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La democracia y la libertad de expresión

Resulta ya una parodia acogerse a la democracia tan mentada, porque la primera línea de fuego de la democracia es la libertad de expresión

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análisis

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Los últimos 12 años marcan la involución de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y la pérdida de derechos sociales y democráticos. No es de extrañar cuando la crisis económica iniciada en 2008 se ha prolongado 13 años, aumentada ahora por la pandemia, y la izquierda se ha hundido, ahogada en el mar de delirios posmodernos con que se engaña.

La libertad de expresión es la primera dañada. Siempre estuvo en el punto de mira de la derecha, pero hoy también se persigue por ciertos colectivos que se atribuyen su adscripción a las fuerzas progresistas.

Primero se procesó y condenó a El Jueves, una revista satírica, por una portada que suponía una burla de los entonces príncipes, Felipe y Leticia, después se procesó  a una tal Casandra por unos chistes sobre Carrero Blanco –tendremos que hablar del Poder Judicial algún día- y el juicio hubo de alcanzar el Tribunal Supremo para restablecer el equilibro democrático que se tambaleaba.

Pero los casos se han repetido, han sido procesados Willy Toledo  por sus blasfemias contra la Iglesia y la religión católica, el rapero Pablo Hasél por sus canciones, y yo misma por mis críticas a la ley Trans. He recibido multitud de críticas y de ataques, e incluso he perdido la relación con militantes de izquierda y del feminismo por atreverme a dialogar con organizaciones de derecha sobre el fenómeno del transgenerismo. Al parecer, las feministas y los intelectuales y los comentaristas debemos pedirle autorización a las “patums” de diversas organizaciones, algunas minúsculas, para opinar y actuar.

Ahora se pretende aprobar una ley de protección de las personas transgénero que incluye sanciones administrativas que implican elevadas multas pecuniarias contra todo aquel que se atreva a expresar críticas a sus disposiciones. Este es un proyectil muy peligroso en la línea de flotación de la libertad de expresión.

En EEUU, hace un año, 150 intelectuales publicaron un manifiesto contra la actitud de una cierta izquierda que se permite censurar y perseguir a escritores y periodistas que no aceptan los criterios que esta ha instituido como oficiales. Los primeros firmantes eran Noam Chomsky y Melani Klein.

La pandemia del pensamiento único nos ha infectado. Porque, naturalmente, la derecha se ha ensoberbecido ante la deriva fanática y autoritaria de la “izquierda”. Si antes, si siempre, la derecha era la principal enemiga de la libertad de expresión, pero estaba mal mirada por los demócratas, ahora se siente apoyada y comprendida ante la ofensiva que están llevando a cabo Izquierda Unida –que ha expulsado de la coalición al Partido Feminista de España- el Partido Comunista, Podemos, Más Madrid y toda su corte de seguidores, contra sus críticos y opositores.

Así, un representante de VOX se ha mostrado iracundo y amenazador contra El Jueves por unas viñetas satíricas que ridiculizaban su partido. Ha sido capaz de publicar el nombre del director de la publicación en las redes sociales con el llamamiento a sus seguidores de que acudan a la redacción a increparlo.

Unos días antes de que unos criminales entraran armados en la redacción de Charlie Hebdó en París y asesinaran a doce periodistas, alguien también publicó una amenaza semejante contra los autores de la publicación, por sus burlas a Mahoma. Estremecidos por la masacre creíamos que en España nadie se atrevería a tanto, y todavía sigo abrigando la esperanza de que así sea, pero la alarma me ha sonado ante las advertencias de VOX.

Las redes sociales son el vehículo para toda clase de insultos, calumnias, noticias falsas y, como se ve, amenazas. Y están difundiendo incluso amenazas, como las que está sufriendo actualmente nuestra camarada del Partido Feminista de España, Carola López Moya, psicóloga, por su actuación profesional en el tratamiento de la disforia de género.

Los juzgados se llenan de querellas de unos contra otros y de otras contra unas. Sobre todo de políticos y ahora será también de feministas. Que por la lentitud de la justicia resultan totalmente inoperantes para impedir que esas amenazas y acosos se conviertan en realidad.

Resulta ya una parodia acogerse a la democracia tan mentada, porque la primera línea de fuego de la democracia es la libertad de expresión. Cuando VOX presume en sus declaraciones y principios programáticos de defender la democracia y luego amenaza a los periodistas de El Jueves, demuestra que no tiene ni idea de lo que es la libertad de expresión. No es sorprendente cuando se conocen sus antecedentes y filias, pero hoy aquellos que admiraron el fascismo lo rechazan de palabra pero lo guardan en sus corazones. Y sabemos lo aficionada que es la derecha a perseguir, acosar, encarcelar y hasta matar, a todo el que le lleve la contraria.

VOX  no ha aprendido que la crítica va en la mochila de todo político y que si no quieren soportarla deben dedicarse a otro oficio. La sátira, la burla, el chiste, son parte de esa digna y necesaria profesión que es el periodismo, como también el teatro, el cine, la literatura tienen derecho incondicional a manifestar sus opiniones, aunque no les gusten a alguien. Y sobre todo las que no les gusten. Porque la libertad de expresión no se garantiza para los que alaban y adulan sino para los que critican y protestan. No sé  si VOX pretende que le pidan permiso antes de dibujar una viñeta, publicar un chiste o expresar una crítica, si es así se equivocan. Eso se llama censura previa y ya la conocimos en nuestro país desde el año 1939 al 1977. Seguramente a sus dirigentes y muchos de sus afiliados y votantes les gustaría retroceder a esa época. Pero espero que el siglo XXI no viva una tragedia semejante.

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1 COMENTARIO

  1. Esto me suena mucho a esas personas que dicen «yo soy muy sincer@ y siempre digo lo que pienso».
    Yo a eso siempre contesto: Una cosa es la sinceridad y otra muy distinta la grosería.
    Hay formas y maneras de decir las cosas, y algunas implican que te expulsen de los sitios por grosero y maleduca@.
    La libertad de expresión también tiene unos límites, entre los que está la ofensa a las personas que te escuchan, o leen.

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