por ejemplo, cuando las negó para decidir la forma de Estado en España porque sabía que saldría república.

Y Felipe González también sabía que las urnas podían servir para hacer referéndums. Además de haber vivido los dos de Suárez, ya tenía en mente que no le quedaba más remedio que organizar el de la OTAN. De hecho, lo convocó seis meses después de aprobar sin urnas la LOREG.

Desde las primeras elecciones, cada día que se colocan urnas se incumple la Constitución durante las noches de recuentos y atribución de escaños. Veamos ahora algo de lo que ha ocurrido en las tres últimas elecciones generales celebradas.

Elecciones del 20 de diciembre de 2015

Candidaturas de los partidos políticos que se citan Suma de votos conseguidos Suma de escaños obtenidos
PP + PSOE 12.782.280 213
Ciudadanos + Podemos + Mareas… 9.654.022 111

Fuente: Ministerio del Interior

Es decir, con solo un 32% más de votos, los dos partidos que se han repartido los gobiernos desde 1982 consiguieron en 2015 un 92% más de escaños. Pues a pesar de tanta ventaja, hubo que repetir las elecciones.

En resumen, cada escaño de los 102 más que la LOREG concedió a los de Rajoy y Sánchez les salió por 30.669 votos. En cambio, el “precio” que los de Rivera e Iglesias pagaron por cada uno de sus 111 diputados fue de 86.973 votos.

La desigualdad de la LOREG hace pensar, por ejemplo, en que usted tenga que pagar lo mismo que sus vecinos por el recibo del agua de toda la finca y, en cambio, que por mayoría decidan que usted solo podrá abrir el grifo durante 10 horas al día, pero ellos las 24. Y sin que usted haya consumido más que los demás ni se haya dejado el grifo abierto ni una sola vez en la vida.

Seguro que usted haría todo lo posible para evitar esa injusticia. Pero los políticos no y eso, cuando menos, resulta sospechoso.

¿Usted recuerda si a partir del 21 de diciembre de 2015 Albert Rivera y Pablo Iglesias declararon que si no se garantizaba la reforma de la LOREG no se contara con ellos para nada, a la vista del desprecio con que la democracia española había tratado a sus votantes?

¿Acaso pusieron, uno y otro, la reforma de la LOREG como condición para apoyar a Sánchez y Rajoy, el de Ciudadanos, y solo a Sánchez, el de Podemos?

En absoluto. Por eso, PP y PSOE volvieron a las urnas dos veces más con la ventaja de la misma ley y ocurrió lo inevitable, algo muy parecido:

Acumulados de las elecciones del 26J de 2016 más las del 28 A de 2019

Candidaturas de los partidos políticos que se citan Suma de votos conseguidos Suma de escaños obtenidos
PP + PSOE 25.271.877 411
Ciudadanos + U.P. + Mareas… 16.309.739 203

Fuente: Ministerio del Interior

En este caso, con un 55% más de los votos, PP y PSOE consiguieron entre 2016 y 2019 un 102,5% más de poder parlamentario real. Y cada uno de los 208 escaños más que la LOREG concedió a los de Rajoy o Casado más Sánchez, les costaron 43.087 votos.

Pero los de Rivera e Iglesias tuvieron que pagar 80.344 votos por cada uno de los 203 diputados que consiguieron el 26J de 2016 y el 28 A de 2019.

Unos resultados inaceptables que se repetirán el 10 de noviembre y que ayudan a consolidar el continuismo sin cambios, la corrupción y el autoritarismo, porque, entre otros males, colocan a los políticos minoritarios ante la tesitura de romper la baraja o intentar conseguir votos esquivando las desigualdades legales, en lugar de volcarse en la explicación de sus programas electorales.

Es una evidencia que el poder comienza por distanciar al político de la sociedad y, después, lo corrompe, pero, además, hay al menos otra enfermedad que provoca que algunos partidos actúen contra sus propios intereses. No cabe la menor duda de que Pablo Iglesias y Albert Rivera son los principales responsables de que el bipartidismo que podría acabar con sus proyectos pueda recuperarse.

Quizás estén aún a tiempo de reaccionar, pero, si ni siquiera lo intentan, la respuesta de sus votantes será ignorarles.

La enseñanza que sí podemos sacar los que solo votamos o, como mucho, opinamos, es que la ley electoral, la que nos hace fuertes por un día, debe someterse a referéndum.

No podemos dejar que políticos distanciados, o corruptos, o confundidos, o incapaces, es decir, la mayoría, la cocinen entre ellos.

Siempre impondrán la ley del más fuerte, y eso, a los de abajo, nos hará más débiles.

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Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y tres nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015.

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