convencer

Ganar la batalla al discurso parece ser el trazo de los nuevos tiempos. Y para ello, da lo mismo forjar ideas o argumentos de consumo rápido.

No hay bases sustentadas; lo que hay cada vez más son medias verdades, conceptos o doctrinas subliminales para defender el propio discurso o atacar el discurso contrario. 

La batalla por ganar o al menos salir indemne, no solo se libra en el propio instante, se produce desde las diferentes trincheras que sostiene el actual presente tecnológico. Las redes sociales y los canales televisivos, despliegan medias verdades, ocultan informaciones, o estas son relatadas desde la perspectiva interesada, desvirtuando o manipulando la verdad. 

En una época de datos, de analíticas, de tantos por ciento, de curvas de sostenibilidad, de índices de audiencias, de ratios de crecimiento, de intención de votos, abordar en cualquier manera la batalla del discurso inmediato con la única intención de ganarlo es una necesidad para formaciones políticas, empresas publicitarias, asociaciones, productos televisivos, grupos religiosos, que no pueden dejar a un lado. Al contrario, deben centrar una gran parte de su estrategia y su tiempo en ello. Incluso, si para ello, hay que contradecirse de vez en cuando, o como decía Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. 

La intención, sin ninguna duda, es adquirir fieles, leales consumidores del producto o de la idea.

El efecto indirecto de los argumentos fáciles y de rápido consumo para ganar la batalla del discurso, presenta efectos indirectos y devastadores en la ciudadanía, sobre todo cuando se trata de formaciones políticas. La desinformación, la confusión, el barullo, el miedo, la rabia, el insulto, las amenazas, las piedras, los golpes, interesan porque debilitan al individuo y debilitan a toda sociedad. Los buitres siempre sacan tajada de toda carnicería.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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