Entre los años 2007 y 2017, es decir los más duros de la crisis, unos 87.000 licenciados y científicos españoles de alta cualificación hicieron las maletas y emigraron a otros países de la UE en busca de trabajo. Fue lo que se conoció como “fuga de cerebros”, una etiqueta más o menos sensacionalista pero que definió a la perfección la sangría de talento que escapaba de nuestro país con destino a países como Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania o Reino Unido. En esa diáspora terrible había de todo: físicos, biólogos, ingenieros, informáticos, médicos… Las perlas de la ciencia española, un sinfín de brillantes profesionales que se vieron en la obligación de tener que dejar a sus familias y emprender una aventura incierta en el extranjero para tratar de labrarse un futuro que su país no les ofrecía.

La Comunidad Valenciana fue una de las más castigadas por este nefasto fenómeno. Sus mejores universitarios terminaban trabajando en Mercadona o sirviendo pizzas en algún restaurante de la costa tras años de esfuerzo y formación académica. O lo que es aún peor: en la cola del paro, frustrados, olvidados, abandonados por su Gobierno. Se calcula que 1.300 investigadores abandonaron la Comunitat entre 2011 y 2015. Todo ello, por supuesto, tuvo un coste de oportunidad para la economía: se calcularon unas pérdidas de 8.275 millones de euros en diez años. Una auténtica tragedia para una generación y para una tierra que siempre había dado buenos científicos y jóvenes emprendedores.

Derrocado el poder onmínodo del PP valenciano que puso en práctica una política de recortes brutales en el sector científico y técnico, el nuevo Gobierno del Botànic se propuso revertir la situación y tratar de recuperar para la economía productiva a sus mentes más privilegiadas. Así, en abril de 2017 la Generalitat decidió destinar 61 millones de euros a un plan de retorno para atraer a los jóvenes talentos autoexiliados por necesidades económicas. Algunos acusaron al Consell de Ximo Puig de propagandista y de hacer “mucho ruido pero pocas nueces”. Hoy, dos años después, se ha demostrado que esta forma de hacer política basada en el bien común de la sociedad, en el reconocimiento a la cultura y la educación como valores añadidos y no en el pelotazo urbanístico y en la corrupción −gran cáncer de la Comunidad Valenciana durante los años de la burbuja inmobiliaria−, termina por dar sus frutos más pronto que tarde.

El plan se llamó GenT (Generació Talent) y hoy parece que está logrando su principal objetivo: atraer a los jóvenes científicos que tuvieron que dejar su casa y su tierra. Así, en diciembre del pasado año la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte publicaba una resolución provisional sobre los candidatos que se han beneficiado ya de este plan. Los datos son elocuentes. A finales de 2018 ha había logrado el retorno de 25 investigadores y retener a otros 15 que estudiaban marcharse a otro país. Al menos 17 de los “repatriados” correspondían a la “Modalidad 1” de las ayudas, es decir, al “personal investigador y doctor de excelencia” para el desarrollo de proyectos de I+D+i en territorio valenciano; los otros 8 pertenecían a la “Modalidad 2”: contratos para doctores y doctoras con experiencia internacional. Así fue como retornaron a casa los primeros cerebros valencianos.

Todos ellos eran investigadores e investigadoras de reconocimiento internacional y nacidos en poblaciones como Corbera, Sax, Benifaió, Castellón de la Plana, Valencia, Novelda o Elche. Así, la máxima puntuación en la “Modalidad 1” fue para la investigadora Belén Franch, de Corbera, profesora de la Universidad de Maryland, colaboradora de la NASA, y a la que recientemente se reconoció con la Medal of Honor for Early Career Achievement. Franch ha optado para desarrollar su trabajo en Ciencias Técnicas y Medioambientales en la Universidad de Valencia.

Otro ejemplo de esta modalidad es Fernando Tomás, natural de Sax, que actualmente ejerce en el laboratorio de Zonas Áridas y Cambio Global de la URJC y que ha elegido el centro de Biociencias y Biotecnología de la Universidad de Alicante.

Por lo que respecta a la “Modalidad 2”, la máxima puntuación la ha obtenido Maria Moreno, valenciana, profesora en la Universidad de Goettingen y que se incorpora al área de Ciencias Físicas del Instituto de Física Corpuscular (IFIC), un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Universitat de Valencia dedicado a la investigación en Física Nuclear, de Partículas y de Astropartículas y a sus aplicaciones tanto en Física Médica como en otros campos de la Ciencia y la Tecnología.

Es también el caso de Manuel Francisco Dolz, que nació en Castellón de la Plana y que actualmente trabaja en el Departamento de Ciencias de la Computación de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III y que se incorpora al área de Tecnologías de la Información y de la Comunicación de la UJI.

La Modalidad 1 de contratos para personal investigador premia a doctores y doctoras con experiencia contrastada en centros de prestigio internacional. La ayuda está fijada en 4 años, prorrogables a otros 2, y lleva asignado un contrato por un máximo de 70.000 euros anuales. Además, cada persona beneficiaria dispondrá de una ayuda por parte de Educación de hasta 50.000 euros anuales para la contratación de personal técnico asociado al proyecto, así como para varios gastos que se generan del desarrollo de la investigación.

La Modalidad 2 de contratos va dirigida a doctores y doctoras con experiencia internacional que estén trabajando en centros extranjeros de prestigio internacional. Con la atracción de su talento impulsarán su carrera investigadora en universidades y centros de investigación valencianos. La ayuda está fijada en 4 años, prorrogables a otros 2, y el contrato será de un máximo de 55.000 euros anuales. Adicionalmente, el investigador o investigadora dispondrá de una ayuda adscrita para financiar varios conceptos de gastos del grupo de investigación de referencia en que se integre, la cual tendrá un límite máximo anual de 25.000 euros y la financiará Educación. En las modalidades 3 y 4 se han beneficiado todos los candidatos y candidatas presentados.

Hoy el Consell maneja datos aún más optimistas. La llamada de la  Generalitat a sus “cerebros fugados” para que retornen a casa ha obtenido respuesta por parte de numerosos profesionales. Un total de 83 investigadores, un 46% más de las plazas ofertadas, han solicitado a la Conselleria de Educación establecerse en las universidades públicas y en los centros de investigación valencianos. El 40 % de estos científicos, un total de 37, son doctores de excelencia.

El programa demuestra que cuando se hace política para los ciudadanos −y no para unos  aprovechados de oscuras tramas corruptas como la Gürtel−, el Estado de Bienestar es el mejor invento, quizá el único posible, para que las sociedades y las personas avancen hacia un futuro cada vez mejor.

1 Comentario

  1. Quisiera que les preguntaran a ellos, leer las respuestas sobre su vuelta. Se consideran bien recibidos, bien pagados, bien apoyados en sus investigaciones? Espero que si, que vuelvan felices y trabajen para el País Valenciano, el que les parió. Es una excelente noticia, espero que pronto se repita. Del «botànic» espero mucho más.

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