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La Izquierda, los impuestos, y el G7

Julián Molina Illán
Psicólogo, Fisioterapeuta, Enfermero, Filólogo, e Historiador del Arte.
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análisis

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Dicen las malas lenguas que la Izquierda, cuando gobierna, sube los impuestos y arruina a la ciudadanía; lenguas aún peores dicen que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los ciudadanos (los ciudadanos que tienen dinero, claro…) Aunque las lenguas auténticamente malas son las que defienden la inexistencia práctica del Estado, que no habría que sostener al no existir, y al que habría que sustituir, al no existir y ser necesario, con pingües beneficios (aquí el beneficio sería doble porque se pagarían muchísimos menos impuestos al tiempo que se generarían importantísimas oportunidades de negocio: educación, sanidad, pensiones, seguros… etc.)

La Derecha siempre lo ha tenido muy claro: individualizar, exaltar, separar, fomentar la diferencia, y enaltecer el consumismo que nos hace adictos, “diferentes”, que nos hace sentir que lo que poseemos supone una prolongación de nosotros mismos, o tal vez, que nosotros somos una prolongación de lo que poseemos. La frase que lo resume es ésta: “eres, si consumes”. El axioma “si la gente tiene más dinero en el bolsillo podrá consumir más”, parece muy lógico, pero en realidad es una idiotez supina. Si destruyes los sistemas de protección social para pagar menos impuestos y hacer negocio, lo que estás promoviendo es un trasvase de dinero desde lo no esencial, hacia lo esencial que antes era público y ahora hay que pagarse cada cual, con lo que el Capitalismo lleva en el pecado, la penitencia. En realidad, se produce la paradoja de que cuando gobierna la Izquierda y hace políticas de fortalecimiento del sistema público de protección, en realidad le está dando al Capitalismo “un poco más de cuerda”.

La izquierda no ha entendido nunca que la vía para la recaudación no es la “esquilmación”, o la “persecución”, que es lo que se entiende cuando se habla de pagar el 45%, el 50%, el 55%… en impuestos. Además, y esto es lo grave, ocurre que son poquísimos los que pagan estas cantidades porque hay múltiples exenciones fiscales y mecanismos de ingeniería financiera para ricos, que eximen de pagar a los auténticamente pudientes. Aquellos que están más sujetos a un sueldo, en el sector privado, negocian sus contratos al alza para que les salga muy rentable después de impuestos, y así pues, sus desorbitados sueldos, terminan por pagarlos los trabajadores para compensar los balances. Es decir, siempre ganan los mismos, y pierden los de siempre. Conclusión: este sistema impositivo es injusto, gobierne la Izquierda o gobierne la Derecha.

Hace ya tiempo que vengo defendiendo otro sistema fiscal. Me toman por loco, pero eso lo matizaremos luego. Vayamos al sistema. La clave no está en elevar la tasa nominal que tiene como resultado el fraude, el déficit, y al final, la subida de los impuestos más injustos de todos, los indirectos. No, la clave está en eliminar las múltiples exenciones fiscales que propician que unos pocos (en realidad más de lo que nos creemos…) no paguen prácticamente nada, y la inmensa mayoría paguemos hasta el límite de nuestras posibilidades sufriendo, además, un recorte del gasto público porque el sistema “no llega”. Un ejemplo: un empresario pone el coche (un cochazo normalmente) a nombre de la empresa. Es un gasto. Cambia de coche cada dos o tres años con un sistema de intercambio de coche nuevo por el seminuevo que deja, y la diferencia se paga con un dinero que, de no ser empleado de esa manera, habría que pagar en impuestos. Es decir, el coche se lo estamos pagando todos los ciudadanos y ciudadanas. No solo nos roban y viven a nuestra costa, es que además nos toman por gilipollas.

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Si quitáramos todas las exenciones ¡a todo el mundo!, todos pagaríamos prácticamente los mismos porcentajes, con un mínimo de progresividad (digamos entre el 18% y el 22% como horquilla) y se recaudaría muchísimo más. Los muy ricos ya no pagarían el 3% que está pagando ahora mismo empleando mil trucos legales, sino que pagarían el 22%. Un 22% puede parecer poco, pero sería real, y no el 3%, real, que a día de pagan los Ortegas, los Pérez, los Fuertes, los Botín, etc. Es lo justo. Además, el gobierno tendría autoridad moral para decir: “te estoy exigiendo los mismo que a los demás conciudadanos: ¡paga!”. Y si no pagara, entonces, Sangonera (cárcel murciana de muy escasa comodidad…), y no Soto del Real, un hotelito al que me dan a mí ideas de ir voluntariamente a pasar una temporada.

Me toman por loco. ¿Cómo va a ser eso posible? Si eso fuera posible los economistas ya lo habrían planteado… ¿Los economistas a sueldo de quién lo iban a plantear…? El Capitalismo ha entendido que no se puede esquilmar tanto a la población si queremos que la población consuma y el propio Capitalismo sobreviva. Y entonces se les ha ocurrido una grandiosa idea: que las grandes empresas internacionales paguen un mínimo del 15% independientemente de dónde estén ubicadas (Joe Biden, más en mi línea, quería un 21%). Lo venden bajo la premisa de evitar el dumping fiscal y la competencia desleal entre “hermanos países capitalistas”. La verdad es que se les está hundiendo el chiringuito que han intentado mantener los últimos años a base de Deuda y de sacar dinero de la nada dándole a maquinita. Eso no se sostiene. El dinero tiene que provenir de la economía productiva, ser real, y estar respaldado por “algo”, y no solo por “promesas de crecimiento”. Por eso se han avenido. Pero solo por casualidad se ha dado con la solución correcta. Por supuesto se han quedado muy cortos, aunque es el principio. Lo malo es que nos harán trampa, como siempre. Jode mucho tener que pagar. Pero es peor necesitar un trasplante de hígado, y no tenerlo. Un saludo.

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1 Comentario

  1. Por un lado tenemos a miles de empresarios que crean riqueza y no pagan lo que les corresponde. Por otro, millones de parásitos políticos, sindicalistas, muñidores de ONG y chiringuitos varios que no generan riqueza y cobran lo que no les corresponde.

    El día que los primeros paguen lo que les corresponde y los segundos dejen de cobrar lo que no les corresponde, podremos tener los servicios que nos corresponde a los que trabajamos y pagamos lo que debemos.

    La paradoja es que son los segundos los que habitualmente se quejan de los primeros.

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