Efectivamente, su vuelta fue noticia. Los verdaderos motivos de la vuelta no han trascendido.

“Teddy volvía por la puerta de atrás, después de perder unas elecciones y gracias a la dimisión de un representante de Pequeño Derecho [los músicos], pero regresó al palacio de Longoria como si siguiera vigente el tiempo glorioso en el que su reinado en la SGAE recordaba al de Lorenzo de Médicis (“alias el Magnífico”) en la República de Florencia”, comenta un representante de la entidad, que prefiere permanecer en el anonimato.

De aquel reinado implacable, con aires de divismo espiritual, pero también de hábil equilibrio entre los complejos y millonarios intereses de las diversas familias que componían la Sociedad, no queda más que las cenizas.

SAGA y ARTERIA

La investigación abierta en la Audiencia Nacional en torno a los caso SAGA y ARTERIA, apuntan a él como epicentro de la trama. Teddy está pendiente de juicio oral, junto a otras diez personas, imputado por los delitos de asociación ilícita, organización criminal, falsedad documental y apropiación indebida. Su objetivo, según fuentes consultadas, pasa por recuperar el poder para lograr que la SGAE retirara la demanda civil que tiene sobre él en el caso SAGA y poder levantar el embargo que pesa sobre su voluminosa pensión.

El caso SAGA surge en plena batalla de la SGAE contra las descargas gratuitas en Internet. Para impulsar la gestión electrónica de derechos de autor, la entidad creó una sociedad, SDAE, que supuestamente desvió fondos a empresas de sus propios directivos, con su ex presidente, Rodríguez Neri a la cabeza. Cuando se produjo la espectacular detención de Teddy por parte de la Guardia Civil en 2011 por esta causa, no fueron pocos los artistas de reconocido prestigio, como Víctor Manuel, Serrat o Alejandro Sanz, quienes salieron en defensa de Teddy. Hoy, esos artistas han pedido la baja en la SGAE.

El caso ARTERIA tiene que ver con la adquisición y creación, entre 1999 y 2011, de una impresionante red de teatros dentro y fuera de España, con la intención inicial de promover las obras de los autores. Dichas operaciones atentaron, según la fiscalía, contra los intereses de la propia SGAE y de la Fundación Autor, posteriormente rebautizada como Fundación SGAE.

Es mucho, por tanto, de lo que Teddy debe defenderse y todo pasa por recuperar posiciones en una SGAE que, bajo la actual presidencia, se mantiene como parte perjudicada en estas causas, pidiendo resarcimiento por daños y perjuicios. Conocido su objetivo, la pregunta es cómo podría Teddy lograrlos.

Los movimientos de Teddy, dentro y fuera “Teddy está intentando acercarse a la Rueda o reactivar su antigua influencia en las editoriales de las multinacionales, ahora asesoradas por su antiguo enemigo, el abogado y ex responsable legal de SGAE Pablo Hernández, o con el Colegio Audiovisual. Sus movimientos por derrocar unas veces a la vicepresidencia, otras a la presidenta, otras a la Junta Directiva en pleno, quedan en escritos grandilocuentes que nadie ha firmado ni apoyado y que además se han filtrado y circulado a modo de chiste”, comenta este miembro. “Teddy está aislado políticamente en la SGAE, como lo demuestra que su antiguo colegio (Pequeño Derecho, los músicos), haya votado en sentido opuesto a él. Pero aún tiene apoyos muy importantes fuera de la SGAE”, comenta otra persona de la Junta Directiva. ¿A qué apoyos se refiere? Las fuentes apuntan “muy arriba”, al Ministerio de Cultura, al PSOE, a ese “más allá” político con el que Teddy siempre supo relacionarse.

El ocaso del “Magnífico”

Y es que Teddy lo fue todo en la SGAE… y más allá. El ex cantante de Los Canarios había ostentado cargos en la Junta Directiva de SGAE desde 1977. Fue en las elecciones de 1995 cuando se impone a la candidatura de Juan Antonio Bardem, que ya denunció irregularidades ante el Ministerio de Cultura. Gran Derecho (autores teatrales, tradicionalmente con el poder en la SGAE) perdía la batalla frente a Pequeño Derecho (la música). Y Teddy comenzaba un largo reinado creando una estructura y un puesto a su medida, el de presidente del Consejo de Dirección, con todos los poderes ejecutivos, pero una exposición controlada: desde él impulsaba candidaturas y copaba todos los puestos relevantes de la Junta Directiva.

Astuto y refinado, hábil y letal como el aristócrata florentino, supo barajar a su favor los General de Autores de España, cuya E de Españoles él sustituyó por la de Editores, sin cambiar las siglas, y facilitado por un cambio estatutario urdido por Javier Moscoso, ex ministro de Felipe González, y en ese momento secretario general de Consejo de Administración de la entidad.

Cada año, la sociedad incrementaba su tamaño, su influencia y, sobre todo, su recaudación en concepto de derechos de autor, cuyas fórmulas de reparto modificó para favorecer a las multinacionales y afines. Los muros del icónico palacio de Longoria se convirtieron en una versión moderna de la villa Careggi, que los Médici alzaran en Florencia, actuando como refugio de cantantes de pedigrí, ex ministros y altos cargos del Gobierno, y hasta familiares. La beautiful people progresista encontró en la corte de Teddy un resguardo en la cual cultura y poder iban de la mano.

Hoy, aquel tiempo de “sagas” y “arterias” de largas ramificaciones ya no existe, aunque persista su sombra en los muros del poder. Los tiempos están cambiando, como cantaba Bob Dylan. Ya no son los de aquella lejana y aristocrática corte de los milagros, más bien los de la bíblica Salomé pidiendo la cabeza de Bautista. Solo que, en este caso, Salomé puede ser la Audiencia Nacional.

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