Quienes se incorporan a este Diálogo semanal que hacemos enCambio quizás les parezca obvio pensar en Colombia, Guyana y Brasil como puntos de ataque con fuego cerrado de infantería, ingreso de tropas y despliegue aéreo para reducir toda resistencia en Venezuela, lograr una invasión y hacer efectivo el Golpe de Estado que ordenó y dirige directamente el imperialismo yanqui con la figura del terrorista y vendedor de armas que funge de presidente en los EEUU, Donald Trump.

La apreciación es relativamente cierta y –sin ánimos alarmistas- es muy probable que esté entre los planes de exterminio contra el pueblo venezolano para abrirse paso hacia la descarada expropiación de nuestro petróleo, nuestras múltiples riquezas y toda nuestra geografía. El imperio yanqui, convencido de su debilidad histórica como hegemón mundial, desesperado y arrinconado, va a lanzar zarpazos como fiera herida y su más inmediato punto de ataque es Venezuela, con la mira puesta para arrastrar en su razia a Cuba y Nicaragua en esta primera etapa.

Pero, ¡alertas!, cuando en este Diálogo me refiero a la guerra contra Venezuela desplegada desde tres fronteras, no aludo exclusivamente a los espacios geográficos desde donde operan gobiernos oligárquicos, lacayos y pitiyanquis, plegados al imperio para atacar a Venezuela. Me refiero a las fronteras que definen al Estado, a la FANB y a la Memoria.

Atacar, invadir y desmembrar al Estado soberano e independiente de Venezuela es un propósito inmediato de los estrategas del Pentágono que han ordenado a su vocero Donald Trump aniquilar directamente a este objetivo. Resulta que el Estado venezolano no es cualquier Estado. Éste se viene conformado con inspiración Bolivariana desde hace 200 años y bajo los principios basados en el Discurso fundacional de la República, pronunciado por el Libertador Simón Bolívar durante la celebración del Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819.

Preocupa al Estado gringo el que Venezuela haya fundado el suyo en ruptura con el neocoloniaje yanqui y en definitiva independencia de cualquier pretensión de dominio foráneo: “Lo mismo es para Venezuela combatir contra España (hoy podemos aludir así igualmente al imperio estadounidense) que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”, tal como dijo el Libertador Simón Bolívar al enviado y agresor de EEUU, John Baptiste Irving, a propósito de un acto de defensa de nuestra soberanía, el año 1818.

Y es que el Estado que Trump pretende hoy mancillar es este Estado de nuevo tipo que hemos comenzado a construir en Venezuela bajo la guía del Comandante Hugo Chávez y la inspiración del Libertador Simón Bolívar, definido en estos tiempos por el militante revolucionario Kleber Ramírez quien, luego de la ruptura histórica de 1989 (con el Caracazo anti-neoliberal) y la rebelión cívico-militar de 1992 (4-f), caracteriza a éste con “base social de apoyo” y no ya de la de los partidos políticos del puntofijismo sino un Estado Comuna, “asumido directamente por las comunidades”.

Es decir, defender la “frontera” entre dos Estados radicalmente opuestos: el Estado agresor estadounidense y el Estado Revolucionario que hoy se gesta en Venezuela para contribuir con la liberación de la humanidad.

La segunda frontera que el imperialismo pretende vulnerar al pueblo soberano de Venezuela es la representada por la monolítica Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el “territorio” de unidad militar que supo construir el liderazgo del Comandante Hugo Chávez basado en un sistema de “lealtades concretas a las comunidades (al Poder Popular organizado) de donde provienen y a quienes deben servir”, tal como lo explica el mismo Kléber Ramírez Rojas en su libro Historia documental del 4 de febrero.

Las fuerzas imperialistas en sus planes devastadores contra nuestra Patria, asedian esa impenetrable frontera, que no dejarán de intentar infiltrar y demoler, con la única intención de arrasar con Venezuela, con nuestra soberanía y con nuestras riquezas.

La tercera frontera que estamos obligados a proteger en Defensa Integral de la Patria, es la relativa a nuestra Memoria, a los valores culturales, creencias y patrimonios que conforman nuestra identidad. En este ámbito de soberanía es donde ataca con sofisticado armamento tecnotrónico y mediático el imperio yanqui que, “desde 1991, en su estatus de potencia mundial, no ha ganado ni una sola guerra”, tal como lo diagnostica Zbigniew Brzezinski, ex-consejero de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Jimmy Carter y autor del libro El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, publicado en 1997.

En fin. Desde el punto de vista de las guerras consideradas convencionales, tenemos el deber de defender militarmente tres fronteras por las que el enemigo imperial tiene desplegadas sus fuerzas, bases militares, ejércitos de ocupación, narco-mercenarios armados especialistas en acciones terroristas y guerra insurreccional. Son, efectivamente, las fronteras (fundamentalmente) con Colombia, con Guyana y con Brasil.

Pero, en esta guerra desplegada hoy contra Venezuela un objetivo central es el de nuestra conciencia de pueblo patriota y bolivariano. Proteger nuestras fronteras como Estado, como Fuerza, militar soberna, Armada Nacional Bolivariana y como Memoria, como cultura única y diversa es prioridad que no podemos permitir que se distraiga en nuestra estrategia integral de Defensa.

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